Para que se vayan todos tenemos que echarlos, con nuestros propios métodos de lucha, con nuestra política

Es necesario un profundo balance de la rebelión popular que provocó una de las crisis política más profundas de la historia. Una crisis de poder. La burguesía ya no podía contener la rebelión cada vez más generalizada de los oprimidos y no encontraba una salida.

El gobierno de la Alianza (De la Rúa-Chacho Álvarez) había subido dos años antes con la ilusión popular de revertir todos los desastres provocados por el menemismo. Pero fue su continuidad. Era la alianza entre el peronismo “progresista” que había roto con el Partido Justicialista y el radicalismo, conformando un frente antimenemista.

El FMI tuvo participación activa en el “blindaje” al gobierno de De la Rúa un año antes, generando un enorme incremento de la deuda externa para evitar el default de la deuda y condicionando el préstamo a reformas antipopulares contra el sistema de salud, jubilaciones, ratificando la quita salarial a trabajadores estatales y el abandono de la obra pública. El FMI, el capital financiero, fue responsable del desastre económico y financiero que destrozó la economía para beneficio del parasitismo bancario y un puñado de empresas. 20 años después estamos frente al mismo problema.

Fue una rebelión contra la destrucción de millones de puestos de trabajo, el saqueo de todas las empresas del Estado, de los recursos naturales, y los ahorros de la clase media. La deuda externa era asfixiante y el FMI imponía una política económica para asegurarse su cobro.

“Que se vayan todos” no pudo concretarse, cambiaron 5 presidentes en una semana y el quinto tuvo que irse antes de lo previsto, pero la burguesía pudo finalmente salir de su crisis política. La extraordinaria y prolongada lucha de los oprimidos terminó cambiando un gobierno burgués por otro. La arremetida de las masas fue desviada hacia el terreno electoral y las ilusiones en el nuevo gobierno que “empezaría a apagar el incendio”.

Confluyeron la clase obrera, ocupados y desocupados, las clases medias, los jóvenes. Fue un levantamiento nacional, radicalizado, que buscaba un camino independiente para terminar con la situación que se vivía.

Empezó mucho antes, especialmente con los movimientos de trabajadores desocupados, piqueteros que jugaron un gran papel en la lucha de clases, aplicando métodos de acción directa de masas, cortando rutas, puentes, accesos, sitiando ciudades.

La respuesta formidable al plan de ajuste de López Murphy en febrero de ese año lo hizo renunciar a los 15 días de asumir. Los planes de Cavallo, con sus nuevos ajustes y corralito fueron un detonante para la clase media que se movilizó sobre los bancos reclamando sus ahorros, fue el golpe final para Cavallo que duró 9 meses en el ministerio y también para De la Rúa.

La clase obrera no intervino como caudillo de los oprimidos con su política, por esa razón los oprimidos no pudieron disputar el poder. Por un lado la clase estaba profundamente debilitada por la pérdida de puestos de trabajo, por otro sus organizaciones sindicales, en manos de la burocracia, hicieron todo lo posible para bloquear la lucha conjunta de todos los oprimidos, evitaron tomar en sus manos la lucha contra la desocupación, y lo fundamental: la clase obrera no contaba con su partido revolucionario que diera expresión consciente a esa rebelión para orientarla hacia la estrategia revolucionaria. Esta tarea histórica sigue pendiente.

Los planteos de la izquierda democratizante no salieron de su electoralismo y de la formulación de salidas burguesas frente a la crisis como la insistencia de llamados a constituyentes. Fueron un obstáculo para la evolución política de las masas en lucha, porque sus valiosos militantes formaban parte activa de la vanguardia en lucha, pero desarmados políticamente.

¿Por qué hoy no se produce una lucha generalizada como entonces? cuando la situación de las masas es tan dramática, de fuerte retroceso en las condiciones de vida y de trabajo. Por un lado porque un sector importante de las masas aún conserva la ilusión de que este gobierno podrá empezar a solucionar sus problemas. Aunque esa ilusión se va debilitando. Por otro porque toda la burocracia sindical apoya incondicionalmente al gobierno y las organizaciones más masivas de desocupados también apoyan al gobierno. La incapacidad del gobierno para dar respuesta a los graves problemas de la mayoría llevará a una creciente movilización y lucha pese a los bloqueos de los aparatos.

Es necesario prepararnos para una lucha como la que hicimos, aprendiendo de los errores y limitaciones, para poder llevarla hasta el final, para que esa lucha no sea expropiada por alguna variante capitalista.

Hoy como hace 20 años, no hay ninguna posibilidad de reformar el capitalismo en disgregación y pudrición, estamos viviendo una época de contrarreformas, de ataque generalizado a los derechos conquistados en los últimos 100 años.

Hoy como hace 20 años está planteada la lucha consecuente en defensa de las condiciones de vida y de trabajo, de los puestos de trabajo y contra la precarización laboral, de los salarios y las jubilaciones, por trabajo para todos; en defensa de la educación y salud pública.

Lucha esencial que se combina con la lucha por el desconocimiento y no pago de toda la deuda externa; por la recuperación de todos los sectores vitales de la economía, de los puertos y las vías navegables, de las fábricas cerradas. Para garantizar el pan en la mesa de cada casa es necesario expropiar a los monopolios de la alimentación, a los terratenientes, imponer el monopolio estatal del comercio exterior y la nacionalización de la banca. Medidas que permitirán planificar la economía y responder a las necesidades de la mayoría oprimida.

Medidas que sólo pueden ser impuestas por la lucha generalizada de los oprimidos acaudillados por la clase obrera, por su política, por su estrategia de revolución y dictadura proletaria, no hay otra salida, no hay otra vía. No será por medio de elecciones, de leyes o de constituyentes que se resolverán los graves problemas. Los oprimidos deben confiar exclusivamente en sus propios métodos de lucha y organización, en su propia política, independiente de los partidos patronales.

En Argentina la clase obrera y los oprimidos han dado luchas heroicas en la historia, que han conmovido al régimen, sin embargo todas terminaron frustradas, la burguesía pudo recomponer su dominación.

Y el poder sigue en manos del gran capital y el imperialismo, de los mismos que promovieron la última dictadura, una ultraminoría más concentrada y centralizada que entonces. No hay nada que festejar de los 38 años de democracia burguesa (que encubre la dictadura del capital). Lo que tenemos que defender son las libertades democráticas conquistadas contra la dictadura y que la burguesía amenaza todo el tiempo.

Hoy como hace 20 años está planteada la necesidad de resolver la crisis de dirección política, construir el partido revolucionario, tarea histórica irresuelta en que estamos empeñados desde el POR.

Para QUE SE VAYAN TODOS tenemos que ECHARLOS, con la acción directa de masas, para terminar con los saqueadores, entregadores, contrabandistas, con los pagadores seriales de deudas que no son nuestras, para terminar con el parasitismo de los terratenientes, banqueros y un grupo de empresarios que nos empujan a la miseria. Para terminar con toda la burocracia sindical repodrida, correa de transmisión de esos empresarios. El camino es la revolución social, terminar con la dictadura del capital, expropiar los grandes medios de producción y socializarlos, poner en pie un gobierno obrero-campesino, de la mayoría oprimida de la ciudad y el campo, retomando el camino de la rebelión popular del 2001.

(nota de MASAS nº407)

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