¿Qué dice el caso Epstein sobre el capitalismo?
Desde el año pasado, el escándalo de abusos y tráfico sexual que involucra al financiero Jeffrey Epstein ha atraído la atención de todos los medios de comunicación, no por Epstein en sí, sino por las figuras involucradas en la trama, la cantidad de víctimas (en su mayoría menores de edad) y la duración del caso. Se estima que hay más de tres millones de archivos liberados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos el 30 de enero (entre los que se encuentran 2000 vídeos y 180 000 fotos extraídas de los dispositivos electrónicos de Epstein). Se ha demostrado que sus conexiones con grandes empresarios le llevaron a buscar redes de prostitución en varios lugares del mundo. En Brasil, mantenía corresponsales que buscaban reclutar a las víctimas a través de agencias de modelos, con contratos confidenciales, para su isla privada en el Caribe, en las Islas Vírgenes, donde cometía sus delitos. Epstein consideró comprar estas mismas agencias para facilitar su oscuro negocio.
Los archivos expuestos no solo revelan la profundidad de las relaciones corruptas entre la burguesía y los agentes del Estado, sino también cómo estas se desarrollan hasta alcanzar los más refinados grados de crueldad y cómo la justicia burguesa es indulgente con los grandes magnates. Entre los implicados se encuentran nombres respetados del mundo empresarial, de la política burguesa, del «showbusiness» e incluso del mundo académico, destacando nombres como el del expresidente Bill Clinton, los empresarios Bill Gates y Elon Musk, el expríncipe británico Andrews Windsor y, para sorpresa de nadie, el presidente Donald Trump (citado en 3200 archivos). Trump es sospechoso de abusar sexualmente de una niña de 13 años. El republicano intenta desesperadamente desviar la atención del caso, mientras que otros capitalistas se limitan a hacer declaraciones de «arrepentimiento» o incluso de negación de su implicación con Epstein. Ninguna de estas figuras ha sido objeto de una investigación seria por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que evita atacar a la oligarquía financiera, con gran influencia sobre la maquinaria pública a través de gobiernos, parlamentarios y jueces.
No es casualidad que los implicados en el caso Epstein pertenezcan a este estrato social: es precisamente ahí donde se encuentra la principal demanda del mercado del tráfico sexual, ya que se trata de un servicio clandestino altamente fetichizado, costoso y elitista. Ahí está la clave para entender por qué Wall Street y Silicon Valley están empantanados en este lodazal. Se trata, evidentemente, de otro crimen de la burguesía, expresado en la explotación sexual de la juventud; un verdadero síntoma de la barbarie social, donde el propio cuerpo y la vida humana se convierten en mercancías de lujo y deseo de los parásitos financieros. Las víctimas, en la mayoría de los casos, son jóvenes explotadas, sin perspectivas de vida bajo el capitalismo y que se ven engañadas por las promesas de charlatanes y abusadores.
Este es un fenómeno material que no solo se refiere a Epstein, Trump, Clinton, Gates o cualquier otro burgués en particular, sino que se refiere a una enfermedad social que proviene de la opresión de clase de la sociedad burguesa en decadencia. La conclusión que se debe sacar del escandaloso caso Epstein es que las fuerzas motrices del tráfico y la violencia sexual solo terminarán con la extinción de la sociedad de clases mediante la revolución social.
(POR Brasil – Massas n°758)
