La desocupación extraordinaria es la peor pandemia

Se debe terminar inmediatamente con este flagelo creando puestos de trabajo genuino

Según informa el Indec alrededor de 8 millones de trabajadores tienen descuento jubilatorio a marzo 2021, son trabajadores formales, sobre 28 millones de personas en edad para trabajar (la población supera los 45 millones de habitantes).

De los 8 millones de trabajadores formales, 1,4 millones percibían menos de $30.000 por mes por lo tanto no pueden considerarse empleos plenos.

Hay 2,8 millones de trabajadores informales, no registrados, de los cuales 2,2 millones percibían menos de $30.000.

¿Cuál era la situación en el año 2000, con record de desocupación y rebelión de los trabajadores desocupados? El país tenía 37 millones de habitantes, 8 millones menos que ahora. El sistema informaba que la población económicamente activa era de 14,1 millones de personas, mientras que ahora reporta 13,3 millones.

Estos datos nos ayudan a tener una dimensión de la catástrofe social en que vivimos. Es necesario crear con urgencia los millones de puestos de trabajo genuino que hacen falta, con salarios que alcancen para vivir como personas, que es lo que cuesta la canasta familiar.

Con un crecimiento de la población del 1% anual en 10 años seremos más de 50 millones de habitantes, esto nos muestra también cuántos puestos de trabajo se tienen que agregar cada año sólo para impedir que se siga agravando la situación. Cuando analizamos las cifras que proveen los organismos oficiales podemos verificar, también en los números, la enorme hipocresía y burla del discurso oficial cuando se refiere a la creación de puestos de trabajo.

Se debe desconocer toda la deuda externa y romper los acuerdos y recomendaciones del FMI. Se debe dar una gran impulso a la obra pública para generar esos puestos de trabajo, para construir 300.000 viviendas por año, hospitales, escuelas, cloacas, agua corriente, barcos, dragas, locomotoras, vagones, vías, y todo lo que nos hace falta. Los recursos deben provenir de la estatización de la banca, del comercio exterior, de los latifundios y las principales actividades económicas. Las instituciones rechazan resolver los problemas, están para mantener las cosas como están y enterrarnos más y más en la barbarie.

No es la pandemia, no es Macri, ¡es el capitalismo que no va más y debemos terminar con él antes que termine con todos nosotros! Los gobiernos, la Justicia, los congresos, la burocracia se hunden en la pudrición y la corrupción, todos ellos saben cómo se han saqueado los recursos de la sociedad y miran para otro lado, trabajan para impedir la reconstrucción de la sociedad sobre otras bases.

Esto quiere decir que los grandes medios de producción deben ser expropiados y transformados en propiedad social para poder planificar la economía poniéndola a nuestro servicio. Y para eso tenemos que tirar al tacho de basura todas estas instituciones que sirven a una clase minoritaria que nos explota.

 

(nota de MASAS nº403)

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