CERCI

Pasos de la confrontación entre Estados Unidos y China

La invasión de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro son consecuencias militares de la potente guerra comercial

Solo el proletariado al frente de la mayoría oprimida puede enfrentar y derrotar la marcha bélica impulsada por el imperialismo estadounidense y las potencias aliadas

La claridad y determinación con que Trump expuso y justificó su plan para la subordinación colonial de Venezuela provienen de la necesidad objetiva de Estados Unidos de confrontar en el plano internacional la expansión económica de China. Fue incisivo en su objetivo de apoderarse de la mayor reserva petrolera del mundo. En medio de la guerra comercial, se encuentra la guerra por el control de las fuentes de materias primas y recursos energéticos. China ejerce el monopolio sobre la estratégica fuente de tierras raras, pero depende visceralmente del petróleo. Estados Unidos llegó a la conclusión de que no puede ignorar la penetración económica y comercial en América Latina y la creciente influencia política de China dirigida a sectores de la burguesía y a los gobernantes. Ha llegado el momento de que el imperialismo estadounidense bloquee y destruya los vínculos de la potencia asiática emergente con los países económicamente más importantes y poseedores de vastos recursos naturales.

La burguesía estadounidense se ha convencido de que el grado de interdependencia de los países latinoamericanos con China debe revertirse antes de que eche raíces profundas en el continente. La ofensiva decidida por Trump para mantener la poderosa ascendencia de Estados Unidos sobre América Latina forma parte de la guerra comercial y la escalada bélica a nivel mundial. La Casa Blanca se mueve en el sentido de levantar trincheras y minar terrenos por donde pueda pasar la confrontación con China y sus aliados, como Rusia e Irán.

La operación militar en Venezuela y la exposición de un plan de control del petróleo fueron seguidas por arrebatos de ambiciosa anexión de Groenlandia, a pesar de la oposición de Dinamarca y la Unión Europea. El mapa expansionista de Estados Unidos abarca México y Canadá. Es por esta vía que se proyecta internacionalmente la guerra comercial.

El documento «Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos», de noviembre de 2025, define la vieja tesis imperialista de «la paz a través de la fuerza», es decir, «la fuerza es el mejor factor de disuasión, los países u otros actores suficientemente disuadidos de amenazar los intereses estadounidenses no lo harán». Se refiere principalmente, sin nombrarlos, a China y Rusia, que son potencias nucleares y que tienen la particularidad de haber llevado a cabo la revolución social y reincorporado las relaciones capitalistas mundiales por la vía de la restauración.

China, a diferencia de Rusia, por su gigantesca capacidad económica, ha alcanzado una importante presencia en América Latina. Las importaciones chinas de petróleo de Venezuela y su creciente participación en la estructura de la industria petrolera venezolana encajan en la estrategia estadounidense de «paz a través de la fuerza». Lo que significa impedir la penetración de China en la economía petrolera de Venezuela.

El cerco militar montado en el mar Caribe fue concebido para intervenir directamente en el país y secuestrar al presidente Nicolás Maduro, e indirectamente para mostrar las armas a China y Rusia. En ese mismo sentido, Trump indicó que otros países, como Colombia, México y Brasil, también están en su mira.

No tuvo la menor importancia paras sus cálculos militares la protesta burguesa contra la «dictadura de Maduro» y la «ilegitimidad electoral» de su gobierno. Este hecho político desconcertó a los gobiernos que condenaron con palabras la violación del «orden jurídico regido por la Carta de la ONU» y, por lo tanto, de la soberanía nacional. Lo que pone en peligro «la paz y la seguridad en América Latina». El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para cumplir con una mera formalidad. Estados Unidos se valió de una burda falsificación afirmando que no estaba en guerra con Venezuela. Esa misma justificación fue presentada al Congreso estadounidense para deshacer los inútiles rumores de los demócratas.

Las tres fases presentadas por el secretario de Estado, Marco Rubio —estabilización, recuperación y transición— significan que Venezuela ya está bajo el control externo decidido por Estados Unidos. Implica convertir a la presidenta interina, Delcy Rodríguez, en una marioneta de las decisiones de Trump. El cálculo del imperialismo es que, al destituir a Maduro de la presidencia, se rompió una pieza clave y ya no habrá gobernabilidad chavista. No había forma de entregar el poder del Estado a María Corina Machado y Edmundo González sin que hubiera un gran rechazo de los venezolanos y una enorme dificultad para organizar un nuevo gobierno sin desmantelar el aparato militar que sostenía las directrices políticas de Maduro.

El cerco militar sigue amenazando al Gobierno, que, acorralado, se ha visto obligado a ceder el control del petróleo. Ya no puede salir ningún petrolero sin el consentimiento de Trump. La invasión de Caracas y el secuestro de Maduro fueron tan fulminantes que el gobierno perdió por completo toda capacidad de reacción. La muerte de unos 100 soldados y civiles —hasta ahora no se tiene un número preciso— y ninguna baja en las fuerzas invasoras pusieron de manifiesto la fragilidad de Venezuela.

Las manifestaciones convocadas no alcanzaron la magnitud que deberían haber tenido en condiciones de un ataque imperialista tan prepotente y sanguinario. Sin una conmoción nacional y con una toma de posesión de la vicepresidenta en una ceremonia suspendida en el aire, el gobierno de Trump pudo presentar las tres fases y obtener inmediatamente la concesión de la entrega del petróleo.

Sin duda, esta incapacidad se explica fundamentalmente por la desorganización del proletariado como clase independiente y por la ausencia de un partido revolucionario. El nacionalismo chavista se caracterizó por la disolución de los organismos obreros y populares surgidos en el proceso de la denominada Revolución Bolivariana. Persiguió a su vanguardia combativa y sustituyó las organizaciones de base por organismos estatales burocráticos.

Todo indica que Venezuela entra en una nueva etapa de su historia. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no solo fracasó en la tarea de impulsar las transformaciones democráticas, sino que pasó a obstaculizarlas, estatizando las organizaciones obreras, campesinas y populares.

El humillante secuestro del presidente Maduro fue calculado por el imperialismo para someter lo que quedaba del gobierno. La lucha por la soberanía de Venezuela y la liberación de Maduro depende enteramente de que la clase obrera venezolana ponga en pie un frente único antiimperialista, basado en el programa de la revolución social. Hay que tener claro que se trata de una lucha de todos los explotados de América Latina.

La crisis mundial sigue en aumento y en su seno se potencian las tendencias bélicas. Los explotados de todo el mundo sienten los peligros que se derivan de la descomposición del capitalismo y buscan el camino de la lucha de clases. Es en este terreno donde continuará la lucha antiimperialista. Se trata de que la vanguardia con conciencia de clase trabaje persistentemente para superar la crisis de dirección, que es el gran obstáculo para la lucha antiimperialista y el desarrollo de la estrategia de la revolución y la dictadura proletarias.

(POR Brasil – Massas n°755)