Un nuevo asesinato de la Policía Bonaerense

Cuando aún continúa fresco en la memoria el asesinato de Lucas González en Barracas por la policía de la Ciudad en Buenos Aires, y se confirma que Alejandro Martínez fue molido a golpes hasta la muerte en la comisaría de San Clemente del Tuyú, un nuevo hecho golpea de frente a los oprimidos. “¡Nos están matando!” señalan -con justa razón- jóvenes amigos y familiares de Luciano Olivera frente a la Municipalidad de Miramar.

Sucede que el joven de 16 años que retornaba de jugar al fútbol en su moto el viernes 10 de diciembre se encontró de frente al rostro descarnado del capitalismo. Las fuerzas represivas le dispararon sin ningún tipo de contemplaciones.

El guion justificativo no mostró ninguna novedad: “Un accidente de tránsito” fue la primera versión con la que los familiares se encontraron, aunque fuese evidente el orificio por arma de fuego en el centro del pecho. La versión se transformó en “el arma se disparó sola”. Ni uno de los vecinos de Miramar tuvo que aguardar el resultado del peritaje balístico para notar que había sido un nuevo fusilamiento de las fuerzas represivas.

 

El rol de Berni

Aunque sostengan que se trata de “un mal desempeño” o un policía que “hizo todo mal”, la justificación debe buscarse en otro lado. Sergio Berni como Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires que dirige Kicillof se ha venido jactando de tener “150 delincuentes abatidos”; o de haber realizado lo que correspondía en el brutal desalojo y represión en Guernica; o reivindicar el accionar de encubrimiento en el asesinato de Facundo Castro.

Esas son las bases materiales sobre las que maduran este mayor hostigamiento y persecución a los jóvenes, con las fuerzas represivas envalentonadas en su accionar discrecional.

Este Gobierno provincial que infla el pecho anunciando su “plan de profesionalización” de la policía y el incremento del 40% de su plantilla represiva, no tiene cómo escapar a la lógica del reforzamiento del aparato represivo, de la dictadura civil inaugurada por el macrismo.

 

Superar las respuestas limitadas

La multitudinaria movilización hacia la Comisaría y luego hacia el edificio Municipal fue brutalmente reprimida mientras se “celebraba” el Día de la Democracia en Plaza de Mayo. Notable paradoja que muestra de cuerpo entero la dictadura de la burguesía y sus “democráticas” instituciones.

Por eso se muestran impotentes las reformas dentro del marco burgués. No se trata de “democratizar” las fuerzas, como algunos plantean. Ni tampoco de educarla en la perspectiva de derechos humanos y cuestiones de género. La respuesta de los revolucionarios parte de dilucidar las raíces objetivas de la política estatal de fusilamientos, y el rol que están llamadas a cumplir en la situación política actual.

Y allí debemos hacer notar que no hay posibilidad de imponer una confiscación a los trabajadores ocupados, desocupados y jubilados que pase sin represión; que no hay posibilidad de aceptar la política fondomonetarista sin militarizar los barrios; que no se puede cumplir las recetas de ajuste de las transnacionales sin regimentar a las masas. Por eso no pueden desarmar la dictadura civil del macrismo y nos encontramos cada vez más frecuentemente con estos hechos.

El desmantelamiento de las fuerzas represivas solo puede efectivizarse en la perspectiva de la lucha por el poder de los oprimidos, acaudillado por la clase obrera. La organización en los barrios y en los lugares de trabajo debe partir de la confianza absoluta en las propias fuerzas, sin depositar la mínima confianza en las respuestas dentro del régimen social de explotación, en las leyes, en los diputados, en el Congreso. La respuesta frente a la política represiva no es otra cosa que una lucha contra el poder burgués.

(nota de MASAS nº407)

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