El fracaso o poco éxito del federalismo en América Latina

El Federalismo en América Latina no ha alcanzado los niveles de desarrollo y éxito que tiene en otras latitudes del mundo, particularmente en EEUU y Europa, las razones están a la vista.

En EEUU y Europa el sistema federal se cimienta en el desarrollo de un poderoso mercado interno que ejerce una fuerza de unificación de todas las regiones vinculadas a él, porque del él dependen. El desarrollo de este mercado interno hace parte del desarrollo del modo de producción capitalista, gracias a la expansión de las fuerzas productivas impulsadas por los intereses del gran capital que crean lazos de unión más fuertes que los lazos de sangre del periodo feudal, dominado por la producción local, artesanal, individual y familiar y de alcances muy limitados. Con el desarrollo de este mercado interno, viene aparejada el desarrollo de una cultura federal, entendida como el desarrollo de fuertes instituciones democráticas regionales que administran los intereses locales estrechamente vinculados a las otras regiones con las que comparten intereses comunes y que dan cuenta de la importancia para todas ellas de contar con un Estado Federal fuerte que pueda hacer prevalecer sus intereses comunes antes las otras naciones-estado. El caso de las 13 colonias norteamericanas, que desarrollaron fuertes lazos de comercio interno y externo, cuyas instituciones de gobierno locales encontraron que para enfrentar la amenaza a sus intereses que representaban las políticas coloniales, los impuestos y tributos obligados por Inglaterra, dieron origen a los EE.UU. de Norteamérica como Estado federal.

Para el caso latinoamericano, como afirma un investigador mexicano, Los territorios de España y Portugal, en América Latina, por el contrario, no contaban con ninguna experiencia de representatividad democrática y de autogobierno. No hubo una evolución paulatina de instituciones y prácticas democráticas, sino que estas llegaron en barco, a través de los libros provenientes de Europa. A diferencia de los Estados Unidos, después de la independencia se vivió bajo las mismas prácticas y valores arquetípicos del feudalismo.”

“El peso de este pasado colonial, caracterizado por la continuidad de las viejas instituciones feudales españolas y, en su caso, portuguesas, ha sido minimizado por el constitucionalismo latinoamericano. Para la construcción de los Estados federales en América Latina no se estimó que fuera determinante ese legado colonial que forjó una cultura cimentada en prácticas despóticas y autoritarias, las cuales aún hoy en día siguen arrastrando como grilletes en los tobillos. Se dio por hecho que cada provincia o Estado bien podía hacerse cargo de las responsabilidades de gobierno, independientemente de su desarrollo cultural, social o político; solo bastaba que las dejaran desarrollarse y no ser oprimidas por el poder central.

(Jorge Chaires Zaragoza: Dialnet-ElFracasoDel FederalismoEnLatinoamericaUnEstudioCom-6773366.pdf)

Lo que acá falta anotar es que la supervivencia de las relaciones sociales de producción pre- capitalistas y la ausencia de un desarrollo capitalista integral de los diferentes países de América Latina, vino aparejada con la ausencia de integración de vastas regiones del continente a un gran mercado interno que siente las bases de la unidad nacional y latinoamericana. Latinoamérica es la región de las republiquitas, donde los intereses locales de las burguesías y las oligarquías terratenientes se imponen frente a los intereses nacionales y continentales. Las causas del fracaso o del poco éxito del federalismo en América Latina se explican como consecuencia del poco desarrollo capitalista de la región, dominada por la economía combinada donde subsistencia formas pre- capitalista con la consiguiente ausencia de instituciones y cultura federal de larga tradición. El federalismo latinoaméricano termina desvirtuado y convertido en el espacio de la corrupción generalizada de las oligarquías locales que tienen con él las manos libres para disponer de los recursos regionales para terminar entregándolos a la voracidad saqueadora del imperialismo que saca ventaja del predominio de los intereses de las burguesías regionales convertidas en intermediaras entre el gran capital financiero imperialista y la nación oprimida.

Bolivia es uno de los extremos de esta pugna, donde la unidad nacional se cimienta en el garrote del Estado central antes que en la existencia de un poderoso mercado interno y donde regularmente el localismo, que reclama el cumplimiento de las tareas democráticas burguesas que permitan superar el atraso y el hambre, termina enfrentadas al Estado central, reclamando medidas políticas como el federalismo, las autonomías regionales e incluso la independencia. La experiencia histórica nacional confirma que esta lucha regional en manos de la clase dominante está condenada de antemano a terminar en la politiquería destinada a entronar una elite corrupta por otra en el poder. (La llamada revolución federal de 1899 es un ejemplo). Lo cierto es que el Estado Boliviano, centralista, autonómico o federal, en tanto el poder este en mano de la burguesía está condenado a fracasar, a terminar en la charca de la politiquería burguesa dejando a las masas obreras y populares en la misma o peor situación de miseria y atraso regional. La experiencia histórica de las luchas regionales en el país, confirma la conclusión de que el cumplimento de las tareas democráticas pendientes que permitan superar el atraso y la pobreza de las regiones sólo será posible cuando esta lucha liderada por el proletariado, aplicando métodos socialistas de gobierno, permita liberal las fuerzas productivas de sus ataduras al gran capital nacional y extranjero.

La clase obrera debe disputar a la burguesía la dirección de las luchas cívicas regionales y ligarlas a la lucha por el socialismo.

(POR Bolivia – Masas nº2725)

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