El comienzo de una nueva farsa electoral

El pasado 24 de julio se presentó la lista definitiva de precandidatos de cada uno de los frentes políticos a nivel nacional. Se da por descontado, de aquí en más, que el grueso de la atención buscará concentrarse en las elecciones legislativas de septiembre (PASO) y luego las generales en noviembre. De esta forma, quedó formalmente inaugurado el período electoral 2021.

Del total de 257 representantes de la Cámara de Diputados, 127 serán repartidas este año en las 24 provincias. Prácticamente la mitad saldrán de 4 provincias: 35 por Buenos Aires, 13 por Capital Federal, 9 por Córdoba y 9 por Santa Fe. El campo de batalla por hacerse del control de una banca, aunque descarnado en todas las provincias (donde también se eligen diputados provinciales), tendrá su epicentro en estas 4 provincias. También se eligen 24 de los 72 senadores nacionales.

Ya conocemos todo lo que la campaña electoral trae consigo inevitablemente. Las promesas de campaña harán sofocante el ambiente; las extintas recorridas por nuestros barrios volverán a florecer; las forzadas conversaciones de candidatos con los vecinos -tantas veces olvidados y muchas más ninguneados- ganarán un lugar prioritario en la TV; los slogans de campaña disputarán el podio por ver quién logra la mayor despolitización; y un innumerable número de etcéteras, nos traerán estas elecciones. Nuevamente, para desgracia de los oprimidos, los aspectos fundamentales de nuestra situación estarán ausentes del debate.

Tempranamente las listas ya demuestran el contenido de vulgar politiquería que representan estas elecciones. Funcionarios cuyo único mérito consiste en procurarse calentar un sillón durante unos años, o bien famosos del espectáculo atraídos a la farsa electoral para usufructuar su fama, aparecerán con mayor frecuencia, una y otra vez. También veremos a los burócratas sindicales, o sus parejas, más interesados en un lugar en el Parlamento que en defender a quienes dice ser su representante. Infames fascistoides tampoco se perderán su cita en la farsa electoral, diciendo impunemente sus barbaridades a los cuatro vientos.

Las elecciones buscarán distraer la atención de nuestros problemas y los métodos de los que históricamente nos hemos valido para conquistar e imponer nuestras reivindicaciones. Y esto aunque mencionen el problema de la pobreza, de la desocupación, del enfrentamiento al covid, de la deuda o la inflación… solo lo harán para estafarnos una vez más. Lo harán para reclamar una nueva cuota de confianza, con la que jurarán ahora sí resolver estos problemas.

Estas elecciones se darán en un contexto caracterizado por una situación convulsiva en América Latina, con rebeliones gigantescas que sacuden amenazantemente toda la región. Con cientos de miles e incluso millones de oprimidos ganando las calles para imponer lo que un Congreso, un Parlamento, o un Gobierno no es capaz de cumplir. En donde solo la ausencia de dirección revolucionaria evita que se desarrolle y generalice lo que las masas en un tenaz y abnegado esfuerzo realizan instintivamente.

Estas elecciones se darán, también, en medio de la masacre sanitaria que representa la política burguesa frente al coronavirus a lo largo y ancho del planeta. El contexto de pandemia en las presentes elecciones ha dejado en evidencia que la burguesía como clase es incapaz, impotente e históricamente caduca para enfrentar cualquier tipo de crisis, y que la estrategia no pasa por otro lado más que en sepultar su régimen social de explotación a través de la revolución socialista. La política burguesa frente al coronavirus constituye una verdadera masacre sanitaria. Y Argentina no ha sido la excepción, sino una de las representaciones más descarnadas sobre el destino trágico de barbarie capitalista.

Lamentamos señalar una vez más que un sector muy valioso del activismo y de militancia obrera entrará enceguecidamente a la campaña electoral bajo las formas que más le interesan a la burguesía y no como verdaderos revolucionarios, tal y como enseña la experiencia histórica. Entrarán para insuflarle nuevas expectativas a la democracia burguesa, en su esperanza de convertirse en “la tercera fuerza” y buscando desesperadamente conquistar alguna que otra banca que le permita presentar sus tan proclamados proyectos de ley o interpelaciones. Trabajarán, consciente o inconscientemente, por alimentar las ilusiones en salidas institucionales, por encauzar el descontento a los marcos del régimen burgués, y, lamentablemente, para retardar aún más el lento, impostergable y persistente trabajo de politización revolucionaria de las masas, que solo el POR lleva a cabo.

Se engañan quienes pretendan ver en los candidatos presentados a estas elecciones, intereses antagónicos o programas irreconciliables. Se engañan quienes pretendan ver la posibilidad de conquistar alguna mejora a través de la papeleta electoral. Se engañan quienes no hayan extraído las lecciones más importantes de lo que sucede en la situación política internacional, sobre todo en América Latina.

Mientras más temprano seamos conscientes de nuestras tareas y responsabilidades, mientras más rápido asimilemos las lecciones de las rebeliones en curso en el Continente, mientras mejor superemos las ilusiones democratizantes y mientras más disciplinadamente nos organicemos por sepultar este cadáver putrefacto que representa el capitalismo, menos energías dilapidaremos y más prontamente habremos detenido la barbarie social que somete a los explotados del mundo.

¡Para explicar una y otra vez estas cuestiones, el POR interviene en estas elecciones con toda su energía militante!

 

(nota de MASAS nº398)

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