Guatemala: La crisis del régimen y la lucha por la independencia de clase del proletariado

El 29 de julio se decretó una huelga general. Las protestas estallaron en todo el país, paralizando la producción agrícola, el comercio, las universidades, las industrias y parte del transporte. Decenas de bloqueos de carreteras y manifestaciones, en las que convergieron 35 organizaciones campesinas, indígenas y populares, con decenas de miles de manifestantes.

Las masas exigieron la renuncia del presidente, Alejandro Giammattei, y de la Fiscal General, Consuelo Porras, y la restitución del jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, Juan Francisco Sandoval, destituido por orden de Giammattei. Su destitución pretendía frenar el avance de las investigaciones por corrupción contra el presidente y los empresarios, bajo la sospecha de la compra con sobreprecio de millones de dosis de la vacuna Sputnik-V, contra el Covid-19.

El gobierno de Biden comparó la renuncia de Sandoval con un retroceso en los acuerdos bilaterales entre ambos países en la «lucha contra la corrupción». Cuando Sandoval anunció que iba a emigrar a El Salvador, alegando que temía por su seguridad y la de su familia, el gobierno estadounidense anunció que «congelaba» las relaciones entre los poderes judiciales de ambos países.

El «castigo diplomático» de Estados Unidos representa un nuevo paso en la táctica imperialista hacia un aliado histórico en la región. Guatemala, semicolonia del imperialismo, ha sido durante años base del intervencionismo y de la organización de fuerzas «antiterroristas», financiadas por la CIA, que actuaron en El Salvador contra la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y en Nicaragua, contra la revolución sandinista. Más recientemente, el imperialismo ha creado y establecido una red de vínculos estrechos con jueces, fiscales y cuerpos de policía especializados en las semicolonias para debilitar a los gobiernos.

Lo cierto es que Giammattei se ha mostrado incapaz de arbitrar los intereses contrapuestos de la burguesía, afectada por la paralización de los negocios con la pandemia. No es casualidad que la decisión de EEUU haya echado más leña al fuego de la crisis al chocar con los partidos de la oposición, las facciones de la burguesía, la burocracia universitaria y la Iglesia, que apoyaron las movilizaciones.

Es en este marco de ruptura de la democracia burguesa y de agravamiento de los estragos de la pandemia y de la crisis económica, que las masas han estallado, expresando su descontento. La revuelta contra las medidas autoritarias del gobierno dio paso rápidamente a reivindicaciones más urgentes: vacunación universal e inmediata para todos; ampliación del presupuesto para la sanidad pública; subsidio universal para los desocupados, los pobres y los miserables; reducción del precio de la gasolina, etc. Esto se reflejó también en el cambio de la composición social de las protestas, ganando protagonismo la confluencia de los explotados urbanos y los oprimidos (asalariados, trabajadores del sector público, indígenas, campesinos, etc.).

Sin embargo, la clase obrera está ausente, como fuerza social colectiva y políticamente organizada como clase independiente ante la burguesía y la pequeña burguesía. De forma que las masas y los pueblos oprimidos no tienen como delimitarse y romper las maniobras burguesas, que pretenden desviar su revuelta al terreno de la solución institucional (elecciones anticipadas).

La burguesía y el imperialismo temen que las actuales movilizaciones acaben superando los límites democrático-burgueses que intentan imponer. Es lo que ocurrió a finales de 2019, cuando un levantamiento obrero y popular tumbó la ley de presupuestos, aprobada por Giammattei, y el Congreso nacional, que descargó el aumento de la deuda externa sobre las masas, en forma de contrarreformas laborales y de pensiones.

Cuanto más se acelera y profundiza la crisis de los gobiernos burgueses en América Latina, más se destaca la necesidad de superar la crisis mundial de dirección. No hay otro camino que construir el partido revolucionario, como sección del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional. El despertar de una vanguardia proletaria en Guatemala será de gran ayuda para los demás explotados latinoamericanos, que también soportan el flagelo de la pandemia, la miseria y el hambre, y que luchan contra la burguesía, sus gobiernos y el imperialismo.

 

(POR Brasil – Massas nº 645)

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