Nube

 

LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO DE ALBERTO FERNÁNDEZ NO SIGNIFICA LEGALIZARLO SINO QUE SIGAMOS MURIENDO

 

Ya se cumplió más de un año desde que el parlamento burgués rechazó el proyecto de ley por la interrupción voluntaria del embarazo, desconociendo la voluntad de los cientos de miles de personas que nos movilizamos a lo largo y ancho del país. Pese a esto no se pudo impedir que el debate llegase a boca de los medios, de lugares de trabajo y sindicatos, de las escuelas, de las universidades y de los hospitales. Sin embargo, la realidad sigue golpeándonos duramente a todas las mujeres. Tales son los casos de Patricia Solorza condenada a 8 años de prisión por haber abortado y posteriormente fallecida dentro del penal de José León Suarez en condiciones paupérrimas, o de Lucía, la niña tucumana de 11 años obligada a parir

 

La burguesía se alía con la Iglesia facilitando el control ideológico y disciplinador que ésta ejerce sobre las masas a través de la educación, la salud y la justicia. Además, en marzo de este año el pastor Rubén Proietti, titular de Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), visitó a distintos legisladores para asegurar y presionar para que el Proyecto por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) no se apruebe, esto es un claro ejemplo de esta complicidad.

 

Alberto Fernández, el candidato presidencial del Frente de Todos, después de las PASO aseveró que tiene la decisión política de despenalizar y legalizar el aborto porque no quiere que se muera ninguna mujer más, pero posteriormente explicitó que lo haría gradualmente. Este es un planteo hipócrita: despenalizar implica que seguimos muriendo por abortos al margen del sistema de salud. La “despenalización” ya está contemplada en el Código Penal hace casi 100 años, y sabemos muy bien que esto no significa legalizar, sino que depende de la voluntad del cuerpo médico, de la visibilidad social que logre alcanzar el caso, y del peso de la Iglesia en cada región. Fernández de la forma más oportunista busca simpatizar con los reclamos del movimiento de mujeres, jugando a desmovilizar a las masas, alimentando las ilusiones en el parlamento burgués; cuando en los hechos no está dispuesto a romper los vínculos con la Iglesia y a chocar directamente contra el gran negocio que representa la salud privada. Para que las mujeres dejemos de morir por abortos clandestinos es indispensable un sistema único y estatal de salud. En 1920 la Rusia soviética, timoneada por la clase obrera, dirigida por los bolcheviques legalizó el aborto por primera vez en el mundo.

 

La primera expresión del pacto social fue el discurso de Kirchner donde señaló que dentro del peronismo podían coexistir pañuelos verdes y celestes. La sangre de las mujeres muertas por abortos clandestinos nos recuerda que teniendo mayoría en ambas cámaras del Congreso, impidió sistemáticamente la legalización del mismo durante su Gobierno. Señalamos la hipocresía de los pañuelitos celestes, de los autoproclamados “Pro-Vida”, se consideran así por tener una campaña llamada “salvemos las dos vidas”, en los hechos son promotores de la miseria, ya que ni siquiera contemplan un reclamo a las condiciones materiales para que la maternidad sea viable para quienes decidan ejercerla. Por otra parte la campaña IVE, tiene como objetivo fundamental garantizar terminar con las muertes que son consecuencia de la práctica clandestina del aborto y de esta manera garantizar que sin importar la clase social las mujeres podamos planificar nuestras vidas. Sin embargo, sabemos que no es suficiente con la implementación de la ley, se necesitan condiciones materiales y desde allí es donde llamamos a movilizar y exigir la inmediata incorporación de las mujeres en la producción, además, el Estado debe garantizar la socialización de las tareas domésticas y hacerse cargo de la reproducción de la fuerza de trabajo.

 

La ausencia de un llamado a la huelga general de las centrales sindicales para asegurar la legalización del aborto demuestran la traición de la burocracia. Tenemos que recuperar nuestros sindicatos de manos para que asuman su rol y hagan suyas todas las luchas por los derechos de las mujeres.

 

 

DEFENDAMOS INCONDICIONALMENTE LA UNIDAD DEL ENCUENTRO

 

El Encuentro tiene una importancia histórica, se ha potenciado y ha impulsado otros movimientos que han colocado en el centro de la situación política la lucha por los derechos de las mujeres y de todas las oprimidas, incluyendo a numerosos sectores sin voz, durante más de tres décadas.

 

Ningún tema, por importante que sea, justifica que se divida o fracture el Encuentro. Los gobiernos, las iglesias, los empresarios, la burocracia sindical, ven un peligro en ese movimiento que se gestó y permitió desenvolver la organización de las mujeres en todo el país. Los debates que allí se realizan penetran en toda la sociedad y cuestiona todas las formas en que aparece la opresión.

 

Creemos que sería un grave error que una definición en torno al nombre del Encuentro lo divida, que se hagan actos aparte, que no funcionen las comisiones, etc. Lo que caracteriza al Encuentro es la participación de mujeres de todas las clases oprimidas: obreras, empleadas, campesinas, desocupadas. Esta unidad de las clases oprimidas ha permitido en todos estos años que los talleres reflejen las particularidades de los reclamos de cada sector, tanto de las identidades étnicas y sexuales así como problemáticas específicas de las mujeres rurales, etc.

 

El año pasado cuestionamos el planteo de denominarlo “Encuentro Plurinacional de Mujeres” levantado por un sector de compañeras de los pueblos originarios. Entendemos que esta propuesta se enmarca dentro de un programa político: la transformación del Estado burgués Argentino en Estado Plurinacional, en línea con el proceso boliviano liderado por Evo Morales. Advertimos que por más que se cambien las constituciones y las palabras, si no hacemos una revolución que acabe con la gran propiedad privada de los medios de producción el resultado seguirá siendo un Estado burgués, plurinacional o no, al servicio de los intereses de los grandes empresarios, nunca de los oprimidos. Alertamos que en Bolivia, después de declararse “Estado Plurinacional”, quedaron en pie las multinacionales y, por tanto, no cesó la violencia sobre los pueblos originarios.

 

Todas estamos de acuerdo en que todos los reclamos, todas las reivindicaciones, todos los derechos de los pueblos originarios deben ser levantados, fundamentalmente la necesidad de arrancarle la tierra a los terratenientes y garantizar la enseñanza de las lenguas en las escuelas. Y agregamos: su emancipación sólo será posible de la mano de la clase obrera, la única clase que levanta en su programa la expropiación y nacionalización de toda la tierra. La única clase que tiene inscripto en su programa la autodeterminación de las naciones. Y que sólo serán conquistadas por la vía de la revolución social, nunca por leyes, ni constituyentes, ni conciliando con la burguesía, sus partidos y su Estado.

 

Intervenimos en los Encuentros con esta política radicalmente distinta y también antagónica a la de la mayoría, pero defendemos la extraordinaria importancia de su existencia y combatimos cualquier intento de división, con cualquier motivo.

 

ENFRENTAR LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES CON EL PROGRAMA DE EMANCIPACIÓN E IGUALDAD, BAJO LA ESTRATEGIA DE DESTRUCCIÓN DEL CAPITALISMO POR LA REVOLUCIÓN PROLETARIA

 

El 3 de junio se cumplieron cuatro años de la gran movilización que convocó a más de 300 mil personas en Buenos Aires, con marchas en todo el país y que ha generado movimientos similares en otros países de América del Sur. La primera convocatoria surgió a raíz del asesinato de Chiara Peréz, de 14 años, en la ciudad de Rosario. Fue el hecho que hizo explotar el hartazgo que venía sintiendo la sociedad en repudio a diferentes actos de violencia hacia la mujer.

 

En el país hay antecedentes, como el caso María Soledad o Marita Verón que también tuvieron convocatorias multitudinarias y que conmocionaron a toda la población. Si bien la primera consigna fue la de Ni una menos, todos los años ha ido mutando de acuerdo a la realidad política. En el 2016 la principal consigna fue: Vivas Nos Queremos, en el 2017 ya había asumido Macri y la marcha estuvo cruzada por críticas al gobierno por haber cerrado hogares, y quitado presupuesto, entre otras medidas, así fue que la convocatoria fue en el marco de: Basta de violencia machista y complicidad estatal. Como podemos observar el movimiento tuvo una clara evolución política al indicar el rol del Gobierno y la responsabilidad del Estado, aunque al referirse a la violencia como machista se mantenga en la postura de entenderla como parte de una opresión de género y no de clase. La última movilización del año 2018 estuvo cruzada por el debate del aborto: Sin #AbortoLegal no hay #NiUnaMenos. No al pacto de Macri con el FMI, sumado al impacto del pacto con el FMI y la política del imperialismo agravando la situación de las mujeres.

 

La crisis económica agrava la opresión sobre las mujeres porque la reducción de salario lleva a intensificar el trabajo doméstico para poder sobrevivir, la miseria exacerba la violencia doméstica y en un marco de desocupación creciente (y las mujeres junto a los jóvenes somos las más afectadas) se fortalecen la dependencia y los lazos económicos dentro de la familia.

 

El movimiento Ni Una Menos ha tomado un carácter popular. Su método de resolución, la asamblea, ha logrado convocar a muchas mujeres que por su condición de trabajo no tienen una estabilidad que les permita por ejemplo ser parte de un sindicato, así como ocurre en el Encuentro de Mujeres. La diversidad de sectores que participan de estas convocatorias abre la posibilidad de organización intersindical, incluso pasando por encima de las burocracias sindicales.

 

Además ha ido incorporando el método del paro, que ha dejado expuesto a la burocracia sindical de la CGT que ha sido parte del sostén del Gobierno en las políticas de ajuste.

 

Asimismo los documentos que convocan a las marchas se han pronunciado contra las medidas del Gobierno, de endeudamiento del país, de represión a los sectores populares, y de desvalorización del salario. Es decir que hay en el movimiento una vinculación entre la violencia hacia las mujeres y sus condiciones materiales.

 

Una de las limitaciones del movimiento es que se caracteriza asimismo como un movimiento sin dirección. Que haya libertad política de participación no significa que no hay dirección. La dirección la tienen principalmente las organizaciones feministas de distintos orígenes, que plantean reformas dentro del sistema capitalista. Señalar al sistema capitalista como responsable es insuficiente, ya que se desprende la idea que podría haber un capitalismo humanizado, o que el problema de la violencia, como sostienen algunas corrientes, es un problema cultural.

 

El triunfo del movimiento de mujeres va de la mano con la destrucción del sistema capitalista, y está directamente ligado a la clase obrera (conformada por mujeres y hombres). El programa obrero respecto del destino de la política económica del país es irremplazable para enfrentar la opresión y violencia que recae sobre las mujeres. La socialización de las tareas domésticas y el reparto de horas de trabajo permitirán terminar con la doble opresión de las mujeres y su dependencia económica respecto a la familia. Ambas medidas exigen, para ser concretadas, de la planifi cación de la economía que sólo la clase obrera podrá llevar adelante tras socializar los grandes medios de producción (fábricas, tierras, talleres).

 

No será un gobierno burgués más o menos progresista el que rompa con el imperialismo. Conocer la estrategia no quita la necesidad de pelear por las reivindicaciones inmediatas, por el contrario, le dan una razón de ser. Habría que preguntarse qué pasaría si se cumpliera la enseñanza de la educación sexual y se le otorgaran casas de refugios a las mujeres: ¿Se terminaría la violencia sobre las mujeres? Claramente no. Un sistema que está en claro estado de putrefacción con una economía que empuja a millones a la indigencia no puede genera mejores condiciones ni para los oprimidos en general ni para las mujeres. Por consiguiente, intervenimos activamente para dotarlo de la política revolucionaria de la clase obrera.

 

Nos encontramos frente a un movimiento que tiene como mayor virtud el haber sacado la violencia de la mujer del ámbito familiar, dejando así de ser un problema individual y demostrando que se trata de un problema social y colectivo, cuestionando el poder de injerencia de la Iglesia en la vida de las personas y la influencia en la educación. Este movimiento de mujeres nos da la oportunidad de debatir a todas las organizaciones sociales y políticas sobre las causas de la violencia, su vinculación ineludible con la opresión de clase, y la necesidad de ir en el camino de erradicar los vicios de esta sociedad patriarcal en todos los ámbitos atacando a su base material: la propiedad privada. Es nuestra responsabilidad impulsar dentro de este movimiento una respuesta de fondo, alineando al movimiento de mujeres tras la revolución proletaria para enterrar la propiedad privada y con ella al patriarcado.

 

¿POR QUÉ DECIMOS QUE LA OPRESIÓN SOBRE LAS MUJERES ES DE CLASE Y NO DE GÉNERO?

 

En las últimas décadas las organizaciones feministas han desarrollado la idea de que la opresión que sufrimos las mujeres no sería de clase sino de género, cuya base debe buscarse en una cultura que da el poder al “macho” para humillarnos y someternos física y psicológicamente. Las más radicales han llegado al extremo de negar la lucha de clases y sustituirla por una guerra entre mujeres y hombres.

 

Sostienen que el patriarcado sería un sistema de dominación universal independiente del capitalismo, que nos oprime a todas las mujeres por igual. Y concluyen, por tanto, que el programa de emancipación de las mujeres consistiría en el desarrollo de una educación que cambie los valores culturales, que se alcance la igualdad mediante sistema de cupos en los trabajos, en las listas de candidatos, etc., y castigue las expresiones de la opresión. De esta manera sería posible de acabar con la opresión y la violencia a través de leyes, de la incorporación de la “perspectiva de género” en escuelas y reformas del capitalismo. Así mismo no faltan organizaciones de izquierda que pretenden unifi car marxismo y feminismo sosteniendo, aunque a veces no lo digan abiertamente, que la opresión es de clase y de género. Esta forma de plantear la cuestión se centra en los fenómenos para ocultar sus causas. Por ello inclusive los organismos del imperialismo como la ONU pueden plantear entre sus objetivos la “igualdad de género”.

 

El origen de la opresión de las mujeres fue con las sociedades de clase, basadas en la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo. Las mujeres fuimos convertidas en esclavas del hogar, no por el poder de los hombres en general, sino por un puñado de hombres y mujeres, propietarios de los medios de producción, que necesitaban que garanticemos la crianza de los niños (las nuevas generaciones a ser explotadas) y el cuidado de los hombres para que sean explotados. El patriarcado no es un sistema de dominación “independiente” del capitalismo, es una y la misma cosa, es la forma de organización sexual (la familia monogámica) que nació para garantizar la existencia de la propiedad privada (a través de la herencia por línea paterna) y la explotación del trabajo. El capitalismo no es más que la forma moderna y última de la propiedad privada

 

El capitalismo, al desarrollar la gran industria, sentó las bases para acabar con el patriarcado. Por un lado porque incorporó a millones de mujeres al trabajo en las fábricas, los ofi cios y las profesiones. Por el otro porque llevó a la producción industrial un montón de tareas que antes las mujeres nos veíamos obligadas a realizar en casa: la confección de ropa, los pañales, las conservas de alimentos, etc. Inclusive al desarrollar el sistema educativo fue posible que una parte considerable del tiempo de cuidado y la educación de los niños fuera socializado.

 

Sin embargo el capitalismo no fue capaz de desarrollar esta tendencia hasta el fi nal. Convirtió a muchísimas mujeres en trabajadoras asalariadas pero no eliminó por completo el trabajo doméstico, por eso decimos que cargamos con una doble opresión, la del capital y la del hogar. Los capitalistas nos tratan como fuerza de trabajo inferiorizada, nos pagan salarios menores (un 25% en promedio), tenemos una mayor tasa de desocupación (más del doble que los hombres) y no accedemos a todos los trabajos por igual.

 

La familia como unidad económica de la sociedad de clases, hoy el capitalismo, establece los lazos de dominación y subordinación al hombre. No es casualidad que la mayor parte de los abusos, violaciones y violencia en general ocurran en el seno de la familia. Por eso decimos que el programa de emancipación de la mujer implica la destrucción de su condición de esclava de la familia. Muchas organizaciones feministas no solo no pueden ver este papel de la familia en la opresión de las mujeres sino que además buscan reforzarla. Sostienen que podría resolverse “repartiendo equitativamente” las tareas del hogar con los hombres. ¿Y las millones de mujeres que nos hacemos cargo solas de la casa y de los chicos? ¿Nos tenemos que buscar un marido? ¿Y qué hacer si el hombre trabaja 10, 12 o 14 horas? Nuestra lucha no es contra los hombres, sino contra los capitalistas, contra los que están interesados en la existencia de la explotación del trabajo y la opresión sobre las mujeres.

 

El mayor peso de la opresión recae sobre las mujeres obreras, las mujeres originarias y las mujeres de las clases medias arruinadas. No todas las mujeres somos oprimidas por igual por el patriarcado. Sectores de las clases medias pueden atenuar esta opresión pagando para que otras personas se encarguen de las tareas domésticas, mientras que las burguesas como Juliana Awada viven directamente del trabajo ajeno explotando a hombres, mujeres y niños. Estas últimas no son nuestras hermanas sino nuestras enemigas de clase.

 

Para acabar con la opresión no bastan medidas culturales, porque la base económica de la sociedad sigue reproduciendo la división del trabajo que nos encadena al hogar. Mientras haya millones de desocupados las mujeres seremos las más afectadas, junto a los jóvenes. Mientras nos sigan pagando salarios menores y las tareas domésticas no sean completamente socializadas seguiremos atadas al sometimiento familiar, que seguirá perpetuando todas las formas de violencia.

 

Para acabar con el patriarcado es necesario acabar con el capitalismo, destruyendo aquello que le dio origen: la propiedad privada. Solo la lucha de clases, por la revolución y dictadura proletarias, por el socialismo, puede acabar con este estado de cosas. Por ello es imprescindible organizarse con la política obrera, recuperar los sindicatos que están en manos de los burócratas y construir el Partido Obrero Revolucionario que levante la estrategia revolucionaria de transformar la propiedad privada en propiedad colectiva. Así podremos poner los grandes medios de producción al servicio de las necesidades de las grandes mayorías y acabar con la desocupación, incorporar a todas las mujeres al trabajo, socializar las tareas domésticas y el cuidado de los niños, garantizando la independencia económica por medio del salario mínimo igual a lo que cuesta vivir.

Nuevas elecciones en Israel

 

Celebrada en abril, las elecciones generales le dieron a Benjamin Nentanyahu la victoria después de vencer por poco a la coalición Azul y Blanca del ex general Benny Gantz. El principal aliado de Netanyahu en gobiernos anteriores, Avigdor Lieberman, un ex ministro de defensa, se negó a integrar a su partido, Israel Our House, en un gobierno dominado por partidos religiosos ultraortodoxos.

 

Nentanyahu propuso la formación de un “gobierno de coalición nacional”, alternando el puesto de primer ministro con Gantz. Esto requirió la formación de un “gabinete de unidad liberal”, que contó con el apoyo del llamado Partido Laborista de izquierda (PT) y la Unión Democrática (UD).

 

La clave para resolver el callejón sin salida cayó en manos del chovinista nacional Lieberman, por un lado. Y a la Lista Unificada de partidos árabes (13 diputados), por otro. Finalmente, la mayoría de las partes en la Lista decidieron apoyar a Gantz con el argumento de “evitar que Netanyahu tenga un nuevo término”.

 

La posición de la Lista Árabe era una traición a los intereses de los palestinos y libaneses, sometidos diariamente a la violencia militarista y la política anexionista del estado sionista. Sin embargo, cualquiera que sea el gobierno que tome posesión, no cambiará nada esencial en la política exterior colonial y militarizadora de Israel. La coalición Azul y Blanca, así como el PT y el UD, defienden la política de asentamiento en los territorios palestinos, así como las intervenciones contra la Franja de Gaza, el Líbano o Siria, bajo la justificación de la “seguridad nacional”.

 

La creación del Estado de Israel en 1948 fue producto de una imposición del imperialismo estadounidense. Resultó de compartir el mundo, operado por las potencias después de la Segunda Guerra Mundial. Fue principalmente para los intereses estadounidenses, que necesitaban un enclave en la región.

 

Es por eso que la democracia formal y las instituciones burguesas erigidas en este curso histórico, así como sus partidos, fueron moldeadas por la política sionista, que fue un instrumento de opresión imperialista en el Medio Oriente. No por casualidad, recientemente, se firmó un Acuerdo de Asistencia Recíproca entre Israel y los Estados Unidos para la defensa militar contra “amenazas externas”. Y un Plan para la Paz, elaborado por el gobierno de Trump, que propone que los asentamientos judíos en Palestina se consideren “territorios soberanos” judíos. Lo mismo sucedería con parte del Valle del Jordán (Palestina) y el Golán (Siria).

 

Solo la destrucción del estado sionista a través de la revolución proletaria y la dictadura pondrá fin a la brutal opresión de la burguesía imperialista y judía en la región. Solo un estado socialista único e indivisible en Palestina allanará el camino para la fraternización y la solidaridad de los árabes y judíos explotados. Inmediatamente, están las tareas de establecer el único frente antiimperialista y garantizar el armamento general de la población palestina y libanesa. Depende de la vanguardia que surge de las luchas para ayudar a las masas a vencer el nacionalismo y avanzar en la unidad internacionalista de los explotados contra sus opresores comunes. Esto requiere construir los partidos marxista-leninista-trotskista y desarrollar el programa socialista de Medio Oriente de los Estados Unidos.

 

(nota de MASSAS – Brasil – nº 596)

 

BASTA DE ASESINATOS LABORALES

 

David Ramallo -electricista de la Línea 60-, Richard Alcaráz -obrero de la construcción- y Diego Soraire -trabajador del INTA- murieron en sus puestos de trabajo.

 

No son casos aislados; son parte de los más de 400 muertos por año en ‘accidentes’ laborales, a los que hay que sumar más de 600 incapacitados por año -contando sólo a los trabajadores registrados-. Sabiendo que los trabajadores en negro cuentan con aún peores condiciones laborales, los números se duplican.

 

Estas muertes podrían haberse evitado si las denuncias de los delegados gremiales de base hubieran sido escuchadas, si las patronales hubieran cumplido con su obligación de proveer a cada trabajador condiciones de trabajo seguras, si los grandes sindicatos burocráticos realmente defendieran los intereses de los trabajadores, y si el Estado, que debiera controlar las condiciones de seguridad, no mirara para otro lado.

 

Al ser evitables, rechazamos que se cataloguen estos hechos como accidentes: los llamamos ASESINATOS LABORALES y tienen responsables en las patronales, que no invierten en proteger a sus trabajadores; en el Estado, que no hace cumplir las normas de seguridad y solo invierte en represión y propaganda, mientras destruye la educación y la salud pública; y en la justicia, ya que no castiga a los responsables de los crímenes patronales, pero sí le arma causas penales a los trabajadores que nos organizamos exigiendo condiciones de seguridad e higiene, como en el caso de la fábrica Fate, propiedad del grupo Madanés Quintanilla, que judicializa a los delegados que pelean.

 

Hoy la crisis se descarga sobre nuestras espaldas, las condiciones de trabajo, los ritmos de producción y los bajos salarios deterioran nuestra salud. La patronal es cociente de esto y no duda ni un solo minuto en sacarnos hasta el último suspiro de vida si es necesario para acrecentar sus ganancias. ya que solo nos ve como un engranaje más de las máquinas y como tal somos remplazables

 

Desde NUESTRA CLASE, adherimos a este grito de justicia. Comprendiendo que la única forma de obtenerla es mediante la organización de los trabajadores, tejiendo lazos de solidaridad entre oprimidos

 

(nota del Boletín de Nuestra Clase nº 51)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLAMAMOS A ANULAR EL VOTO CON LA POLÍTICA DE LA CLASE OBRERA

 

El terreno de las elecciones es de propaganda política. Donde se deben confrontar la política y estrategia de las fracciones de la burguesía con la de la clase obrera. La burguesía interviene defendiendo el orden capitalista como el único posible, sus leyes, su Constitución, su Estado (la dictadura de su clase), el derecho a apropiarse del trabajo del resto de la sociedad, defendiendo la gran propiedad (incluida la de los terratenientes y la multinacionales). Para la burguesía las elecciones son una institución importante para validar su régimen y en nombre del voto exigir a las masas que se sometan a sus dictados.

 

La clase obrera interviene en sentido antagónico. Hacemos campaña caracterizando que el capitalismo está agotado, en descomposición, que no puede ser reformado, que su sobrevivencia es una amenaza para la humanidad. Que las fuerzas productivas no solo no se desarrollan si no que son destruidas masivamente producto de crisis interminables. Que no se caerá sólo, por su propio peso.

 

Decimos que la nueva sociedad será el producto de una verdadera revolución social, que termine con la dictadura del capital, que termine con su Estado, que esa sociedad será el socialismo en transición hacia el comunismo.

 

La sociedad conocerá por primera vez la democracia, la representación directa de las masas en el poder a través de sus organismos, el gobierno obrero-campesino (dictadura proletaria) dará expresión a la más amplia unidad de la clase obrera con todas las clases oprimidas de la ciudad y el campo.

 

Esa revolución terminará con la gran propiedad privada de los medios de producción (nacional y extranjera), transformándola en propiedad social (de todos en general y de nadie en particular) y romperá todas las ataduras con el imperialismo, no se limitará a desconocer la deuda externa.

 

Rechazamos toda pretensión de que estas tareas puedan ser cumplidas por Ley o por una nueva Constitución que dicte una asamblea constituyente burguesa. Mienten quienes quieren hacernos creer que existe alguna vía intermedia, parlamentaria, pacífica, hacia el socialismo.

 

La burguesía nacional en cualquiera de sus expresiones ha fracasado en resolver las tareas nacionales y democráticas, por incapacidad, por cobardía, por su entrelazamiento con el capital imperialista y con los terratenientes. Lo que no hizo en su momento de auge ya no podrá, nunca más. Sólo la clase obrera, que no tiene ataduras con la gran propiedad puede llevar adelante esas tareas desde su propia perspectiva, socialista.

 

En estas formulaciones se concentra la política de la clase obrera, su independencia política. Desde el POR trabajamos en esta perspectiva e intervenimos en la campaña electoral.

 

Ningún candidato, ninguna lista, levanta una política obrera, por ese motivo llamamos a anular el voto con estas ideas y por la construcción del partido obrero revolucionario.

 

La izquierda cuenta con valiosísimos militantes y candidatos, pero su política electoral es democratizante. No denuncia el papel miserable, corrupto, cómplice y entregador del Congreso, si no que hace un llamamiento a tener más diputados. No plantea la expropiación sin pago de los medios de producción, en medio de la crisis ha llamado a que “funcione” el Congreso e inclusive uno de sus dirigentes ha sostenido que Macri tiene que “gobernar hasta diciembre”. Para la clase obrera sólo es legítimo conquistar bancas si es el producto de intervenir con su propia política y no con una política ajena a su clase.

 

La mayoría de los trabajadores votará seguramente por Fernández con la ilusión de terminar por esta vía con la terrible experiencia de Macri, pero nuestro deber es alertarlos que su gobierno será de respeto a la gran propiedad y que por lo tanto será incapaz de resolver los problemas de la mayoría. Que las masas sólo deben confiar en su propia organización, en sus propios métodos de acción directa para arrancar todas las reivindicaciones. Y que es imprescindible conquistar la independencia política de la clase obrera, resolviendo definitivamente su crisis histórica de dirección, para no seguir yendo detrás de las distintas variantes de la burguesía que se presentan como “nacionales y populares”.

 

(nota de MASAS nº 359)

 

 

 

 

 

 

 

SÓLO UNA DIPUTADA SE ABSTUVO DE VOTAR LA MISERABLE LEY DE EMERGENCIA ALIMENTARIA

 

Mónica Schlotthauer, delegada ferroviaria y diputada por Izquierda Socialista, se diferenció de los 222 legisladores que le dieron sanción al proyecto opositor. Fue la única que no votó a favor y se abstuvo. Aún inclusive contrariando a su propio bloque del Frente de Izquierda.

 

Schlotthauer utilizó la tribuna parlamentaria para denunciar la farsa de la supuesta Ley de Emergencia Alimentaria. “Si la emergencia alimentaria está vigente hace 17 años, quiere decir que los que gobernaron no lo hicieron para terminar con el hambre del pueblo, sino para llenarles las arcas a los exportadores”. Respecto a lo que rebautizó como “Ley de redistribución de migajas” añadió que “decir que con esta ley se termina con la emergencia alimentaria es una mentira más grande que todo el universo”.

 

CONSECUENCIAS INMINENTES

 

Luego de su intervención y de su consecuente abstención comenzaron los ataques. La burguesía está interesada en utilizar al Parlamento para legitimar su régimen de explotación, pero no es su único objetivo. Busca además alimentar las ilusiones en la posible resolución de las demandas a través de sus mecanismos constitucionales, como en este caso la Ley de Emergencia Alimentaria. Pero también, está vivamente interesada en presionar con todas sus fuerzas a los representantes – que se reclamen socialistas – que lleguen a sus recintos, buscando corromperlos, domesticarlos, amansarlos.

 

Solo unas horas tuvieron que pasar para que periodistas, politiqueros y empresarios comenzaran una furibunda campaña en contra de Mónica Schlotthauer, intentando demonizarla de cara a la población, y principalmente a los movimientos de desocupados. Desde Cambiemos al Frente de Todos no perdieron oportunidad para recriminarle su abstención, sellando uno de los primeros pasos del Pacto Social de Gobernabilidad que comienzan a tejer. En ese sentido, cobra especial importancia la defensa de su abstención.

 

EL FIT INTERVIENE EN CLAVE ELECTORAL

 

Muy distinta fue la actitud de Nicolás del Caño del PTS y Romina del Plá del Partido Obrero, los otros dos diputados del Frente de Izquierda en el Congreso. Del Caño intentó matizar señalando que era solo “un paliativo”. Del Plá a su turno sostuvo “no podemos dejar de apoyar un proyecto que en forma muy limitada, con muchas vueltas, plantea el aumento de 10 mil millones de las partidas para los comedores comunitarios”. Los dos apuntaron que era necesario votar (¡!) otras tantas leyes más. Sin embargo, ¡ambos votaron a favor de la Ley de Emergencia Alimentaria!

 

Izquierda Socialista cuestionó (correctamente) el voto a favor de sus compañeros de frente. A pesar de eso, este cuestionamiento tenía como objetivo señalar que la abstención de los 3 hubiese potenciado la fórmula presidencial del FIT-U de cara a las próximas elecciones de octubre. Es decir, la esencia de la crítica estaba escrita con tinta electoralista. Esa característica debe ser señalada.

 

EL TRABAJO DEL POR

 

La presentación de leyes burguesas aparentemente “progresivas” o que pudiesen ser un “paliativo” no es una cuestión nueva para los revolucionarios. Ya August Bebel a fines del siglo XIX comenzó a estudiar este problema y de qué forma podría ser utilizado por los revolucionarios para potenciar la lucha revolucionaria. Unos años después la experiencia en las Dumas zaristas en Rusia mostraría el más alto nivel de comprensión alcanzado, transformándose en un material de obligado estudio.

 

Lamentablemente pareciera que para algunos supuestos izquierdistas, la experiencia del Partido Bolchevique ha transcurrido en vano. Se esmeran por pisotear sus enseñanzas, ocultar sus lecciones y restringir su conocimiento. De esta forma el trabajo que venimos presentando desde el Partido Obrero Revolucionario cobra una dimensión enorme.

 

Por ejemplo en las resoluciones de la V Conferencia del POSDR se señala que “debe ser norma general votar en contra de los distintos artículos de los presupuestos, pues su cumplimiento va unido casi siempre no solo a la tutela, sino al influyo directo de los ultrarreacionarios. En aquellos casos en que se considere probable el mejoramiento de la situación de los trabajadores a pesar de estas condiciones, se recomienda abstenerse en la votación y hacer obligatoriamente una declaración en la que se exponga la posición socialista”. O también en la reunión del CC del POSDR de 1913 “(…) en los casos en que el mejoramiento, en virtud de las condiciones que para él pone la IV Duma, sea dudoso, la minoría se abstiene, siendo indispensable que motive especialmente la abstención, después de haber discutido antes el problema con representantes de las organizaciones obreras”, por citar tan solo dos ejemplos del amplísimo material disponible.

 

CONCLUSIONES

 

Como señalaba Lenin “El Gobierno ofrecerá nuevas leyes. Lo mismo harán los octubristas, los kadetes y los centurionegristas. Todas esas leyes serán un descarado engaño al pueblo, una burda violación de sus derechos e intereses, una burla respecto de sus reivindicaciones, un ultraje a la sangre derramada por el pueblo en defensa de la libertad. Todas esas leyes defenderán los intereses de los terratenientes y capitalistas. Cada una de ellas será un nuevo eslabón en las cadenas de la esclavitud que preparan los opresores y parásitos de los obreros, campesinos y pobres de la ciudad. No todos lo comprenderán de primera intención. Pero los socialdemócratas lo saben y lo comprenden, y por eso lo denuncian valientemente al pueblo engañado” (“La III Duma del Estado y la Socialdemocracia”).

 

El primer deber de todo diputado revolucionario en un parlamento burgués era no votar a favor de tremendo engaño. Era necesario desenmascarar esta manifiesta muestra de componendas entre el Macrismo y el Frente de Todos, en pos de la gobernabilidad. Había que destruir esta ley, combatiendo cualquier mínima expectativa que pudiese generar entre los oprimidos. La dirigente ferroviaria fue la única que lo cumplió.

 

El segundo deber consiste en señalar qué es lo que podemos esperar de esos parlamentos, de esos recintos y cómo actúan para confundir a las masas. Era necesario partir de una caracterización sobre las instituciones de la burguesía. Y al mismo tiempo señalar el programa y los métodos para imponer nuestras reivindicaciones, que no serán a través de una ley, ni esta ley de migajas, ni ninguna otra por más embellecida que esté. Este segundo aspecto no ha sido cumplido ni remotamente.

 

Y es este segundo “deber” el más importante, puesto que señala un curso de acción, señala un norte político que delimita todas nuestras intervenciones tácticas. Es el que politiza a las masas y coloca a la clase obrera como referencia indiscutida del resto de los oprimidos en la conquista de sus reclamos. Es la única capaz de destruir las ilusiones parlamentarias, marcando la necesidad de la lucha contra todo desvío del camino revolucionario.

 

(nota de MASAS nº 359)