SOBRE LA CRISIS EN EL PARTIDO OBRERO

SOBRE LA CRISIS EN EL PARTIDO OBRERO

Las rupturas despolitizadas de los partidos que se reclaman obreros son una tragedia política para el conjunto de la clase. La dirección de PO acusa a la fracción de no disciplinarse a las resoluciones de su último Congreso y de hacer una campaña crítica contra las posiciones oficiales. La Fracción de J. Altamira a su vez dice que los quieren excluir del Partido por sus posiciones políticas.

La lucha política, las divisiones, las fracciones, tendencias, uniones, frentes, son parte de la vida política de la clase obrera. De hecho debe haber innumerables tendencias, alrededor de distintos problemas en un mismo partido, bajo un mismo programa, porque el proceso de comprensión de los problemas, de formación de las ideas o cómo caracterizar los distintos momentos de la lucha de clases, dependen de muchos factores. La clase obrera no es una clase uniforme, ni homogénea, y todas esas tendencias pueden ser expresiones de la clase obrera, no necesariamente de otras clases.

Las rupturas no deben ser arbitrarias, caprichosas. Es necesario un balance y encontrar las raíces del problema, de las divergencias, para que haya una comprensión y superación consciente, es necesario establecer dónde aparecen las cuestiones de principio, de programa. Si no aparecen visibles quedará demostrado que hay otro tipo de problemas que es necesario develar. No deben quedar en el terreno de la confusión.

La ruptura del morenismo a fines de los 80 fue traumática. Aparecieron rápidamente numerosos grupos disputándose la herencia, el aparato físico, sin un balance profundo de la experiencia. Muchos de ellos no tenían diferencias importantes, de principios, entre sí.

No se pueden crear partidos porque sí en el terreno de la clase obrera. Debe haber una clara justificación programática. De lo contrario se contribuye a la confusión y división artificial de la clase. Peor aún si más de 20 organizaciones distintas en el país se reclaman del trotskismo y la IV Internacional. Superficialmente puede parecer que algunos sectores reivindicaban la herencia política de Moreno, pero otros tomaban distancia para diferenciarse, aunque en los hechos reproducían sus principales concepciones. Cuántos de los miles de jóvenes y trabajadores que se acercaron al MAS en los 80 abandonaron su incipiente militancia por la frustración de la ruptura de su organización y la lucha encarnizada entre varios sectores por quedarse con la mayor parte.

El Partido Obrero no hizo un balance de la disolución de Política Obrera y su política de “partido obrero independiente”, no hizo un balance de la disolución de la TCI y la ruptura con el POR boliviano después de más de una década de trabajo conjunto, tampoco hizo un balance público de su ruptura con Causa Operaria de Brasil. Nos estamos refiriendo a un balance programático, de principios, que justifique los virajes políticos profundos de una organización, poco importan las anécdotas y subjetividades de los personajes que actuaron.

No ha hecho un balance de los cambios en sus formulaciones estratégicas, ¿dónde han sido debatidas, donde quedó el registro de los debates, de las votaciones, de las posiciones sobre cuestiones tan vitales para la vida de un partido?

El proceso de ruptura en el PO debe ser tan politizado como sea posible, para que la vanguardia de conjunto salga fortalecida de la lucha política, para que no se pierda un solo militante. La vanguardia política que se reivindica de la clase obrera es lo mejor de la clase, con todos sus defectos, debemos politizarla en la perspectiva de la revolución haciéndola consciente de todos los procesos.

Es un esfuerzo importante tratar de entender qué se discute, en qué consisten las divergencias, y cómo se puede capitalizar para la vanguardia. El PO es uno de los agrupamientos más numerosos del país, con extensión nacional y presencia en varios gremios, y tiene una existencia de varias décadas. Lo que sucede en esta crisis no nos es indiferente.

De no procesarse políticamente esta ruptura crecerá el prejuicio de un sector de la vanguardia contra los partidos, entendiéndolos como aparatos con vida propia al margen de la lucha por el programa, por la ideología, por la estrategia proletaria. Tenemos el deber de contribuir a esclarecer las causas que a nuestro entender explican de raíz las crisis y las rupturas. No nos guía el interés de ganar un militante más para nuestras filas, lo cual es legítimo. Queremos ganar a todos los revolucionarios para la enorme tarea histórica de poner en pie el partido revolucionario en nuestro país como sección de la IV Internacional.

No queremos que se desangre la vanguardia en un momento de condiciones extraordinarias de crisis capitalista, de pudrición del régimen político y sus instituciones, de bancarrota de sus partidos políticos.

En las intervenciones públicas de los dirigentes de PO y de la Fracción que dirige Altamira no aparecen diferencias políticas de tipo principista, estratégicas. Los documentos conocidos no cuestionan ni las formulaciones de poder, ni la caracterización del país, ni las alianzas de clase.

Las diferencias sobre la táctica electoral, cómo intervenir en el Congreso, sobre la caracterización de la situación actual de la lucha de clases, son todas cuestiones tácticas (que no por eso dejan de ser importantes).

Si las diferencias no son estratégicas, porqué un enfrentamiento tan fuerte entre ambos sectores que llega al límite de la ruptura, de las expulsiones, la intervención de distritos y locales, incluso usando la fuerza, la divulgación de correos personales, la difusión pública de los enfrentamientos, etc. Todo parece indicar que ya no es posible recomponer la unidad de ambos sectores.

Los fundadores del POR Argentino pasaron por esa experiencia hace 30 años cuando fueron separados, expulsados, intervenidos y difamados, expresando la resistencia a la disolución política y organizativa del Partido Política Obrera.

Estamos trabajando sobre las cuestiones que entendemos responden a la raíz de la crisis y que iremos publicando. Esta crisis es una expresión del abandono de los enunciados programáticos a comienzos de los ’80. Pero no se trata sólo de PO, la crisis atraviesa a toda la izquierda revisionista, no sólo en Argentina sino en todo el mundo.

La descomposición del capitalismo y el agravamiento de la lucha de clase a nivel internacional está produciendo una polarización política que hace explotar a todas las corrientes que no se ubican decididamente en el terreno estratégico de la clase obrera, de dictadura y revolución proletaria.

PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO

06 de julio de 2019

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