Bolivia: La crisis económica golpea, el gobierno es incapaz para atender las necesidades de los pobres, el malestar social crece

No hay perspectivas sin dirección política

El agotamiento del sistema social capitalista que se debate en una descomunal crisis económica estructural -agravada por la pandemia del corona virus- y la incapacidad del Estado burgués y de sus gobiernos para atender las necesidades más elementales de los explotados y oprimidos del país, constituyen las condiciones objetivas de una posible eclosión social de insospechadas proyecciones.

Estamos en camino de que los hambrientos, al no encontrar una salida a sus problemas, no tengan otra alternativa que volcarse desesperadamente a las calles desafiando a la pandemia y a la represión policial; en tal caso, la acción directa incontenible barrería con todo obstáculo que encuentre en su camino, los inconformes pasarían pisando las leyes impuestas por el Estado burgués en defensa de la gran propiedad privada de los medios de producción, y las imágenes de los fantoches que fungen como gobernantes.

Sin embargo, el obstáculo que los combatientes no pueden superar hasta ahora es que sus movilizaciones no logran fundirse en un torrente unitario capaz de derribar los carcomidos cimientos del viejo Estado burgués que se desmoronan por sí solos, debido a la ausencia física en la lucha de la clase revolucionaria, el proletariado, que permanece adormilado o entrampado en la lucha legal contra el abuso patronal.

Políticamente la experiencia revolucionaria del proletariado boliviano se encuentra concentrada en su partido, el POR, que libra una dura batalla contra el reformismo reaccionario del masismo en proceso de agotamiento político y la vieja derecha políticamente agotada, en procura de lograr que la clase obrera retome el camino de su lucha revolucionaria enmarcada en la Tesis de Pulacayo y la del IV Congreso de la COB de 1970.

Todo este panorama social que estamos describiendo, si no se resuelve rápidamente el problema de la dirección con la incorporación del proletariado al escenario de la lucha de clases como dirección, corre el peligro de diluirse en nada. Las luchas de la gran mayoría de cuentapropistas cuyos ingresos se reducen cada vez más como consecuencia de depresión de los mercados locales y que ya han hecho retroceder al gobierno obligándolo a abrogar su tramposa “Ley Contra las Ganancias Ilícitas y contra el Terrorismo”, de los trabajadores asalariados dispersos que defienden sus fuentes de trabajo y sus conquistas sociales frente a los abusos de la patronal, de los maestros en defensa de la educación y sus conquistas históricas, de los campesinos pequeños productores condenados a vivir grandes privaciones, de los cocaleros paceños que han retomado por la fuerza ADEPCOCA pero no han resuelto el problema del paralelismo fomentado por el gobierno y la caída de los precios de la hoja milenaria debido al contrabando peruano, etc., habrán sido sacrificios inútiles si no se acaba con este gobierno incapaz que está obligado a condenar a más sacrificios a los bolivianos para salvar los intereses de la clase dominante nativa y de las transnacionales imperialistas.

(POR Bolivia – MASAS nº2683)


SECTORES DUROS, HASTA AYER INCONDICIONALES, SE ALEJAN DEL M.A.S.

Importantes sectores de la población fundamentalmente agrarios y periurbanos además de sectores cuentapropistas gremiales, transporte público y otros de bajos ingresos, van perdiendo las pocas ilusiones que tenían en el gobierno de Arce Catacora, denunciando que éste habría traicionado el apoyo electoral que los pobres y desposeídos le dieron.

Primero fue la resistencia a la pretendida “Ley contra las ganancias ilícitas y el terrorismo” que daba carta blanca al gobierno para inmiscuirse en las transacciones económicas de todos, que generó un rechazo nacional frente al peligro de que los intereses económicos de pequeños y medianos propietarios puedan ser tocados por los intereses políticos del masismo angurriento de concentrar todo el poder en sus manos y perseguir a toda persona que no se someta a su voluntad despótica. Y segundo, producto del oportunismo electoral de la cúpula masista que propagó la campaña de que el COVID 19 no existía, que era un invento del gobierno de Añez y del imperialismo norteamericano; sectores duros del masismo ahora se rebelan ante la obligatoriedad de vacunarse acusándolo de pisotear sus costumbres y tradiciones. El gobierno de Añez nos encerró en la cuarentena -dicen-, ahora el gobierno de Arce nos obliga a vacunarnos para poder acceder a los bancos y las instituciones públicas.

Difícil no percibir un cambio de apreciación de sectores indígenas rurales y citadinos del masismo a las figuras de Evo Morales y Arce Catacora. Definitivamente estas dos medidas adoptadas por el oficialismo le está costando la pérdida de apoyo de su base social, hecho que también se ve reflejado en la pugna por el cambio de ministros, agudizando el choque de las tendencias al interior del M.A.S.

Este proceso de desgaste político se da en un escenario que tiene como telón de fondo la tan publicitada “recuperación económica”, que no llega a los bolsillos de los sectores más deprimidos de la población. El proyecto reformista del indigenismo posmodernista en el poder por más de una década, respetuoso en todas sus fracciones de la gran propiedad privada burguesa e imperialista, no puede superar el atraso económico precapitalista del país y las consecuencias sociales que trae consigo.

La razón de fondo del fracaso masista como fenómeno político, es su acomodamiento y sumisión servil al ordenamiento capitalista nacional e internacional. En la práctica, sometieron la pequeña propiedad agraria, artesanal y comunitaria, a los intereses de la gran propiedad privada burguesa de los terratenientes del oriente, de los empresarios, de la banca privada y de las transnacionales presentes en la minería, hidrocarburos, y agroindustria en Bolivia.

La mayor parte de los beneficios cosechados del período de “bonanza económica” del 2006 hasta el 2015 fueron entregados a esos grandes propietarios privados, y quedaron sólo migajas para la mesa del pueblo mayoritario.

En cuanto a las perspectivas de la lucha interna masista, definitivamente el dueño de la sigla, del aparato partidista quien busca un control secante de los ministerios más importantes del gobierno, es Evo Morales. Arce Catacora es sumiso al “jefazo”, por lo que seguirá cumpliendo el papel de “tilín” del dueño del circo. Choquehuanca no tiene la talla, ni personalidad de encabezar con decisión el movimiento de rebelión interna radical indigenista que cuestiona al gobierno y al propio Evo Morales. Lo evidente es el que el masismo está en una etapa de agonía y desintegración.

La rebelión de las masas, empujados por sus necesidades concretas de subsistencia, enfrentará más duramente a un gobierno y a un M.A.S. cada día más huérfano de apoyo popular. Esta es la verdadera contradicción de la política boliviana ante una derecha muerta sin signos vitales: Un M.A.S. en proceso de descomposición, versus un pueblo en rebelión que desnuda su discurso falsamente socialista.

La salida a esta encrucijada y crisis política que vive el país, sólo puede venir del campo obrero y sindical. El próximo congreso de la C.O.B. debe cerrar el período masista. La clase obrera debe acaudillar la rebelión de la nación oprimida con el objetivo de derrotar la política proburguesa y protransnacional del gobierno derechista del M.A.S. y construir una Bolivia verdaderamente socialista.

(POR Bolivia – MASAS nº2683)

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