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Los pseudo-trotskistas y Venezuela

La intervención directa de Estados Unidos sobre Venezuela inauguró una nueva etapa de la política imperialista en la región. El recientemente difundido documento de Estrategia de Seguridad Nacional no hizo más que colocar en letras de molde la política yanqui: desde las amenazas por la presencia de empresas chinas en el canal de Panamá; los anuncios de aranceles; la propuesta de anexión a Canadá o Groenlandia; la intervención directa en las elecciones legislativas argentinas; el aumento de la provisión de armas para el genocidio en Gaza; el bombardeo de los 3 sitios nucleares en Irán; entre muchos otros. En aquel documento difundido en noviembre de 2025 señaló un regreso a la mentada “Doctrina Monroe” de “América para los americanos” eufemismo con el que se pretende retomar el control económico y así buscar enfrentar la “amenaza china” a su hegemonía como principal potencia económica.

Venezuela se vio cercada desde el mes de septiembre con un despliegue gigantesco en el mar Caribe de grandes embarcaciones de guerra, entre ellas el portaaviones más grande del planeta -el Gerald Ford. Al tiempo, se procedía a una serie de ejecuciones sumarias y extrajudiciales realizadas a pequeñas embarcaciones sin más argumentos que la excusa de la lucha contra el narcotráfico. Ese mismo pretexto sería el utilizado por Trump para ordenar la detención y secuestro de Maduro y Flores (su esposa) en una estudiada operación militar. Esa justificación no tardó en demostrar lo ridículo del supuesto “narcoterrorismo” de Maduro al frente del inexistente “Cartel de los Soles”. Detrás de ello se encuentra el manejo del petróleo venezolano que no es más que un nuevo episodio en la exacerbación de la guerra comercial.

Una comprensión necesaria

El ataque en la madrugada del 3 de enero no es un hecho aislado. El imperialismo norteamericano ejecuta a discreción sus dictámenes no solo como muestra de su poderío, como gendarme del mundo, sino como un elemento disciplinador. Estados Unidos viene realizando una paciente y sistemática campaña contra las tibias e impotentes experiencias del nacionalismo burgués en América Latina demostrando lo que está dispuesto a hacer a quienes se atrevan a no someterse completamente a sus dictámenes o muestren aunque sea una ligera resistencia.

Esta injerencia abarca a la mayoría de las experiencias del nacionalismo burgués en América Latina. Incluso se ha dado la actuación desembozada de sus embajadores en nuestros países, como sucedió con Peter Lamelas que reivindicó la detención de Cristina Kirchner y prometió futuras agravaciones, colocándose como juez de la Argentina.

Esta cuestión explica la importancia de las caracterizaciones, de los pronósticos, de las tácticas y la estrategia con la que intervengamos los revolucionarios. No es casualidad que los principales medios de comunicación, reproduciendo las directivas de la embajada norteamericana, se hayan encargado de machacar día y noche, sin descanso, la cuestión de la “democracia”. Para el amo imperial en Venezuela no hay gobierno sino “régimen” o “dictadura” directamente, buscando allanar de esta forma, el camino para una intervención directa en nombre de la “democracia”, en nombre de la “República” o del “Estado de derecho”, conceptos que enmascaran el objetivo de instaurar gobiernos totalmente títeres.

La gravedad de en este aspecto se plantea al comprobar que estas caracterizaciones se hicieron carne no solo en la pequeña burguesía sensible a la propaganda imperialista, sino en sectores que se reclaman de la clase obrera, del marx-leninismo trotskista. La debilidad programática engendra inevitablemente que dichas presiones de clase penetren en sus propias filas y reproduzcan la línea burguesa.

Posición revolucionaria o seguidismo inconducente

Superar el tutelaje del nacionalismo burgués es una de las tareas centrales en los países semicoloniales. Las masas arrastradas por la simpatía y expectativas que despiertan estas experiencias, trasladan estas presiones al centrismo, obligando a ejecutar las más variadas contorsiones políticas. Estas presiones se traducen, en algunas ocasiones, en la completa disolución en el nacionalismo burgués, borrando las fronteras de clase; y en otras ocasiones en el más abyecto gorilaje, convirtiéndose en furgón de cola del imperialismo en los países. El centrismo, incluso la misma organización, ha oscilado constantemente entre estas dos caras del oportunismo, adoptando indistintamente un camino y el otro sin ningún tipo de balance ni autocrítica. Como decía Guillermo Lora “Moreno y otros supuestos trotskistas se han caracterizado y se caracterizan por aparecer cada 24 hs con diferente camiseta y adoptando posturas siempre nuevas y contrapuestas a las de la víspera”.

Es aquí donde se expresa con mayor crudeza la ausencia de estrategia revolucionaria capaz de hacer frente a esas presiones. Y es justamente aquí donde expondrá las mayores flaquezas para enarbolar la independencia política de la clase obrera ante acontecimientos de esta envergadura. Creyendo estar levantando una posición muy revolucionaria y principista, algunos sostienen que “el rechazo a la agresión imperialista no debe confundirse con el apoyo al gobierno de Maduro” sostiene el PO que rechazó la detención luego de cuatro comunicados sin mencionarlo. Izquierda Socialista, por su parte, repudia el secuestro pero “desde una oposición de izquierda al gobierno de Nicolás Maduro… régimen represivo y autoritario”. Tanto el PO como IS (a través de su partido hermano venezolano PSL) se preocupan más en no verse confundidos con el gobierno de Maduro que en desarrollar una política revolucionaria antiimperialista, con lo cual reproducen el argumento de igualdad entre el imperialismo y el gobierno chavista.

La política de “ni con uno, ni con tal otro” pareciera en igual sentido muy principista, pero revela el purismo sectario que paraliza a la organización ante cualquier acción frente a un ataque imperialista en un país semicolonial. De esta forma, colocan un signo igual entre los gobiernos del nacionalismo-burgués y el imperialismo, resultando en una extraña forma de “independencia política” al quedar desorientados en esta disputa sin poder diferenciar los bandos. Parece una burla que sean estos partidos los mismos que ante cada elección durante el último período, sin excepciones (PO, PTS, IS, NMAS, Altamiristas, etc.) han sido tributarios de otorgarle el voto a estas mismas experiencias. Una suerte de: “frente electoral sí, frente de lucha no”.

Con la excepción de los altamiristas que se conforman con comentar los hechos sin sacar ninguna conclusión al respecto, la mayoría de los partidos centristas han optado por rechazar la detención de Maduro, expresando a renglón seguido la incapacidad, limitaciones y su vulgar intento por delimitarse del nacionalismo burgués: el MST exige la liberación, pero “no para que reasuman el gobierno de facto sino para ser juzgados en Venezuela”. Esto es lisa y llanamente un agradecimiento a Estados Unidos por capturarlo para su posterior juzgamiento. Rechazar el secuestro de Maduro sin extraer la conclusión de su inmediata restitución como Presidente, es otorgarle tácitamente al imperialismo el papel de gendarme y ordenador de los destinos de nuestros países, es decir una política social-imperialista.

Desarrollar la lucha antiimperialista

Consumado el ataque y rechazado el secuestro de Maduro, el problema se traslada a cómo enfrentar esta intromisión. Prácticamente la totalidad de los revisionistas llama correctamente a las movilizaciones, pero algunos interpretan (MST e IS) que estas movilizaciones deben ser realizadas por los gobiernos burgueses de la región. Dice el primero que es necesario “emplazar y presionar a gobiernos y organismos para que condenen estos exabruptos y que se adopten medidas concretas y efectivas para su contención”.  En tanto que el segundo, en línea con lo anterior, propone que Sheinbaum y Lula “convoquen a una movilización continental para derrotar la agresión colonial de Trump”.  Esto es embarcarse en un callejón sin salida, sin perspectivas.

Lo que está ausente en sus materiales es qué clase, con qué programa, con qué táctica y métodos. No constituye una cuestión menor señalar cuál es la única alternativa para derrotar el avance imperialista en la región y qué lugar ocupará la clase obrera y sus organismos de lucha. El amo imperial no se detendrá en el petróleo venezolano. Estados Unidos precisa un “patio trasero” regimentado para el saqueo de sus recursos, como confesaba la ex Generala del Comando Sur Laura Richardson: será el litio, las tierras raras, los minerales, los recursos hídricos. Por tanto, la tarea central es resolver la crisis de dirección revolucionaria, estructurando los partidos obreros revolucionarios en cada país, capaces de analizar cómo se reflejan las leyes generales de desenvolvimiento capitalista en sus naciones; capaces de politizar a la vanguardia proletaria y elevarla a dirección política del conjunto de los oprimidos.

Tanto en Venezuela como en el resto de América Latina, la clase obrera, sin ataduras ni compromisos con el gran capital, siendo un sector minoritario se erige como la clase revolucionaria por el lugar que ocupa en la producción, capaz de arrastrar al conjunto de los oprimidos en una lucha contra el imperialismo saqueador. No significa otra cosa que la táctica del frente único antiimperialista, urgente y necesario para demostrar cómo defenderse de la política colonial y convocar a la lucha a los enormes contingentes desencantados con el nacionalismo burgués por su inconsecuencia en llevar adelante dicha lucha. El centrismo, nuevamente, ha quedado inhabilitado políticamente para llevar adelante estas tareas.

(Nota de MASAS n°496)