ASUNCIÓN DE BOLSONARO. DEBAJO DE LA MEDIOCRIDAD, UN DICTADOR FASCISTIZANTE

BRASIL 02 ENE 2019 ASUNCION DE BOLSONARO. DEBAJO DE LA MEDIOCRIDAD, UN DICTADOR FACISTIZANTE

ASUNCIÓN DE BOLSONARO. DEBAJO DE LA MEDIOCRIDAD,

UN DICTADOR FASCISTIZANTE

Expusieron de cuerpo entero la mediocridad del nuevo presidente de la República. El gesto caricatural de Bolsonaro de elevar el tono del discurso retórico cuando se refería a la liberación del país del socialismo, hizo una confesión de fe de defender con sangre los colores verde y amarillo de la bandera brasileña y retiro de su bolsillo una réplica del símbolo nacional como condimento al ensayado discurso. El nuevo presidente se olvidó que está sucediendo a la dictadura civil de Temer, impuesta al país por medio de un golpe de Estado. Olvidó que sin el golpe su candidatura sería inviable.

 

Los aplausos de la audiencia arrastrada completaron la escena insólita y extravagante. Bolsonaro, en lo alto del parlatorio, rebajó incluso la figura de Don Quijote al elegir el socialismo como aquel que amenazaba teñir la bandera de Brasil de rojo. El rojo de su sangre y de los patriotas protegería los colores verde y amarillo.

 

Cualquier persona mínimamente informada sabe que nunca hubo un poder socialista en Brasil. Ni siquiera en toda la historia del país, la clase obrera elevó su conciencia y se organizó al punto de poner en marcha una revolución social. El golpe de 1964 derribó a un gobierno burgués nacionalista, acusado de comunista. En aquel momento era posible esa caricatura histórica del anticomunismo, porque había una situación convulsiva en América Latina y la “guerra fría” predominaba en las relaciones mundiales. Hoy, desplegar la bandera nacional contra el color rojo de la revolución proletaria es simplemente una estupidez pequeñoburguesa.

 

El PT nunca fue socialista. El color rojo adoptado en su bandera no tiene nada que ver con el comunismo. El PT, que fue derrotado en las elecciones, es socialdemócrata hasta la médula. Lula y Dilma gobernaron sin amenazar en nada la propiedad privada de los medios de producción. Gobernaron según los fundamentos del Estado burgués, que en su esencia materializa la dictadura de clase de la minoría explotadora sobre la mayoría explotada.

 

Incluso la prensa, que se inclinó para el lado de Bolsonaro en las elecciones y que promete apoyar a su gobierno, quedó abismada con la escena ridícula del improperio contra un socialismo inexistente y con la inesperada dramatización de una bandera siendo sacada del bolsillo y extendida como si el ganador de las elecciones hubiera derrotado al mayor de los enemigos del capitalismo.

 

Bolsonaro consiguió la hazaña de transformar la posesión presidencial en un circo de mala calidad. No es necesario detallar el entusiasmo de la primera dama, típico de clase media deslumbrada, con su discurso para sordos y mudos. El coronamiento del discurso presidencial, bajo la consigna evangélica “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” basta por sí solo para retratar la estatura intelectual del nuevo presidente.

 

Lejos de pretender comparar a Bolsonaro con Hitler, es posible reconocer dos calidades comunes. Ambos atestiguan la mediocridad y provienen de la pequeña burguesía. De Hitler, sabemos su papel en la historia, como expresión de la ideología nazifascista. De Bolsonaro, sabemos cuánto utilizó el parlamento para defender la dictadura militar. De ahí emana su cultura y la mentalidad militarista. Su visión esquemática de las contradicciones sociales del capitalismo conforma un tipo de misticismo policial. Como un político pequeño-burgués, proveniente de la carrera militar, y encarnación de los intereses de la burguesía, confluyó la mentalidad militarista con la religión. Dice estar al servicio de lo divino y de la patria, en ese orden.

 

En sus batallas en la Cámara de Diputados, Bolsonaro se destacó por combatir a aquellos que se colocaban por los derechos de las mujeres, de los negros y de los homosexuales. Se levantó furiosamente contra el derecho al aborto y los derechos civiles de los homosexuales. No ve tales conflictos como problemas sociales, sino como desvíos que contrarían un supuesto ordenamiento natural emanado de Dios. Se cree que está imbuido de la tarea mesiánica de preservar a la familia contra las degeneraciones, así entendidas por su mentalidad mística policial. No le pasa por la cabeza que la familia ideada por la religión no existe concretamente. Lo que existe es la familia que se desintegra constantemente por la pobreza, miseria y los intereses materiales más mezquinos. Una familia que mantiene a la mujer prisionera de los quehaceres domésticos y de la doble jornada de trabajo. Una familia que alberga el mayor número de asesinatos de mujeres y muchas otras violencias, incluyendo violaciones. La abstracción religiosa no le permite ver que la familia está dividida en clases y que son las familias obreras y de campesinos pobres las que más padecen con el desempleo, subempleo, el salario mínimo de hambre y con la desintegración general de la economía capitalista. Esta misma mentalidad místico-policial lleva a Bolsonaro a creer que la criminalidad y la inseguridad crecen porque la policía está limitada en su capacidad de matar. Postula una seguridad basada en el fundamento militar de guerra civil.

 

Esta mentalidad está obligada a identificar a un enemigo ideológico. Cualquier posición política que busque acercarse a la explicación de que esa multiplicidad de fenómenos destructores de la vida humana tiene causas económicas, sociales e históricas son peligrosas para la patria, la familia y la religión. De ahí viene el hecho de que Bolsonaro coloque en el mismo paquete al conjunto de las izquierdas, incluyendo el PT. Para él, todos los gatos son pardos por la noche. La bandera de liberar al País de la ” b a s u r a m a r x i s t a ” r e fl e j a e n p r o f u n d i d a d e l desconocimiento histórico y teórico de las corrientes políticas. El proyecto “Escuela sin Partido” es el medio por el cual Bolsonaro espera obtener delaciones y motivos preestablecidos para desencadenar la represión. Incluso sectores de la burguesía y portavoces de la prensa se preocupan por la idiotez de creer que la escuela está tomada por la ideología marxista. De conjunto, ese ideario compone la mentalidad fascista del presidente de la República. ¿En qué medida será capaz de aplicarlo? Dependerá de las condiciones políticas y, en particular, de cómo los explotados respondan al gobierno.

 

La fuerza electoral de la candidatura de Bolsonaro, completamente imprevisible, acabó sirviendo de canal de las iglesias evangélicas y de un sector del empresariado ligado a ellas. También sirvió de medio a una fracción burguesa ultraliberal, por lo tanto, francamente proimperialista. La proyección inmediata de Paulo Guedes en la constitución de la candidatura de Bolsonaro indicó al capital financiero e incluso al conjunto de la burguesía que esa era la vía de continuidad de la política económica del gobierno de Temer. Las fracciones burguesas tuvieron ante sí las alternativas de derecha, representada por Alckmin, o de la ultraderecha, por Bolsonaro. La debilidad de Alckmin llevó a un desplazamiento del empresariado hacia Bolsonaro. Alckmin podría haber dado continuidad a la obra del golpe de Estado, que derribó a Rousseff, con la ventaja de no presentarse como una variante fascistizante de la política burguesa. A pesar de estos acontecimientos, el hecho es que Bolsonaro posibilitó una unión entre el ultraliberalismo y la mentalidad fascistizante del ex militar. Hubo, incluso, dudas entre los partidarios de esa candidatura si Bolsónaro había renunciado a sus posiciones estatistas, heredadas de la dictadura militar. Todo indica que ya no hay esa preocupación. El problema, ahora, es de otro orden.

 

El gobierno de Bolsonaro se decidió por la alineación de Brasil a las directrices de Trump. La definición por una de las potencias traerá enormes complicaciones para el país, ya que estan presentes los choques inter-imperialistas en torno a una nueva redivisión mundial de los mercados y fuentes de materias primas. Bolsonaro todavía tendrá que mostrar si será capaz de mantener unidas a las fracciones burguesas que lo apoyan.

 

La decisión de Bolsonaro en apoyar al sionismo en su objetivo expansionista en Palestina y Oriente Medio, siguiendo a Trump, encendió una luz roja en las huestes burguesas que prevén riesgos comerciales con los países árabes, China y Europa occidental. Pasos en falso, en ese sentido, pueden afectar la gobernabilidad. El acuerdo de base que unifica a la burguesía consiste en medidas que descarguen la crisis sobre las masas, impongan el ajuste fiscal, garanticen el pago de la deuda pública y realicen una amplia privatización.

 

Es necesario aún considerar la confluencia de militares para potenciar la candidatura de Bolsonaro y constituir el propio gobierno. La premisa de que está ocurriendo un cambio cualitativo en la política y en las relaciones de Estado debido a que Bolsonaro no depende de las negociaciones partidistas y finalmente en la formación del gobierno sirve para ocultar que lo esencial está en que los generales pasaron a comandar la gobernabilidad. La aplicación de medidas tan violentas y de alineación a las directrices de Trump exige un gobierno que se coloque por encima de las fracciones burguesas y del Congreso Nacional. En otras palabras, un gobierno dictatorial, militarizado y fascistizante.

 

Lo que dijo Bolsonaro en su discurso de posesión dice mucho en cuanto a su carácter ideológico, claramente reaccionario. Lo que no se dijo tiene aún mayor importancia. No le dijo al pueblo que lo asistió que rebajaría el reajuste miserable del salario mínimo previsto por el Congreso Nacional, que comenzaría su gobierno imponiendo la reforma previsional, que acabaría con las demarcaciones de tierras indígenas, las tierras ocupadas por comunidades de los descendientes de esclavos, que abriría las fronteras agrícolas para mayor expansión del agronegocio y que profundizará aún más la reforma laboral.

 

Las centrales sindicales y las organizaciones populares, campesinas y estudiantiles saben perfectamente qué gobierno es este. La oposición liderada por el PT controla buena parte de los movimientos. Las izquierdas, por su parte, se colocan por responder a los ataques de Bolsonaro, al menos en palabras. Sin embargo, después de la derrota de Haddad, nada se hizo para organizar la lucha desde las bases. Si no se rompe el inmovilismo y la política de conciliación de clases que prevalece en el seno de los explotados, el gobierno dictatorial impondrá su plan antinacional y antipopular. Se plantea la tarea de constituir un frente único de lucha, teniendo como base las reivindicaciones de la mayoría oprimida y las respuestas a la política proimperialista de Bolsonaro. Que las centrales, sindicatos y movimientos convoquen a asambleas. Que se constituyan los comités en los lugares de trabajo, barrios y escuelas. Que nos preparemos con la política del proletariado para resistir la ofensiva antidemocrática y fascistizante del gobierno.

 

Hay una tarea particular de la grave situación, que es la de aglutinar la vanguardia con conciencia socialista para construir el partido marxista-leninista-trotskista. El POR comprende que una lucha firme y bien organizada contra las tendencias fascistas de la burguesía impulsará el objetivo de resolver la crisis histórica de dirección.

 

¡ABAJO EL GOBIERNO DICTATORIAL, MILITARISTA Y FASCISTIZANTE DE BOLSONARO!

¡EN DEFENSA DE LAS REIVINDICACIONES VITALES DE LA MAYORÍA EXPLOTADA!

¡POR LA INDEPENDENCIA NACIONAL DEL PAÍS ANTE EL IMPERIALISMO!

¡LUCHEMOS BAJO LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO OBRERO Y CAMPESINO!

¡CONSTRUIR EL PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO!

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