Ante la sangrienta represión del gobierno iraní contra las protestas de las últimas semanas, es necesario que la clase obrera se convierta en la clase dirigente de la nación oprimida, con una política claramente antiimperialista y anticapitalista
¡No a la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán!
Por la libre autodeterminación del pueblo iraní. ¡Basta de sanciones y bloqueos!
¡Fin de las masacres!
La ola de protestas contra el ayatolá Jamenei comenzó a apoderarse de Irán el 28 de diciembre, con una huelga de comerciantes en Teherán, desencadenada por una crisis monetaria y un colapso económico, que desde entonces se ha convertido en una crisis profunda. Las protestas contra la devaluación de la moneda y la subida de los precios se extendieron por ciudades de todo el país. Las movilizaciones antigubernamentales llegaron al sector petrolero iraní, con la huelga de los trabajadores de un importante complejo de refinería y petroquímica.
La caída histórica del valor de la moneda rial exacerbó la crisis económica derivada de las severas sanciones internacionales. Quizás Irán se enfrente a la crisis más profunda de las últimas décadas. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, intentó apaciguar a los manifestantes prometiendo revisar los aumentos de impuestos previstos y calificando de legítimas sus reivindicaciones.
El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ha sobrevivido a varias oleadas de protestas, y esta es la quinta gran revuelta desde 2009. La anterior, en 2022, también fue significativa. Los disturbios en la República Islámica siguen sin liderazgo y desorganizados.
Incapaz de contener a los manifestantes con recursos económicos y financieros limitados, la República Islámica ha matado a cientos y cientos de personas. Aún no se dispone de cifras precisas y fiables. La información de la ONG Iran Human Rights del 14 de enero se refiere a 3.379 manifestantes asesinados.
El Gobierno ha interrumpido el acceso a Internet. Incluso las llamadas telefónicas tradicionales desde el extranjero no están disponibles. El apagón no solo está afectando a los manifestantes, sino que también está causando un gran impacto en la economía iraní. El hecho de que ya dure más de 72 horas es una señal de la desesperación del régimen. La desinformación ha prevalecido, pero no se han podido ocultar los hospitales llenos de víctimas de disparos y los cadáveres amontonados en las morgues.
No hay duda de que hay infiltrados y provocadores alimentando los enfrentamientos. Pero lo fundamental es que se trata de una potente respuesta popular a la crisis económica que se descarga sobre la población. Las opciones del régimen iraní se están agotando.
La República Islámica es producto de la revolución de 1979 que derrocó al régimen del Sha de Persia, un títere colonial de Estados Unidos en la región y uno de sus aliados más leales. Estados Unidos e Irán no mantienen relaciones diplomáticas formales desde que Estados Unidos rompió los lazos en 1980, después de que militantes estudiantiles iraníes tomaran la embajada estadounidense en Teherán y a sus funcionarios en noviembre de 1979, desencadenando la crisis de los rehenes que duró 444 días.
Trump amenaza con intervenir de nuevo en Irán. Amenaza a los ayatolás, promete «rescatar» a los manifestantes iraníes, afirma que «el fin de la República Islámica está cerca», que «Irán busca la LIBERTAD, quizás como nunca antes», «¡Estados Unidos está dispuesto a ayudar!», «está dispuesto a intervenir si el régimen mata a manifestantes». «Si lo hacen, tendrán que pagar un precio muy alto». Estados Unidos, al alentar a la oposición, le gustaria reinstalar a los descendientes de la monarquía de Mohammad Rezā Shāh Pahlavi.
Irán se enfrenta al agotamiento del nacionalismo, incapaz de impulsar las fuerzas productivas, y del régimen político teocrático, que está siendo cuestionado por movilizaciones, principalmente por una capa de la juventud y las mujeres. Esta vez, el movimiento fue desencadenado por comerciantes que han sufrido la debacle económica. Evidentemente, amplios sectores de la pequeña burguesía no pueden mantenerse pasivos, aunque el país en su conjunto es consciente del cerco económico impuesto por el imperialismo y ha sufrido bombardeos vinculados a la intervención del Estado sionista en la Franja de Gaza y ataques en el Líbano, Siria y Yemen.
Esta es una contradicción a la que solo la clase obrera organizada y movilizada sobre la base de un programa propio puede responder. Sin una estrategia de poder proletario, los sectores sociales que más resienten la desintegración económica terminan sirviendo a los objetivos de Estados Unidos e Israel. Esta es la tragedia iraní que se expone en la brutal represión desatada por el Estado burgués y en la muerte de miles de personas.
Trump y Netanyahu ven la posibilidad de recrudecer la ofensiva contra el gobierno nacionalista y preparar el camino para derrocarlo, sustituyéndolo por un gobierno servil. Las victorias de Israel y Estados Unidos en el enfrentamiento con la resistencia de Hamás en la Franja de Gaza y de Hezbolá en el Líbano, así como la caída de Bashar al Assad en Siria, han dado lugar al debilitamiento del llamado «Eje de la Resistencia», del que Irán constituye la principal fuerza económica y militar.
El imperialismo y sus lacayos sionistas están alimentando el levantamiento precisamente porque no está bajo la dirección de la clase obrera y de una vanguardia que encarne el programa de la revolución social. De lo contrario, estarían formando parte de la masacre. La condena de Trump al Gobierno iraní por llevar a cabo una sangrienta represión tiene como objetivo deshacerse del nacionalismo que aún se resiste a la sumisión a la que se someten la inmensa mayoría de los países y gobiernos de Oriente Medio. Es fundamental comprender que la carnicería provocada por el poder teocrático burgués favorece el fortalecimiento del cerco imperialista a Irán.
Cualquier forma de injerencia de EE. UU. en los asuntos internos de Irán debe ser rechazada. Su objetivo no es defender las protestas o las reivindicaciones populares; su objetivo es eliminar el régimen político que más ferozmente ha luchado contra el Estado terrorista de Israel, con el fin de garantizar su continua expansión y dominio en Oriente Medio. Los Estados Unidos bombardearon directamente las instalaciones nucleares hace unos meses en una acción coordinada con Israel para impedir que Irán ejerciera su derecho a alcanzar el pleno desarrollo nuclear. Las fuerzas del imperialismo y del sionismo también asesinaron a destacados líderes del Gobierno.
La clase obrera debe intervenir con su propia política, liderando a la nación oprimida, defendiendo incondicionalmente el derecho de Irán a la autodeterminación, defendiendo el derecho a su programa nuclear, organizando la economía de acuerdo con sus necesidades y rechazando el bloqueo y las sanciones impuestas por el imperialismo que estrangulan su economía. El peso de la crisis debe recaer sobre los capitalistas. Para ello, la vanguardia con conciencia de clase, que despierta en medio de la conmoción interna y la convulsión externa, tiene ante sí la tarea de construir el partido revolucionario, es decir, edificar el programa de la revolución social.
Obreros, campesinos y clase media arruinada:
¡Luchemos bajo la bandera de un gobierno obrero y campesino, en defensa de un programa de reivindicaciones propio y de lucha contra el imperialismo!
¡Luchemos por el fin de la masacre perpetrada por la teocracia burguesa de los ayatolás con los métodos de la lucha de clases, la organización colectiva y la estrategia de la revolución proletaria!
Declaración del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IV Internacional (CERCI)
14 de enero de 2025
