El gobierno no tiene respuesta a los graves problemas sociales porque su política económica está subordinada a garantizar el pago de la deuda externa

(Editorial de MASAS nº 377)

 

La economía mundial está en recesión, en los países imperialistas se registran fuertes caídas de la producción y destrucción del empleo, los bancos centrales han salido al auxilio de las grandes compañías y de sus bolsas, con billones de dólares. La crisis tiene magnitudes extraordinarias, catastróficas. Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales, no tienen idea de cómo se podrá salir de esta situación, cuando todavía no se habían apagado los incendios de 2008. Ni siquiera se podrá volver al nivel del año pasado.

Es en estas condiciones que el gobierno argentino ha negociado el reconocimiento de toda la deuda externa y su pago. Ya ha concretado la refinanciación con los acreedores privados y ahora empieza a negociar con el FMI, el otro gran acreedor. Esa monumental deuda está colocada como una losa sobre la economía nacional. Haber reconocido esa deuda es un acto de traición a los intereses de la nación y de los trabajadores. No hay nada que festejar. Fernández miente cuando dice “esta vez no van a pagar la deuda los que más necesitan.

El total de la deuda equivale al producto bruto del país (PBI). Aunque en los próximos dos o tres años no haya pagos, la promesa es empezar a pagar todo a partir de ahí. Llevándose los acreedores todos los excedentes que produzca la economía. Es una condena.

– Desde ahora el FMI está controlando, auditando, que el gobierno aplique medidas económicas que permitan ir juntando mes a mes los recursos para poder pagar en el futuro. La condena está firme y se aseguran que se cumpla mediante varios ajustes

– El acuerdo es celebrado por los banqueros nacionales y extranjeros, por los grandes capitalistas, porque entienden que este reconocimiento valorizará sus títulos, se podrán abrir para ellos las puertas del crédito internacional y hará bajar las tasas de interés que pagan.

– Para poder pagar, el presupuesto nacional no sólo debe equilibrarse, saliendo del fuerte déficit actual, sino que se deberán generar superávits para poder comprar los dólares para hacer los pagos. ¿Cómo harán para lograr que los ingresos del Estado sean mayores que los egresos? Por un lado, deben mejorar los ingresos por la vía de una mayor actividad económica o cobrando más impuestos y por otro congelando o reduciendo los egresos, reduciendo las inversiones públicas.

– Cuando decimos que toda la política económica está determinada por la decisión de pagar la deuda externa estamos diciendo que no habrá recuperación de los salarios y las jubilaciones, no habrá inversión pública en las escala que se necesita, no habrá presupuestos para educación y salud suficientes, porque la prioridad es que los números cierren para el FMI, para los banqueros.

El gobierno no sólo no está dispuesto a terminar con la gran propiedad privada de los sectores esenciales de la economía, sino que tiene problemas en cobrarles más impuestos (ni siquiera pagan los que debería pagar). La otra vía es aumentar la recaudación por la vía del crecimiento de la economía, pero, ¿cómo va a mejorar la economía si la demanda interna está frenada por los bajos ingresos de la mayoría de la población, cómo va a mejorar si está frenado el comercio exterior? El pago de la deuda externa condiciona desde ya toda la política económica

Por eso el ajuste miserable de las jubilaciones. Por eso los miserables planes de inversión en obra pública. Por esa razón no se ajustan los salarios y se presentan planes asistencialistas como respuesta al desastre de la desocupación. Igual que Macri exaltan el emprendedurismo, las “nuevas” formas de trabajo flexible, totalmente precarizado. NO es cierto que no se puede hacer otra cosa, que no hay otra salida. No pueden hacer otra cosa porque no quieren chocar con la gran propiedad, con los bancos, con los terratenientes, así claro que no se puede.

El Presidente dice una y otra vez que “a la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Mauricio Macri”, que “los salarios y el empleo registrado sufrieron más entre enero y mayo de 2019 que en los mismos meses de 2020”, que “durante los primeros meses de la pandemia el salario real anotó una caída fuerte, del 4 por ciento. Sin embargo, la contracción resultó ser la mitad que la producida en 2019, del 8,3 por ciento”. Una confesión de que no solo no hemos recuperado lo perdido bajo el gobierno de Macri, sino que se ha profundizado el retroceso en el poder adquisitivo de los salarios.

La lucha por defender nuestras condiciones de vida y de trabajo, por puestos de trabajo genuino y por salario y jubilación que alcancen para vivir como personas, es incompatible con reconocer la deuda externa.

La clase obrera tiene un plan completamente distinto, opuesto al de los grandes capitalistas, banqueros y terratenientes, un plan de emergencia para salir de la situación catastrófica en que nos encontramos:

* Salario y jubilación mínimas equivalentes al costo de la canasta familiar; defensa de los convenios colectivos, discutir en todos los lugares de trabajo el ajuste salarial y las condiciones de trabajo;

* Ni un trabajador sin trabajo, ¡trabajo genuino para todos! ¡Basta de precarización y esclavización laboral! Reducción de la jornada laboral sin reducir el salario, para repartir todo el trabajo entre todos los trabajadores. Los planes del gobierno son trabajo precarizado, en negro y malpago.

* Sistema único de salud, nacional, gratuito, universal, para toda la población, expropiar todo el sistema privado incorporándolo al sistema público (clínicas, laboratorios, etc.). Todo el presupuesto necesario para salud, para equipamiento, prevención, atención, para salarios, edificios. Los trabajadores debemos tomar el control de nuestra salud, estableciendo los protocolos para el transporte, para trabajar, etc.

* Sistema único, nacional y gratuito de educación, incorporando al sector privado, a todos sus trabajadores y sus instalaciones.

* Plan de obras públicas a largo plazo para solucionar el déficit habitacional, agua corriente y cloacas para toda la población al igual que la red de gas. Las obras deben estar en manos de empresas estatales bajo control de los trabajadores. Construir y reparar todas las escuelas y hospitales que sean necesarios.

* Desconocer la deuda con el capital financiero, sea local o extranjera, desconocer los acuerdos con el FMI, rechazo a su auditoria sobre la economía nacional. Estatización del sistema bancario, incorporándolo al sistema oficial, bajo control obrero. Nacionalización del comercio exterior.

* Expropiación del latifundio para transformarlo en granja colectiva, para que podamos decidir qué se produce, cuánto, para quién, en qué condiciones, para preservar todos los recursos. Impedir la tala indiscriminada de bosques. Entregar las tierras a los campesinos y comunidades originarias que han sido desalojados de sus tierras. Entregar tierras a aquellas comunidades que quieran trabajarla, y posibilitar su incorporación a la granja colectiva cuando así lo deseen.

* Recuperar todos los lagos, los ríos, el mar. No puede haber privatización de los recursos naturales. Todos los puertos, todos los accesos deben ser estatales.

* Imponer el monopolio estatal del petróleo bajo control obrero colectivo, expropiando toda la actividad hidrocarburífera, desde la exploración hasta la refinanción y comercialización. Expropiar las empresas de energía desde la generación hasta la distribución

* Las grandes cadenas de comercialización que concentran la venta de artículos de primera necesidad deben ser confiscadas para establecer centros de distribución que permitan el acceso de todas las producciones y los productores regionales a los mercados a precios que se puedan pagar y en buena calidad.

Esta es la única salida ante el desastre que se vive que nos empuja a la barbarie. No hay otra. El capitalismo está descompuesto, en proceso de desintegración y nos hunde en la pobreza, la miseria, el hambre, la desocupación y junto con ellos todos los flagelos que azotan a nuestra sociedad en ruinas.

A quienes nos dicen que no se puede, les decimos que esto es lo que corresponde hacer para salir de la catástrofe social, económica, política y sanitaria. Que para eso deberemos realizar una verdadera rebelión nacional que termine con la gran propiedad de un puñado de ricos cada vez más ricos, verdaderos parásitos sociales. Para eso tenemos que recuperar los sindicatos y todas las organizaciones sociales, colocando a la cabeza a dirigentes que expresen estas ideas y que se apoyen en los métodos de lucha de la clase obrera. Para eso tenemos que avanzar en la construcción de la dirección revolucionaria, tarea en que estamos empeñados desde el POR y desde el CERCI, porque estos problemas se reproducen en todos nuestros paises. El capitalismo no se puede reformar, su sobrevivencia condena a toda la humanidad, debemos acabar con él. El camino es la revolución social, la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino, de los oprimidos de la ciudad y el campo). No hay caminos intermedios, no hay etapas, no hay forma de colaborar o conciliar con aquellos que defienden el orden presente.

 

 

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