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Milei definió el salario de hambre hasta agosto de 2026. En noviembre 2025 quedó en $328.400 mensuales

Estableció por Resolución 9/2025 aumentos mensua­les del Salario Mínimo Vital y Móvil por diez meses y modificó la fórmula del seguro de desempleo, que ahora queda directamente ligada al piso salarial. Regirá desde noviembre de 2025 hasta agosto de 2026 cuando llegará a $376.600.

Este monto aplica a empleados regidos por la Ley de Con­trato de Trabajo, al personal agrario, a la administración pública nacional y a organismos estatales empleadores.

La resolución también redefine el mecanismo de la pres­tación por desempleo. El beneficio establece un límite vinculado al salario mínimo: NO puede ser superior al 100%, sin importar cuánto percibía al ser despedido.

La CGT dice que rechazó el nuevo Salario Mínimo, Vi­tal y Móvil: “Es insuficiente y desconectado de la reali­dad”, dice que propuso un aumento acumulado del 71,6%. Que ese monto “consolida una pérdida salarial incompatible con una vida digna” ya que se encuentra muy lejos de la Ca­nasta Básica Total, de $1.176.852.

Los empresarios ofrecieron una burla: ajuste de $4.000 mensuales, menos de medio kilo de carne en un mes.

La CGT en su comunicado dice que “ratifica su reclamo para que el SMVM avance de manera sostenida hacia el va­lor de la Canasta Básica Total, única referencia que garanti­za un ingreso que permita cubrir las necesidades esenciales”.

El SMVM es el piso para las negociaciones de los conve­nios colectivos, por eso es una referencia de gran importan­cia para la mayoría de los trabajadores.

Si fuera cierto que la CGT rechaza este ajuste miserable, de hambre, debería convocar a asambleas de todos los traba­jadores, en todos los lugares de trabajo, para debatir cuánto tiene que ser el mínimo y cuál el plan de lucha para impo­nerlo. Si el salario ha llegado a un nivel tan bajo, es por la pasividad de las centrales sindicales y los sindicatos que se resignan a no luchar por la reivindicación elemental de los trabajadores. El repudio de las bases a la burocracia es ple­namente justificado.

La burocracia privilegia su relación con el Gobierno, sus propios intereses, su sometimiento a la politiquería burgue­sa, antes que los intereses de los trabajadores. Tienen miedo de llamar a asambleas y debatir la campaña salarial. La lucha por el salario mínimo empuja todos los convenios, todas las categorías, de todos los gremios.

No es cierto que la canasta familiar cueste $1.176.852, por lo menos cuesta el doble, como han impuesto reciente­mente los Aceiteros. Pero si están convencidos que el im­porte es el que mencionan, que planteen ya la lucha por ese mínimo, que va a ayudar a todos los trabajadores a mejorar sustancialmente su poder adquisitivo, aunque no logre cubrir todas las necesidades básicas.

Si esta dirección no está dispuesta a luchar por lo esencial, debe ser reemplazada inmediatamente por otra que represen­te los intereses de los trabajadores. El Salario que correspon­de percibir no se negocia en una mesa con el Gobierno, no se resuelve con comunicados y declaraciones, se impone con los métodos de la lucha de clases, como ha sido siempre. Si pudiera, la burguesía nos llevaría a una degradación peor que en la esclavitud

(Nota de MASAS n°494)