Brasil: ¡Que las centrales, los sindicatos y los movimientos organicen y movilicen a los explotados contra la pobreza, la miseria y el hambre!

Repudiemos la utilización electoral de las necesidades apremiantes, el sufrimiento y la desesperación de los oprimidos

¡Por un programa de lucha y por una organización independiente de la clase obrera y demás trabajadores!

Carta abierta del Partido Obrero Revolucionario (POR) – Brasil 21 de junio de 2022

Millones de brasileños no tienen que para comer. El hambre debilita a los organismos y los mata. La indigencia provoca sufrimiento, dolor y desintegración social. El hambre no perdona a niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres. Si uno no tiene un trabajo y un salario capaz de alimentar a su familia, la miseria avanza sobre ella y el hambre la arrastra a una muerte prematura.

La miseria y el hambre son los semilleros de las enfermedades, el crimen y todo tipo de violencia. Y son utilizados por los gobiernos para presentarse con una cara humanitaria, proveedores de «programas sociales»; por las organizaciones benéficas para pedir ayuda en nombre de los miserables y hambrientos; y, en tiempos de elecciones, como ahora, para prometer soluciones que nunca llegarán. De la mesa de los ricos explotadores y sus gobernantes sólo caen migajas.

Históricamente, la «geografía del hambre» ha sido expuesta desde hace tiempo. Ahora, está aún más extendida en todos los rincones de Brasil. En un pasado no muy lejano, el hambre levantó su frío rostro y se destacaba sobre todo en las regiones de desarrollo más atrasado del norte y el noreste. Hoy, el rico sudeste y el sur se ven superados por el avance de la pobreza, la miseria y el hambre. Las favelas y los barrios pobres existen desde hace tiempo, pero progresivamente han crecido hasta alcanzar proporciones gigantescas. Se han convertido en el refugio de millones de familias. Retratan el carácter estructural de la miseria y el hambre. Exponen la quiebra del capitalismo. Y dan la dimensión de lo mucho que se orienta el Estado burgués a contener las consecuencias brutales de la miseria con la violencia policial; lo mucho que se desvían los recursos a actividades parasitarias y antiproductivas que desintegran la vida social y destruyen vidas humanas.

La miseria, el hambre, la enfermedad, la criminalidad, el hacinamiento en las cárceles y la muerte causada por la acción policial son expresiones estructurales del capitalismo envejecido, decadente y bárbaro. En la megalópolis más portentosa del país, São Paulo, la llamada Cracolândia fue dispersada por la policía y los miserables se dispersaron por toda la ciudad. Se ven obligados a reunirse para sobrevivir. La forma de vida social de supervivencia en pandillas refleja hasta dónde ha llegado la barbarie en Brasil, controlada por un puñado de capitalistas y ricos, que no saben qué hacer con tanta concentración de bienes.

El narcotráfico internacional ha echado raíces profundas en un entorno de miseria para la mayoría, por un lado, y de opulencia para la minoría. Tanto dinero ilegal sólo se blanquea con la connivencia del poder económico e institucional. La fracción de la burguesía del narcotráfico está firmemente integrada en la burguesía en general, es decir, en su condición de explotadora y acumuladora de capital. No fue una sorpresa que el alcalde de Sorocaba sugiriera la intención de crear una barrera contra el desplazamiento de los miserables de Cracolandia. La autoridad municipal se dio el derecho de copiar a los gobiernos europeos, que empezaron a combatir la inmigración con barreras policiales. Sólo no se llevó a cabo debido al clamor que provocó tal «insensibilidad» social. Pero la señal del alcalde no dejó de resaltar el carácter de encierro que sufren los miserables, que caen en las calles y comienzan a sobrevivir en pandillas.

La miseria y el hambre son estructurales en la sociedad de clases, en este caso el capitalismo, al igual que el desempleo y el subempleo. Pero en condiciones de crisis económica, se amplifican e intensifican. El bajo crecimiento, el estancamiento y la recesión provocan la destrucción de las fuerzas productivas, de las que forma parte la fuerza de trabajo. En todo el mundo, desde la crisis de 2008-2009, la situación de vida de las masas ha ido empeorando. Con la pandemia, millones de fábricas, negocios y servicios han cerrado. Este colapso de la producción ha provocado la destrucción generalizada de puestos de trabajo, en todas las latitudes.

Brasil fue uno de los países más afectados. La clase obrera se enfrentó a una ola de cierres de fábricas y a acuerdos sindicales traidores. Las relaciones laborales se volvieron más precarias, con la eliminación de antiguos derechos y la implantación de la tercerización. El retorno de la inflación y, en particular, el alto coste de la vida han reducido aún más los salarios. Millones de familias viven con menos de un salario mínimo, y hoy se necesita el 66% de R$ 1.212,00 para comprar una canasta básica de bienes que cuesta R$ 777,00.

Estos factores económicos y sociales explican el avance de la pobreza, la miseria y el hambre. Las organizaciones de la propia burguesía demuestran estadísticamente que 33,1 millones de brasileños pasan hambre. En sólo un año, el número de hambrientos aumentó en 14,1 millones. Entre 2004 y 2013, la multitud de personas hambrientas fue de casi 9 millones. La asombrosa escalada de la miseria expresa la desintegración de las fuerzas productivas del país, la sobreexplotación capitalista, la enorme concentración de la riqueza y la incapacidad de los gobiernos burgueses para proteger la vida de las masas.

Cabe señalar que durante la pandemia se agravó el fenómeno del hambre en el mundo, y que en la actualidad las consecuencias de la guerra en Ucrania contribuyen a su mantenimiento y posible expansión. Según información reciente, 1.600 millones de seres humanos no tienen suficiente para comer, y aproximadamente 440 millones no tienen nada que comer.

Los representantes de la agroindustria se jactan de que, en los últimos veinte años, la agricultura brasileña ha crecido un 3,2% al año, mientras que la media mundial era del 1,7%. Dicen que, gracias a la alta productividad de la agricultura nacional, entre 1978 y 2005 se redujo el precio de los alimentos, de modo que la reducción del valor de la canasta básica fue de alrededor del 75%. Y que actualmente el campo brasileño alimenta a 800 millones de personas en el mundo, y en diez años podría alimentar a mil millones.

Es cierto que la agroindustria se ha vuelto más productiva y sus capitalistas han acumulado mucha riqueza. Pero este hallazgo también es responsable de la creciente miseria de las masas, ya que forma parte de la economía capitalista en su conjunto. Al mismo tiempo que se reforzaban la agroindustria y los servicios, se debilitaba la industria. Se reconoce que Brasil está atravesando un proceso de desindustrialización. El cierre de miles de fábricas en los últimos años ha provocado un deterioro de la mano de obra, un aumento del ejército de desocupados y subempleados. En estas condiciones, la cesta básica de alimentos se ha elevado a las alturas, consumiendo más de la mitad del salario mínimo.

Para la burguesía y sus gobernantes, el problema es cómo seguir protegiendo las ganancias y el capital, frente a la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas. Se estima que la economía mundial tendrá un bajo crecimiento en los próximos años, afectada por la guerra en Ucrania. La economía brasileña seguirá el mismo camino.

Para la clase obrera y la mayoría oprimida, el problema es cómo preservarse de la miseria y protegerse del hambre. Ese es su problema inmediato. O los explotados se levantan contra la desocupación, los bajos salarios y la destrucción de sus derechos laborales, o la miseria y el hambre seguirán sacrificando a millones de familias. Para combatir estas llagas del capitalismo, es necesario enfrentarse a los obstáculos erigidos por las direcciones sindicales traidoras, y a las desviaciones políticas establecidas por los partidos de la burguesía.

En ese momento, todo el mundo intenta explotar el hambre como motivo electoral. El PT, su brazo burocrático-sindical y sus aliados de izquierda se valen de los comités de campaña para la democracia. Se mantienen en la promesa de que un nuevo gobierno reformista -el regreso de Lula- se encargará de la miseria y el hambre. Bolsonaro, en cambio, juega con el asistencialismo del Estado. Es obligatorio que la vanguardia con conciencia de clase luche con el programa de reivindicaciones proletarias e independencia de clase.

La erradicación de la miseria y el hambre debe ser el objetivo del proletariado. Para ello, la vanguardia con conciencia de clase debe luchar en defensa del programa de reivindicaciones propio de los explotados, bajo la estrategia de la revolución y dictadura proletaria, es decir, la lucha por establecer un gobierno obrero y campesino. Las reivindicaciones inmediatas son el punto de partida para unir a la mayoría oprimida en torno a la estrategia revolucionaria del proletariado. Por ello, el POR está llevando a cabo una campaña sistemática por el empleo (reducción de la jornada laboral sin reducir los salarios, escala móvil de horas de trabajo), por un salario mínimo vital (escala móvil de reajuste), por un aumento general de los salarios que sustituya las pérdidas salariales, por el fin de las contrarreformas laborales y de la seguridad social, por la estatización inmediata de las fábricas cerradas (control obrero de la producción), por el fin de las privatizaciones y la re-estatización de las ya privatizadas.

Este programa choca frontalmente con los intereses de la burguesía nacional y del imperialismo. Esto exige la alianza de obreros y campesinos y la constitución de un frente único           las centrales, los sindicatos y los movimientos convoquen un Día Nacional de Lucha, con huelgas y bloqueos, para lanzar el programa de reivindicaciones, y organizar un movimiento nacional de preparación de la huelga general. La defensa del fin de la guerra en Ucrania debe formar parte de esta lucha: el desmantelamiento de las bases militares de la OTAN y de Estados Unidos, la revocación de las sanciones económicas contra Rusia, la autodeterminación, la integridad territorial y la retirada de las tropas rusas de Ucrania.

¡POR LA UNIDAD OBRERA Y CAMPESINA CONTRA LA MISERIA Y EL HAMBRE!

 

 

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