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Segunda formación sobre la Revolución China

Continuando con la tarea de estudiar la Revolución China, la Regional Buenos Aires del POR avanza en su ciclo de formaciones sobre este importantísimo acontecimiento para el proletariado mundial. Para ello se utilizaron una serie de artículos y documentos de Mao Tse-Tung, quien se erigió como Secretario General del Partido Comunista Chino (PCCh) desde 1935, un estudio indispensable para comprender el triunfo y desarrollo de la Revolución China, sus limitaciones y posibilidades en el momento histórico en que aconteció, y el papel criminal del estalinismo para con China.

Los Ejércitos Rojos y la Larga Marcha

Luego de la masacre a la que condujo la línea estalinista de la III Internacional en China en 1925-1927, el joven Partido Comunista de China estaba prácticamente liquidado. Lo que restaba del PC fue masacrado en el giro ultraizquierdista que vendría a continuación, conocido como “los levantamientos de la Cosecha de Otoño”, un conjunto de insurrecciones aventureras luego de la derrota de la segunda revolución.

En 1928 el PCCh traslada el centro de su intervención al campo, se crean Ejércitos Rojos basados en el campesinado y comienza a gobernar amplias extensiones de territorio, estableciendo áreas de influencia del PCCh. Mao insiste en la educación política del Ejército, la creación de células, la libertad de reunión entre los soldados y la cercanía del trato entre oficiales y soldados. La política del partido en relación a los prisioneros capturados le granjea una gran admiración por el bando enemigo, ya que se prohibía el maltrato hacia los cautivos o la confiscación de sus bienes personales. Se les daba tratamiento médico y se los dejaba ir o se les ofrecía unirse a las filas del Ejército Rojo. Durante toda esta etapa, el PCCh va a sostener una política de expropiación de los grandes terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos.

La situación política comienza a cambiar drásticamente con la invasión japonesa del Norte de China en 1931, y con la intensificación de la quinta campaña de Cerco y Aniquilamiento que el Kuomintang emprende en 1934 contra el PCCh (luego de 4 campañas del Kuomintang derrotadas por el PCCh). Pese a controlar grandes extensiones de territorio y haber generado un control económico de estas zonas, el Partido Comunista Chino sufre una serie de derrotas por parte del KMT que lo obligan abandonar sus posiciones emprendiendo lo que se conoció como la Larga Marcha.

El Ejército Rojo realizó un recorrido de más de 12.000 km durante todo un año desde el Sur de China hasta Norte del país, cargando con todos los pertrechos de guerra y sus familias. Este repliegue hacia el interior de China, permitió a ese puñado de revolucionarios que sobrevivieron reagruparse, concentrar fuerzas y volver a pasar a la ofensiva. De allí emergerá Mao como líder indiscutido del PCCh.

El Frente Único Antijaponés

El PCCh lanza una campaña por la construcción de un Frente Único Nacional de todas las clases y partidos para enfrentar la invasión del imperialismo japonés. Las vacilaciones de la burguesía nacional, la pequeña burguesía acomodada, los campesinos ricos y los terratenientes se ven reflejadas al interior del Kuomintang, que empieza a fracturarse. Sectores que habían participado de la campaña de exterminio de los comunistas empiezan a luchar al lado de estos últimos contra los japoneses y contra las directivas de Chiang Kai-shek. Es por eso que en Diciembre de 1936, Chiang es capturado en Xi’an por Chang Süe-liang y Yang Jucheng debido a su negativa de declararle la guerra al Japón.

El PCCh interviene para garantizar la liberación de Chiang, a condición de llevar adelante una alianza para enfrentar la invasión japonesa.

El Kuomintang debía comprometerse a: cesar la matanza de comunistas y frenar la guerra civil; declarar la guerra al Japón y participar del Frente Único Nacional; liberar a los presos políticos; garantizar las libertades democráticas y derechos del pueblo; armar a todo el pueblo; convocar a una conferencia de salvación nacional con la participación de todos los representantes de todos los partidos políticos, sectores sociales y de las fuerzas armadas para enfrentar la invasión; entrar en cooperación con aquellos países que simpatizan con la resistencia de China al Japón.

El Partido Comunista Chino debía comprometerse a: abandonar la consigna de “¡Abajo Chiang Kai-shek!” por “¡Poner fin a la guerra civil y unirse para resistir al Japón!”; cambiar el nombre del Gobierno que dirige el PCCh por el Gobierno de la Región Especial de la República de China; cambiar el nombre del Ejército Rojo por Ejército Revolucionario Nacional para poder ser incorporado al Consejo Militar del KMT; suspender la confiscación de tierras a los terratenientes.

El PCCh confiaba en que estas grandes concesiones podían ser utilizadas para desenmascarar el papel traidor del nacionalismo burgués encarnado en Chiang Kai-shek y el Kuomintang. Por eso las orientaciones del Partido Comunista Chino fueron “ampliar lo máximo posible” la democracia para las masas y la construcción de órganos de poder en toda China, pero sin perder de vista que este Frente Único debía ser dirigido por el proletariado y su partido.

Mientras los comunistas llamaban a la Guerra de Resistencia total, a la movilización general del país, a armar el pueblo y unirlo al ejército, al llamamiento de una asamblea nacional democrática de todos los verdaderos representantes del pueblo, a expropiar las propiedades japonesas y romper relaciones diplomáticas con Japón y sus aliados; el sector más reaccionario de los nacionalistas con Chiang Kai-shek a la cabeza seguía persiguiendo a aquellos sectores que resistían y no dejaba de hacer concesiones a los japoneses.

En 1939 Mao elabora su teoría de la Nueva Democracia. La Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa de 1917 abrieron un nuevo escenario a nivel internacional, la etapa imperialista y de revolución socialista mundial. Mao sostiene que durante esta etapa ya no van a ser posibles las revoluciones democrático-burguesas con su “vieja” democracia burguesa, es por eso que es necesario aplicar una “nueva”. Este nuevo tipo de revolución significaría la toma del poder estatal por parte del proletariado, para realizar la revolución democrática (terminar con la propiedad de los terratenientes, expulsar al imperialismo y establecer un sistema democrático de gobierno y libertades democráticas) como parte de la revolución socialista mundial. Si bien Mao no renuncia explícitamente a la concepción estalinista de revolución por etapas, sí sostiene que el objetivo de la revolución no puede ser una república burguesa ni puede estar en manos de la burguesía su dirección. 

El fin de la guerra y la derrota de Japón, la reanudación de la guerra civil

El 8 de agosto de 1945, la Unión Soviética le declaró la guerra al Japón y ataca por el Norte de China. Terminada la Guerra de Resistencia, surge el gran interrogante, ¿quién va a firmar la paz con el imperialismo japonés derrotado? Chiang Kai-shek era consciente de esto, y por esto dio un ultimátum al PCCh: o entregaban las armas y a su ejército o no serían capaces de obtener su “estatus legal”, por lo tanto, quedaban “fuera” de una firma de claudicación por parte de Japón. Acertadamente, el Partido Comunista Chino no entregó sus armas (como si lo hicieron los Partidos Comunistas de otros países siguiendo las órdenes del estalinismo), lo que provocó el retorno de la campaña de aniquilamiento por parte del KMT y la vuelta a la Guerra Civil.

El Kuomintang, financiado por Estados Unidos, comenzó el ataque a las regiones liberadas por el Partido Comunista Chino. Ante este cambio de situación, el PCCh comenzó una política de “reducción de arriendos sobre la tierra” y volvió a poner en pie las demandas campesinas. Sin embargo, en 1946 profundizó la política agraria, emitiendo la directiva de “confiscar todas las tierras de los terratenientes y repartirlas entre los campesinos”. Esto último resultó en un golpe mortal para la retaguardia del Kuomintang, debilitándolo considerablemente.

Las demandas de las masas comenzaron a agitarse en las regiones controladas por Chiang Kai-shek, que ya era asociado al imperialismo norteamericano como su lacayo servil que no quería la paz ni la democracia y sólo buscaba continuar con la matanza del pueblo chino, lo que terminó por unificar a las masas en contra de lo que quedaba de la dictadura militar del Kuomintang. Aprovechando este impulso, el Ejército Popular de Liberación de China emprendió la contraofensiva final en 1947.

Dos años después, el PCCh logró una victoria total sobre el enemigo de las masas chinas, y Chiang Kai-shek se exilió en la Isla de Formosa, hoy más conocida como Taiwán. El 21 de septiembre de 1949 se inauguró la Conferencia Consultiva Política de toda China con más de seiscientos delegados de todos los partidos democráticos y organizaciones populares del país para poner a la nación de pie.

Conclusión

¿Cómo fue posible que un Partido asfixiado por la burocracia estalinista haya podido lograr una revolución proletaria triunfante? Tal y como planteó Trotsky, el PCCh, para convertirse en la dirección de la revolución, tuvo que romper la subordinación a la burguesía nacional, defender un programa democrático y batallar por la formación de un frente único antiimperialista dirigido por el proletariado.

Desde el POR, consideramos que el estudio de la Revolución China es una escuela de aprendizaje, y una herramienta vital para lograr la revolución en Argentina y en toda Latinoamérica. Con el avance del imperialismo yanqui dirigido por Donald Trump, urge más que nunca recordar estas lecciones históricas, para saber cuál es la táctica del proletariado a emplear, cuál es la posición proletaria frente a China en esta Guerra Comercial que tiende a convertirse en Guerra Bélica.

El centrismo que se reivindica del trotskismo, el progresismo latinoamericano y el nacionalismo burgués han abandonado todo vestigio de lucha anti-imperialista, puesto que sus posiciones internacionales coinciden con las del amo imperial. Esta deriva ideológica les impide defender consecuentemente a Irán o a Venezuela y exigir la libertad y restitución a la presidencia de Maduro, y también van a ser incapaces de defender a Rusia y a China llegado el caso.

Por nuestra parte y a contracorriente, continuamos con este ciclo de formaciones para tener las herramientas bien afiladas. Porque el imperialismo no descansa, y nosotros, tampoco.

(Nota de MASAS n°496)