El gobierno Macri y el FMI no pudieron evitar el default de la deuda y el “cepo” cambiario

El gobierno Macri y el FMI no pudieron evitar el default de la deuda y el “cepo” cambiario

 

03-09-2019

 

¿Qué significa default? Que un país no cumple con las obligaciones de deuda a la fecha de su vencimiento, sea a través de un pago atrasado o incompleto.

El 28 de agosto comenzó formalmente el default de la enorme deuda contraída por el Gobierno. La intervención directa del FMI el año pasado estuvo dirigida a evitarlo. A principios de 2018 el capital financiero ya caracterizaba que el nivel de deuda que se había contraído era riesgoso y que no prestarían un dólar más. El nivel de deuda ya llegó al equivalente al 100% del PBI.

Esta reestructuración de la deuda es una orden del FMI, que entiende que la deuda dejó de “ser sustentable”. Y en estas condiciones no enviaría los próximos u$s5.400 millones tan esperados.

El FMI considera que Argentina no está en condiciones de tomar nuevos préstamos de entidades privadas y por lo tanto no tiene otra alternativa que reestructurar los vencimientos de la deuda, porque no cuenta con los dólares suficientes para hacer frente a los próximos pagos.

El diario Financial Times dice que se trata del “noveno default soberano” de Argentina. Los centros del capital financiero internacional han caracterizado las medidas como default, aunque aquí lo llamen “reperfilar” o reestructurar la deuda.

El ministro Lacunza dijo que estás medidas debieron ser tomadas en un contexto de “incertidumbre de los mercados financieros”. Esto no es cierto.

Ninguna incertidumbre. Existe la certeza desde hace mucho tiempo de que no hay forma de que se pueda pagar la deuda contraída. Certeza de que se siguen fugando cientos de millones de dólares por día. Certeza de que los especuladores no quisieron renovar sus inversiones y prefieren comprar dólares y retirarse.

En el diario La Nación se lee que “no hay reservas para atender a todos los demandantes de dólares,… Hasta los economistas más cercanos al oficialismo y la mayoría de los especialistas independientes opina hoy que ya con las reservas disponibles no hay dólares para todos, mucho menos si, como parece, se demora el famoso desembolso de 5400 millones del FMI”. Y dice que la “La dinámica de la crisis es exponencial”.

El anuncio del Ministro buscó evitar un default descontrolado. Pretende una cesación de pagos ordenada. Pero, la respuesta de los “mercados” a las medidas fue de mayor desconfianza y rechazo: el riesgo país superó los 2.500 puntos (esto quiere decir que nadie quiere comprar un bono de deuda de Argentina o si lo compra lo hace a precio de remate), cayó la cotización de bonos y acciones, siguió devaluándose el peso. El Financial Times lo sintetiza así: “El peso se desplomó y los rendimientos de los bonos se dispararon, en respuesta a la reestructuración de la deuda propuesta”.

Solo un estúpido puede pretender hacer creer que esto ocurrió por el resultado electoral de las Paso. Este es el resultado inevitable de una política de endeudamiento contra el país, ejecutada por los principales bancos del exterior, en complicidad con los locales, con las calificadoras de riesgo y con el Gobierno.

Es un mecanismo ya conocido de saqueo y cometimiento nacional, desde hace doscientos años. Aunque haya sido ejecutado por un gobierno elegido por los votos, es un acto de saqueo contra el país. Ya sabemos que el Congreso y la Justicia no tomarán ninguna medida para castigar a los responsables, como no lo han hecho en el pasado, pese a tener todas las pruebas de cómo se ejecutó la rapiña.

El Gobierno que es responsable de generar esta inestabilidad financiera, que fue alertado desde el principio sobre sus consecuencias, hace un llamado diciendo “necesitamos todas fuerzas políticas para asegurar la estabilidad”.

El Gobierno anunció la extensión por 180 días de los plazos de pago, transfiriéndole el problema al próximo gobierno. Con esta medida el gobierno refinancia cerca del 85% del monto a vencer en deuda de corto plazo y deja más fondos disponibles para facilitar la fuga de divisas. Estiman que así quedarán liberados unos 8.000 millones de dólares. Dólares que ya no estarán cuando haya que pagar los bonos dentro de 6 meses.

Macri dice que la medida se tomó para “defender la estabilidad” y que su “único objetivo” es “llevar tranquilidad”. La verdadera intención es contar con más dólares para hacer frente a una nueva corrida cambiaria y también tratar de asegurar que no haya una quita sobre la deuda de capital e intereses.

Este es el sentido de enviar un proyecto de ley al Congreso. Acorralar a la oposición para que dé su validación a toda la deuda, que convalide su monto total, y tratar de evitar futuros juicios. Que no se cuestione cuál fue el destino de todos esos préstamos, ni las tasas que se acordaron. El Congreso ya mostró su total inutilidad para cuestionar el endeudamiento y el acuerdo con el FMI, llegando a votar el presupuesto del Fondo con sus ajustes. El Congreso también es responsable de esta política de saqueo que llevó adelante el Gobierno.

El diario La Nación afirma que “la crisis de confianza de los inversores y agentes económicos sobre la situación política y financiera sigue agravándose. Y la devaluación del peso y el desplome en los precios de bonos y acciones no frena; pronto, también inmuebles, campos, empresas y demás bienes y ahorros invertidos en el país”.

“… el país se acerca semana a semana a escenarios peligrosos totalmente innecesarios, como una corrida bancaria ya sistémica contra los depósitos en dólares y también en pesos que vacíe las reservas y termine de fulminar lo poco que queda en pie de la economía y el futuro”. (LN)

Kohan, también en La Nación plantea: “Evitar el peor final es ahora la gran responsabilidad del gobierno del presidente Macri. Está obligado a estabilizar la crisis, al menos a intentarlo, porque también su futuro, en el oficialismo o en la oposición, mucho depende de cómo resulte el final de su Gobierno. Evitar el peor final sólo es posible si en el Banco Central existen reservas. Es una condición necesaria, no suficiente”.

“En la cátedra económica y en los mercados se calcula que será la administración Macri la que deba establecer finalmente algún grado de control de cambios o un mercado desdoblado transitorio para tratar de estabilizar la situación antes de quedarse sin reservas y correr riesgos políticos mayores en el final del mandato”.

Efectivamente, el 1° de septiembre Macri tuvo que entregar su última bandera, volviendo al “cepo” que levantó con bombos y platillos al principio de su mandato. Se resistió a aplicar esta medida, como unos días antes a tener que defaultear la deuda contraída bajo su Gobierno (por primera vez en la historia un gobierno no puede pagar la deuda tomada en su mandato). El “cepo” significa restablecer controles sobre la cantidad de compra de dólares, sobre la transferencia al exterior, sobre la obligación de los exportadores de liquidar las divisas, etc. Medidas que le fueron impuestas por la realidad, contra su voluntad. Medidas que llegan muy tarde y no pueden revertir la extrema crisis que han generado.

Morales Solá, en La Nación afirma “Que después de casi cuatro años de gobierno, el sistema haya llegado a tal punto de fragilidad, la culpa es más del Gobierno que de la oposición”.

Son importantes estas referencias porque se trata del diario que impulsó y respaldó siempre a Macri y le marcó la orientación político-ideológica.

Ya conocemos las consecuencias para los trabajadores: cada devaluación del peso –mientras existan la oligarquía terrateniente, y las grandes cadenas de supermercados– equivale a nuevos aumentos de precios, pérdida de poder adquisitivo, caída de la demanda, de la producción y del empleo.

A esta situación nos lleva la burguesía en su bancarrota. La única política de defensa de la nación contra el imperialismo es desconocer toda la deuda, desconocer todos los acuerdos con el FMI. Nacionalizar la banca en un sistema único estatal y nacionalizar el comercio exterior, estableciendo un férreo control de lo que se exporta, fijando precios locales diferenciados de su precio en dólares. Para evitar que se fugue un solo dólar más. Para utilizar las divisas exclusivamente en lo necesario para el desarrollo industrial del país y aquellos productos medicinales que aún no se producen. No se trata de medidas aisladas. Son parte de una política integral de la clase obrera para sacar al país del atraso y el sometimiento

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