POR UN 1° DE MAYO OBRERO, SOCIALISTA E INTERNACIONALISTA

QUE LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS ECONOMICA MUNDIAL Y LA PANDEMIA LA PAGUEN LOS CAPITALISTAS

 

Este 1° de Mayo será diferente. No habrá actos ni movilizaciones, sólo actividades aisladas. Seguramente en la mayoría de los países será igual. Las medidas de confinamiento de los gobiernos impiden las concentraciones masivas y el libre tránsito, y las organizaciones sindicales de la clase obrera y la gran mayoría de las organizaciones políticas aceptan sin chistar estas medidas, subordinándose a las políticas del gobierno de turno

 

Estamos viviendo una situación de catástrofe mundial con una caída de la producción y el comercio que destruye decenas de millones de puestos de trabajo, una crisis única en la historia. A este punto nos ha llevado la descomposición capitalista, no el coronavirus.

 

Hay motivos más que suficientes para protestar y movilizar. Estamos en una situación extremadamente crítica, la recesión de la economía lleva varios años y las políticas del nuevo gobierno fracasaron porque no apuntaron a reactivar la economía sino a pagar la deuda externa, y encima llegó la pandemia, que agrava fuertemente la situación anterior. El cierre de talleres, fábricas y comercios se potenciará. Cuando termine el confinamiento nos encontraremos en una situación mucho peor a la que teníamos. ¿Es responsabilidad de este gobierno? Sí, porque no está dispuesto a tomar las medidas necesarias para enfrentar una crisis de la magnitud que vivimos, por su subordinación a los grandes capitalistas.

 

Exigimos:

 

» parar ya mismo los despidos y las suspensiones que afectan a cientos de miles de trabajadores;

» terminar con toda forma de precarización laboral;

» parar la reducción de salarios. Las empresas reciben del gobierno el 50% de nuestros salarios y ni siquiera quieren pagar el 50% restante. Cuando la gran mayoría de los trabajadores tenemos salarios que están muy lejos de alcanzar lo que cuesta la canasta familiar; ¿A quién consultó la burocracia sindical para acordar rebajas salariales? Los traidores dicen que es para garantizar un piso de ingresos a cambio de que no haya más despidos;

» no es nuestra responsabilidad las medidas que se tomaron. No somos los trabajadores los que decidimos esta forma de confinamiento. Es el gobierno que toma la decisión ante el desastre del sistema de salud, destruido en varios gobiernos;

» que el sistema de salud integre ya mismo a todas las clínicas privadas, laboratorios, obras sociales, en un sistema único de salud gratuito, para todos. ¡Basta de seguir subsidiando y entregando recursos a la actividad privada! Ante la mínima sugerencia de centralizar los recursos del sistema de salud los empresarios y la burocracia desataron una ofensiva que terminó con el gobierno reculando;

» imponer el control obrero sobre las condiciones de higiene y seguridad en todos los lugares de trabajo;

» exigir que todos los trabajadores del sistema de salud cuenten con todos los medios adecuados para trabajar sin exponerse al contagio;

» asegurar que ningún trabajador registrado o no, y su familia, queden sin su comida diaria, sin los elementos de higiene y protección, sin los servicios básicos de agua, electricidad, gas, internet y telefonía. Suspender el pago de los alquileres hasta tanto se retome la actividad económica a pleno y poner en pie un plan de obras públicas para construir las millones de viviendas que hacen falta.

» ¡parar la inflación! Estamos hartos de que nos vacíen los bolsillos todo el tiempo. No se resuelve con decretos ni retos por televisión. Es necesario imponer la apertura de todos los libros de todas las empresas junto con el control obrero colectivo. Imponer un férreo control de precios estatizando sin pago toda la producción en gran escala de alimentos y las grandes cadenas de supermercados

 

Citamos sólo algunos de los reclamos más urgentes, que sólo podrán ser impuestos con nuestros propios métodos de lucha.

 

No podemos dejar en manos de la burguesía, que nos condujo al abismo, la resolución de este desastre que tenemos por delante.

 

Ya pasaron dos meses del comienzo del virus y todavía no adoptan las medidas para poner las fábricas a producir todos los elementos imprescindibles para proteger la salud, que van apareciendo con cuentagotas, cuando tendremos en pocas semanas el pico de contagios y se saturará el sistema sanitario. Los trabajadores de la salud, desde varios establecimientos, siguen reclamando que no les llegan todos los elementos requeridos.

 

Hay motivos para barrer ya mismo con toda la burguesía miserable, corrupta, especuladora, fugadora de divisas, que tiene 400.000 millones de dólares en el exterior, que no quiere pagar impuestos. Esa burguesía que exige que se reconozca la deuda externa fraudulenta y que la paguemos otra vez todos nosotros. Esa burguesía que suspende y despide en medio de la pandemia. Que sube los precios de los productos esenciales y pide que se eliminen los controles de precios. Que chantajea a la sociedad provocando desabastecimiento si no la dejan poner los precios que quiere. Que retiene las cosechas para presionar por una devaluación del peso. Que se niega a garantizar las condiciones sanitarias mínimas e indispensables para los trabajadores. Que destina enormes recursos a la especulación financiera, al acaparamiento de dólares. Quiénes sino ellos están especulando hoy haciendo subir el dólar paralelo al doble del oficial.

 

Estamos hablando de una clase que tiene el poder, bajo todos los gobiernos civiles y militares, y que tiene estrangulada la economía nacional desde hace muchas décadas. Son unos pocos miles, que no llegan a ser el medio por ciento de la sociedad, pero son los dueños del país.

 

Es una clase que siempre se potenció en las peores crisis, saqueando al Estado, apoderándose de los recursos y las empresas, concentrando y centralizando la riqueza en muy pocas, poquísimas manos. Y también se aprovechó para liquidar derechos de los trabajadores.

 

Esa clase es la que bloquea el desarrollo de las fuerzas productivas, es la que ha destruido industrias, que fabricó niveles de pobreza, desocupación, precarización y subocupación cada vez mayores.

 

Esta clase no puede ser reformada. Es definitivamente antinacional. Debemos terminar con ella para poder poner todos los recursos materiales y humanos al servicio de la gran mayoría que trabaja, que produce la riqueza. A la gran mayoría oprimida. Este confinamiento hace visible que sólo la clase obrera produce riqueza, que sin su trabajo se empieza a paralizar toda la economía, por eso la desesperación y presión de la burguesía para que los obreros vuelvan ya a producir, en cualquier condición.

 

Este retrato de la burguesía retrata también a sus instituciones, a sus partidos políticos y también a la burocracia sindical. Todos ellos adoptan los rasgos de esa clase en descomposición.

 

No hay ninguna posibilidad de transformar la sociedad mientras sobrevivan estas condiciones. Muchos nos preguntan con razón si no se trata de una tarea gigantesca, casi imposible. Les decimos que es una tarea enorme, pero que depende de nosotros, de que resolvamos nuestra propia crisis de dirección, que construyamos el partido revolucionario, que recuperemos los sindicatos y la CGT para los trabajadores, que nos autoorganicemos desde las bases. Les decimos que tienen razón, pero les decimos que no tenemos alternativa. Nos han colocado frente al abismo y no tienen otra cosa que ofrecer que la barbarie, ¿Hasta cuándo nos van a seguir ajustando? ¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos sigan ajustando?

 

Es hora de imponer un plan de emergencia para reconstruir la economía y reconstruirnos como clase.

 

Este 1° de Mayo coloca estas preguntas sobre la mesa. La vanguardia obrera consciente, militante, debe hacer un balance de lo que ha pasado en las últimas décadas, de todos los fracasos, de todas las ilusiones y frustraciones. La clase obrera ha dado muestras sobradas de voluntad de lucha. Es hora de reafirmar los principios proletarios, el programa, la estrategia de la clase obrera, los métodos de lucha y de organización. Tenemos por delante una responsabilidad histórica. Debemos trabajar por la unidad de todos los luchadores detrás de una perspectiva de clase, obrera, socialista. Es necesario desterrar toda ilusión democratizante, pacifista, legalista, de transformación de la sociedad.

 

La estrategia de la clase obrera es el socialismo, el comunismo, y la única vía para alcanzarlo es la revolución social que termine con la dictadura de la burguesía y su Estado e instaure la dictadura del proletariado (gobierno obrero y de la mayoría oprimida de la ciudad y el campo).

 

Sólo por la vía de la revolución social se podrán expropiar los grandes medios de producción en manos de la burguesía.

 

Sólo por esa vía podremos estatizar la banca y el comercio exterior, desconocer toda la deuda externa e interna, recuperar todas las empresas privatizadas. Todos sabemos que tales medidas nunca se resolverán por ley del Congreso o por medio de una constituyente.

 

La burguesía está postrada ante las imposiciones del capital financiero internacional, por eso no da marcha atrás con las contrarreformas neoliberales de la dictadura y Menem

 

La burguesía agotada y en descomposición, que ha detentado el poder bajo formas democráticas o de dictadura militar, peronistas o radicales, nacionalistas o liberales, nos lleva a un desastre mayor. Sólo la clase obrera, que nunca alcanzó el poder, puede ordenar la economía y planificarla al servicio de la mayoría, terminando con el caos y la anarquía de un régimen al servicio de una minoría parasitaria.

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