Venezuela: la impotencia del estalinismo y otras corrientes
El 3 de enero, Estados Unidos perpetró una brutal agresión contra Venezuela, invadiendo su territorio, asesinando a más de cien personas entre civiles y militares y secuestrando al presidente Maduro y a su esposa. Según informaciones filtradas posteriormente, representantes de Estados Unidos mantuvieron negociaciones con figuras del Gobierno venezolano para encontrar una salida a la crisis que se había ido agravando en los meses anteriores, durante los cuales las fuerzas estadounidenses asesinaron a pescadores, hicieron explotar sus lanchas y pequeños barcos con el pretexto —nunca demostrado— de combatir el narcotráfico, además de desplazar una imponente fuerza naval al golfo de México frente a la costa venezolana.
La relativa facilidad con la que se llevó a cabo la operación militar, la falta de reacción militar, incluido el fallo de los sistemas de radar y defensa aérea, refuerzan la sospecha de complicidad de elementos del Gobierno con la operación yanqui. El inmediato establecimiento del gobierno provisional de Delcy Rodríguez con el apoyo de Donald Trump y Marco Rubio, el anuncio del establecimiento de relaciones «cordiales» con el imperio y la reciente modificación de la ley de hidrocarburos, para permitir la apropiación por parte de las multinacionales estadounidenses del petróleo venezolano, refuerzan la sospecha de complicidad. Para completar este panorama, se produjo la «visita» del director de la CIA a Venezuela -alguien que, sin duda, participó en la organización de la agresión-, que fue recibido con sonrisas y festejos por parte del nuevo gobierno.
Hasta el momento no se ha verificado ninguna reacción a la agresión por parte de las masas. Los organismos militares y políticos responsables de la defensa tampoco se movilizaron en las horas y días posteriores al ataque y, en el plano internacional, las reacciones contra esta operación no pasaron de ser declaraciones inocuas, como las del presidente Lula de Brasil. Los supuestos aliados «estratégicos», Rusia y China, tampoco han hecho ningún movimiento concreto en defensa de Venezuela. El gobierno provisional no ha hecho, hasta el momento, ningún informe detallado y oficial sobre lo que realmente ocurrió esa madrugada, ni una relación de las víctimas y los daños.
El POR declaró el 5 de enero que, en un «… contexto de guerra comercial que se convierte rápidamente en un enfrentamiento militar, el imperialismo estadounidense busca recomponer su hegemonía regional mediante la militarización, el cerco económico y el derrocamiento de los gobiernos que escapan a su tutela directa». Y defendió que «los partidos, sindicatos, centrales sindicales y organizaciones populares que se reivindican antiimperialistas deben trabajar para organizar un frente único antiimperialista, capaz de detener el avance militar estadounidense, expulsar sus bases, romper con los mecanismos de saqueo y enfrentar a la burguesía interna sumisa al capital internacional». Y que, ante la incapacidad de las burguesías nacionales latinoamericanas para defender la soberanía de sus países, la «…tarea histórica de enfrentar al imperialismo está en manos de la clase obrera y la mayoría oprimida».
El Partido Comunista Venezolano enfrenta la agresión con la… Constitución.
Ante la ausencia de otras iniciativas de resistencia, ni por parte del gobierno ni de la izquierda, llamó la atención la declaración pública del comité central del PCV el 19 de enero. En una declaración grabada, Oscar Figueira, secretario general del PCV, hizo un llamamiento a la unidad «de nuestro pueblo, de sus diferentes corrientes populares, democráticas y revolucionarias» para «construir una fuerza capaz de resistir el ejercicio de la tutela imperialista que hoy se ejerce sobre el Gobierno de Venezuela, o sobre quien ejerce el Gobierno de Venezuela». Defiende acertadamente la necesidad de la unidad latinoamericana para hacer frente a la agresión imperialista, pero, al fundamentar la necesidad de esa unidad ante la agresión imperialista en curso, se limita a denunciar «… su carácter ilegal, que viola todas las normas internacionales». En la misma línea, denuncia que la modificación propuesta a la Ley de Hidrocarburos «viola la Constitución», para concluir que es «… necesario seguir levantándose, seguir exigiendo una salida política, popular, soberana, democrática y constitucional a esta realidad».
El 29 de enero, el PCV volvió a manifestarse ante la inminente aprobación de las reformas a la Ley de Hidrocarburos. Denuncia como antecedente de esta reforma la «ley antibloqueo» vigente desde 2020, que ya había permitido ocultar los acuerdos asumidos con la empresa CHEVRON. El objetivo de esta reforma sería subastar los recursos estratégicos del país a cambio de garantizar la permanencia de la élite gobernante en el poder. Sin embargo, el PCV se cuida de dejar claro que: «esta posición no implica un rechazo absoluto, a priori, de toda participación de capital privado en la actividad petrolera nacional, siempre que…». A continuación, enumera los diversos artículos de la Constitución que la modificación estaría violando. Por eso, para ellos «la defensa de los hidrocarburos como patrimonio de la nación venezolana es inseparable de la defensa de la Constitución y del derecho». Es decir, ante una brutal agresión militar imperialista, el PCV propone enfrentarla con el legalismo, con la democracia, respetando la propiedad privada de los medios de producción y con la Constitución burguesa, la Constitución que consagra la gran propiedad privada capitalista.
Es una declaración de impotencia que solo puede conducir a la capitulación ante la agresión imperialista. La única diferencia con respecto al gobierno es que no ejercen el papel activo de colaboración que está desempeñando el gobierno de Delcy Rodríguez. Las «denuncias» de que se trata de una «agresión imperialista» son inconsecuentes, ya que no sacan las conclusiones necesarias de la grave situación en la que se encuentran las naciones latinoamericanas. No considera que el actual jefe del ejecutivo yanqui no solo desafía la Constitución venezolana, sino la propia Constitución de los Estados Unidos, en un proceso de fascistización acelerada que ya está provocando crisis y reacciones dentro del establishment imperialista.
En un artículo reciente publicado en Foreign Affairs, Oona A. Hathaway y Scott J. Shapiro, académicos vinculados al establishment, expresaron que: «Lo preocupante es que el Gobierno de Trump parece estar inaugurando un mundo así». Un día después de que Estados Unidos secuestrara a Maduro y a su esposa en Venezuela, el asesor principal de Trump, Stephen Miller, explicó el razonamiento del Gobierno en una entrevista con el presentador de la CNN Jake Tapper. «Vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que está gobernado por la fuerza, por el poder», dijo Miller. «Esas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos». Ni Miller ni nadie más en el Gobierno ofreció ninguna justificación legal real para lanzar un ataque militar contra Venezuela». Concluyendo que «un mundo en el que los poderosos ya no sienten la necesidad de justificarse no solo es injusto. Es bárbaro».
Ante una situación que incluso los representantes del imperialismo reconocen como «bárbara», es absolutamente inútil pretender hacer valer la soberanía nacional con la Constitución burguesa o el derecho internacional. Se trata de una situación en la que se impone un levantamiento popular generalizado como única alternativa. Pero ese levantamiento popular solo puede ser encabezado por la clase obrera. La defensa del frente único antiimperialista postulado por el POR y el CERCI tiene ese objetivo: unir a las masas oprimidas por el imperialismo para combatirlo con medios revolucionarios, huelgas, manifestaciones, armamento, estatización de la propiedad imperialista, etc., como parte del programa de la revolución social, de la cual la lucha por la soberanía nacional es inseparable.
El 26 de enero, el PCV y otras ocho organizaciones de izquierda emitieron una declaración conjunta sobre la situación en Venezuela. En ella, afirman «la defensa del derecho de Venezuela a la autodeterminación y la soberanía nacional, y convocamos al rechazo de la agresión militar y la ofensiva imperialista contra el país». Según la declaración, «toda América Latina está amenazada y nuestros pueblos deben unirse para enfrentar y detener al invasor estadounidense», y concluye: «proponemos una gran movilización internacional capaz de detener la agresión imperialista». Sin embargo, en el documento no hay ninguna orientación sobre cómo se llevará a cabo esa «gran movilización», desde qué perspectiva, con qué métodos o algo similar. En la práctica, se trata de una declaración vacía, destinada a ocultar que ya se está produciendo una acomodación de estas fuerzas a la política de colaboración del gobierno de Delcy Rodríguez con el imperio.
Más que nunca, se impone un llamado a todos los partidos de izquierda, al movimiento obrero, a todas las organizaciones populares de Venezuela y del continente para estructurar un frente único antiimperialista, que levante a los oprimidos en la lucha por la emancipación convergiendo con el programa de la revolución social.
(POR Brasil – Masas n°757)
