masas-497

Con la intervención al Indec, queda más al desnudo la mentira del combate a la inflación

La mayoría sabe por experiencia propia, cotidiana, que la inflación nunca bajó. Que el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones no deja de retroceder. Que la canasta familiar es inalcanzable. Que la pobreza tampoco bajó. Toma el discurso oficial como parte del folclore de los politiqueros acostumbrados a mentir la realidad para mantener alguna ilusión. ¿Cuántas veces prometieron que el índice de inflación iba a empezar con cero?

El único objetivo declarado del modelo económico del Gobierno era la baja de la inflación. Pero los números del INDEC no reflejaban lo que está pasando realmente en los bolsillos de la población. Reconocer un índice de inflación más elevado impulsaría un mayor reclamo de ajuste salarial amenazando su política de no homologar convenios que superen el 1% de ajuste mensual.

El ministro Luis Caputo admitió que Lavagna renunció al organismo porque no lo dejaron implementar los cambios en la medición del índice de precios previstos para este mes.

Hace casi un año el Gobierno se había comprometido con el FMI a cambiar el índice, pero ya en octubre habían pactado que habría que evaluar la conveniencia de hacerlo ahora. La medición actual no pudo ocultar que desde mayo pasado la tendencia es a la suba de la inflación. Y crearon un problema adicional: recientemente se anunció que las bandas de flotación de la cotización del dólar se ajustarían cada mes de acuerdo a la inflación de dos meses antes, esto quiere decir que, si en enero la inflación era superior al 3%, el ajuste de la cotización del dólar en marzo debería ser por lo menos 3%, recalentando más la tendencia inflacionaria. Estos son los daños que se autoinfringen con tantos artificios monetarios y su desesperación por mostrar algún resultado positivo.

El nuevo cálculo del IPC del Indec prevé incrementar los rubros de la canasta de consumo, “además de aumentar la cantidad de precios relevados y de informantes, de manera de ampliar su representatividad”, había informado el Banco Central días antes que se cancelara la aplicación del nuevo índice.

Marco Lavagna estuvo a cargo desde 2019, se reunió con los tres delegados gremiales del Indec y les comunicó que renunciaba al organismo. Les dio a entender que el motivo de su alejamiento es que el Gobierno se niega a publicar los datos de inflación de enero según el nuevo cálculo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), anunciado en octubre pasado.

La burguesía también tiene desconfianza del INDEC intervenido y pide transparencia. “Si rompés la confianza, se rompe la estructura básica, que genera certidumbre de inversión y previsibilidad. Hoy todo eso está en dudas. Se necesita transparencia”. Dudan de todos los indicadores del organismo. Se lamentaron por las razones políticas de mostrar “números distorsionados” de inflación. Hay alerta por “inseguridad jurídica” y “espanto de inversiones”.

Comentaban atónitos los argumentos políticos que usaron los funcionarios del Gobierno para ”meter gente de confianza a manejar los números del INDEC”. Lo mismo que le criticaban con dureza al kirchnerismo.

Dicen que haber intervenido el INDEC cuando los números de la macroeconomía eran lo que se presentaba como lo más sólido del modelo económico es, por lo menos, temerario. “Nadie sabe si el plan es esconder o no los números de la inflación real, pero ahora lo que sí quedó instalada es una sensación de que algo malo estaba por mostrarse y eso genera inmediatamente pánico entre los que pensaban tomar decisiones de negocios, por la posibilidad de que haya números distorsionados”. Preocupa en el sector financiero porque hay bonos emitidos que tienen cláusulas de ajuste por inflación.

En octubre de 2024, la justicia británica condenó al país a pagar 1.500 millones de dólares por el juicio que un grupo de inversores le inició por la manipulación del dato de actividad. Los bonistas denunciaron que Argentina buscó evitar el pago del llamado ”Cupón PBI”, que solo pagaba un cupón extra si se crecía por encima de un determinado porcentaje.

Queda claro que el INDEC no tendrá ninguna independencia del Ministerio de Economía.

Manuel Adorni justificó la salida de Marco Lavagna y dijo que la fórmula “se va a cambiar cuando la inflación sea cero”. Este reconocimiento también argumentado por Caputo, es una burrada. No importa si el índice es correcto o no, lo que importa es que sirva al relato oficial. Si el nuevo índice muestra que el objetivo “cero” inflación está cada vez más lejos no lo usarán. Es una clara confesión de que todo es una gran mentira. ¿Cómo podrán saber que la inflación llega a cero si el método de cálculo no sirve?

Adorni explicó que Lavagna buscó aplicar la nueva metodología de manera inmediata y que su salida respondió a diferencias con la conducción del Poder Ejecutivo. Todos sabían que la forma de medir la inflación era mentirosa porque se basaba en una estructura de gastos de hace 20 años que ya no existe. La nueva metodología, con una estructura de gastos más reciente (2017/18) ya fue probada y se había anunciado que a partir de enero se informaría ese nuevo índice. El peso de las tarifas, el transporte y el alquiler en el consumo es muchísimo mayor que en años anteriores. La nueva metodología mostraría un índice más elevado. Ya casi nadie tiene teléfono fijo o compra diarios, como siguen apareciendo en el cálculo que se usa. 

Un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios (UBA-CONICET), señala que desde diciembre de 2023 la canasta de servicios aumentó 561%, mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue del 185%. La “recomposición de tarifas” seguirá escalando: en enero de 16% promedio en gas; 4,5% en transporte; 2,2% en electricidad y 4% en agua. El Gobierno prevé que para julio se haya completado el grueso de la quita de subsidios. En el índice que se usa actualmente los servicios representan un 9,4% de la canasta, con la nueva medición hubiera sido del 14,5%.

Los trabajadores tenemos que elaborar nuestra propia canasta familiar, como hacen algunos sindicatos, para establecer cuál es el salario y jubilación mínimos que debemos reclamar. 

(Nota de Masas n°497)