La Perestroika y la Revolución Política (Guillermo Lora, febrero de 1991)

Publicamos un punto del folleto de 1991 «Para leer el programa del POR», escrito antes de la disolución de la URSS el 26 de diciembre de 1991. Expresa la lucha del marxismo-leninismo-trotskismo contra el proceso de restauración, impulsado por el gobierno de Gorbachov. Decidimos difundirlo como parte de la Escuela de Cuadros del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional.


La Perestroika y la Revolución Política Guillermo Lora (febrero de 1991)

Siguiendo la política antiburocrática y en favor de la revolución socialista internacional, el POR ha señalado —desde el primer momento — que la perestroika era una política contrarrevolucionaria, que busca restaurar el Capitalismo y servir al imperialismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en los países del Este europeo. Nadie debe dudar que la contradictoria glasnost fue incluida en esta política, por ser parte inseparable de ella.

Los hechos posteriores demuestran que impulsaba esa política inconfundiblemente antisocialista la tendencia —al tornarse en incontrolable— de arrastrar detrás de sí a la burocracia, de fracturarla, de pulverizarla. Poco importa los servicios que Gorbachov ha prestado y sigue prestando al imperialismo y a la reacción en general, éstos no se molestarán en salvarle el pellejo de la arremetida y de la furia de las masas hambrientas y desocupadas. Los trabajadores de los países en los que se aplica la contrarrevolucionaria perestroika ya conocen el verdadero rostro horripilante del capitalismo.

La política enunciada por Gorbachov no tardó de poner al desnudo que la burocracia stalinista se apoyaba también en la opresión nacional. La rebelión de las nacionalidades oprimidas sacude los cimientos de los Estados obreros degenerados. No puede ponerse en duda la validez de la política leninista de la autodeterminación de las nacionalidades. La rebelión del proletariado y de las naciones oprimidas por la burocracia reivindicará la tradición revolucionaria.

La glasnot constituye un eslabón de la política de economía de mercado y en los hechos demuestra sus limitaciones y su verdadera orientación. La sangrienta y feroz, masacre en Lituania habla por si sola.

La cooperación con el imperialismo y con la reacción internacional fue presentada por Gorbachov corno sinónimo de superación de la lucha de clases, corno la materialización de los «intereses superiores de la humanidad» y de la paz mundial. Los acontecimientos posteriores han desmentido todas estas ilusiones sembradas por la propaganda oficial.

Dentro de las Naciones Unidas, convertida en una «cueva de bandidos» —para usar la caracterización de Lenin de la Liga de las Naciones—, y fuera de esa organización, la pandilla burocrática actúa a la cola del imperialismo y, por esto mismo, contra los intereses de la mayoría de los países semicoloniales y del proletariado mundial.

Durante el conflicto bélico del Golfo Pérsico, la burocracia del Kremlin se ha limitado a apuntalar la política agresiva y colonizadora del bloque imperialista timoneado por los Estados Unidos. Gorbachov se ha solidarizado con la agresión contra Irak y los pueblos árabes. Esto no es la paz, sino la guerra colonizadora desencadenada por la nación opresora contra la nación oprimida, para usar la caracterización de Lenin.

La lección está dada. La guerra timoneada por el imperialismo, que es guerra destinada a convertir en colonias a los países atrasados –todo lo contrario de las guerras de liberación que pueden protagonizar las naciones oprimidas—, es inherente al sistema capitalista y para acabar con su permanente amenaza hay que acabar con el orden social burgués, con la gran propiedad privada de los medios de producción.

La burocracia se sumó al pacifismo pequeñoburgués y casi inmediatamente después los hechos se encargaron de poner en evidencia su inutilidad, su naturaleza distraccionista.

La restauración capitalista —si llega a su punto culminante- se dará en la época de decadencia del capitalismo como demuestra la crisis económica que soporta el mundo y también el desencadenamiento de conflictos bélicos, cuando el imperialismo tambalea. Esa restauración no puede suponer el reverdecimiento capitalista. Será un serio retroceso momentáneo llamado a entroncar con la rebelión proletaria internacional.

El imperialismo considera ya a la URSS, a la China y al Este europeo, corno territorios abiertos para la invasión de las transnacionales, con todas las calamidades que la acompañan. La burocracia confía su destino en la ayuda económica que pueda recibir de parte de los capitalistas por el sucio trabajo que viene realizando contra los intereses de los trabajadores.

La perestroika ha desencadenado el hundimiento del movimiento stalinista en escala mundial. Los partidos comunistas se pulverizan en innumerables fracciones, se declaran socialdemócratas, borran de sus programas las consignas radicales, en fin, se modernizan.

El trotskysmo tiene que tomar parte activa en la polémica que necesariamente genera este proceso, pues corresponde ganar a los elementos sanos que permanecieron engañados dentro de los mal llamados partidos comunistas. La discusión, para ser provechosa, debe ir a las raíces de la esencia del stalinismo, a fin de poder desentrañar los entretelones de este movimiento nefasto para el proletariado mundial.

La superación de la contrarrevolucionaria perestroika, de la restauración capitalista, será posible gracias a la revolución política que tendrá lugar en la URSS, la China y el Este europeo. Los síntomas de este fenómeno están a la vista, impulsadas por el proletariado que gana las calles, pero su victoria final depende del surgimiento del partido revolucionario, que será impulsado por la Cuarta Internacional puesta en pie.

Esta revolución no será la consecuencia de fenómenos mecánicos, pues se trata de un proceso político complejo, que podrá ser impulsado únicamente por la dirección revolucionaria mundial marxleninista-trotskysta.

La revolución política acabará con la perestroika, pero derrotada  en el campo ideológico y político por los trotskistas, que así llevarán a su punto culminante la lucha antiburocrática que en su momento emprendieron Lenin, Trotsky y sus seguidores.

(Tomado de Obras Completas, Guillermo Lora, volumen LIV, punto 8, «Para Leer el Programa del POR», febrero de 1991, Ediciones Masas)

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