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Solo expulsando al imperialismo, conquistando la soberanía nacional, derribando la dictadura del capital y su Estado, haremos JUSTICIA y podremos decir efectivamente ¡NUNCA MÁS!

Por nuestros 30.000 detenidos desaparecidos, decenas de miles de exiliados, presos, torturados, perseguidos, los niños apropiados, las compañeras violadas, las organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores ilegalizadas y la causa de Malvinas traicionada, por todos ellos necesitamos hacer Memoria, comprender qué pasó, quiénes son responsables del genocidio para ajustar cuentas con ellos.

¿Quién ordenó el Golpe genocida? Las Cámaras empresarias prepararon las condiciones para el Golpe y pusieron a Martínez de Hoz como ministro de economía, para aplicar la política que Celestino Rodrigo no pudo realizar bajo el gobierno de Isabel Perón. Las fuerzas armadas actuaron como un ejército de ocupación, serviles del amo imperial, haciendo el trabajo que EE.UU. no podía hacer directamente.

El objetivo: derrotar y aplastar a la vanguardia obrera y juvenil, destruir sus organizaciones sindicales, sociales y políticas, que luchaban por liberar nacional y socialmente nuestro país. Eran un obstáculo para sus planes de dominación por eso el Golpe y la dictadura tuvieron un claro propósito clasista.

En la historia de los golpes militares, como en la mayoría de los países de Latinoamérica aparecen el imperialismo, las multinacionales, la oligarquía terrateniente, que sólo podían llegar al poder por ese medio. En 1930 derrocaron a Irigoyen, en 1955 a Perón, en 1966 a Illía, en 1976 a Isabel Perón. En 1955 protagonizaron el mayor atentado terrorista en el país bombardeando la Plaza de Mayo desde aviones, asesinando a cientos de civiles. Toda nuestra historia esta regada de sangre obrera, desde principios del siglo pasado en las huelgas del 1° de Mayo, en la semana Trágica de los Talleres Vasena, en la Patagonia Rebelde, en los quebrachales. Siempre nos apuntaron los mismos.

El golpe del 24 de Marzo fue parte de un Operativo de internacional conocido como Plan Cóndor, que debía terminar con la vanguardia en Argentina (1976), Chile (1973), Bolivia (1971), Uruguay (1973). En Brasil ya gobernaba una dictadura militar desde 1964. La dictadura de Stroessner en Paraguay era anterior. Las fuerzas represivas del Continente fueron coordinadas por la CIA.

Los grandes medios de comunicación cómplices del genocidio trabajaron y trabajan incesantemente por ocultar quienes ordenaron y se beneficiaron con el Golpe y la represión, dejando que la responsabilidad cayera casi exclusivamente en los militares. También trataron de ocultar la responsabilidad de las jefaturas de las iglesias, especialmente la Católica bendiciendo el terrorismo de Estado, de ocultar la responsabilidad de periodistas y medios, de empresarios, polítiqueros y burócratas. Cuando decimos que fue una dictadura cívico-militar tenemos que ponerle nombre a quiénes nos referimos. Todos ellos han seguido en el poder, algunos en las sombras, otros abiertamente, bajo el ropaje de la democracia burguesa. No olvidemos a los dirigentes políticos que alertaban a los militares sobre el peligro de la “guerrilla fabril” refiriéndose a los delegados, a las comisiones internas, a los activistas sindicales.

El recambio por la democracia burguesa fue comandada por el imperialismo. En Argentina y en el resto del Continente obligaron a cambiar por formas democráticas luego de la Revolución en Nicaragua, porque las dictaduras militares unificaban a la mayoría en su contra. En Argentina temían que un levantamiento popular tirara abajo a la dictadura, sobre todo después de la crisis que explotó con la miserable conducta de la Junta Militar en Malvinas.

Bajo la democracia burguesa avanzó más la destrucción de la industria, la desocupación, la pérdida del poder adquisitivo, el saqueo de nuestros recursos, el endeudamiento. La burguesía pudo ir más lejos que con la dictadura. En buena medida pudieron hacerlo porque habían liquidado a lo mejor de la vanguardia obrera y juvenil, a lo mejor de los oprimidos. Y porque despertaron una gran ilusión en la democracia, sin que se entendiera que era la fachada de la dictadura del capital.

La represión terrorista de Estado comenzó con Perón, desde su llegada en Ezeiza el 20 de Junio de 1973, le siguieron las intervenciones violentas a las provincias, la represión al Villazo, los asesinatos de la Triple A. Siguió y se multiplicó con el Golpe genocida.

Los capitalistas, más concentrados, siguieron en el poder después del ´83, sin que sus crímenes fueran investigados, sin que pagaran por sus fraudes y estafas. Bajo formas democráticas trataron de garantizar la impunidad para los que ejecutaron la represión más salvaje, con “puntos finales”, “obediencia debida”, “perdones”, “indultos”, “amnistías”. O queriendo limitarla a sus jefes más recalcitrantes.

Solo la lucha heroica de las Madres y los organismos de Derechos Humanos pudieron impedir la impunidad, apoyándose en la movilización, confiando en sus propias fuerzas. Pudieron poner en el banquillo de los acusados a cientos y miles de represores, condenándolos y poniendo al desnudo todos sus crímenes, antes que la Justicia burguesa pudiera tomar alguna acción, que sigue dilatando en muchos casos hasta nuestros días.

El “Nunca Más” fue un engaño. Sólo podrá haber Nunca Más cuando terminemos con las bases materiales de la represión, de los golpes, del terrorismo de Estado, que es el poder económico, el verdadero poder, expropiándolo, expulsándolo, derrocándolo, terminando para siempre con la dictadura del capital, haciendo realidad la revolución social con la que soñaron nuestros compañeros detenidos, desaparecidos, torturados, asesinados. Su sueño no era utópico, ya hace 50 años el capitalismo estaba agotado y no tenía nada más que ofrecer.

Costó muy caro la ilusión de que la democracia burguesa es la estación final del desarrollo humano, creyendo que el poder había cambiado de mano. Confundiendo democracia con libertades democráticas.

Milei es la representación directa del poder más concentrado que sólo podía gobernar mediante golpes militares. Es la expresión descarnada de la dictadura del capital y no oculta que representa a esa minoría, sus intereses, contra los trabajadores y la Nación. Por eso no tiene ningún problema en presentar como propio el programa de Martínez de Hoz, reivindicar la dictadura, tratar de destruir las pruebas y testimonios que quedan del horror, detener los juicios, liberar a los genocidas presos y negar las atrocidades de la última dictadura cívico-militar. Por eso se alinea miserablemente con Trump y el sionismo en el genocidio del pueblo palestino y en el ataque terrorista sobre Irán.

Cuando decimos que hay que terminar con Milei antes que siga haciendo más daño estamos diciendo que tenemos que terminar con esa clase que lo dirige y ordena, con el FMI y las grandes corporaciones que dieron el último golpe y todos los golpes. Debemos terminar con esa minoría parásita, especuladora, saqueadora, explotadora y esclavista, fugadora y narcotraficante, que nos lleva a la barbarie.

Será posible si la clase obrera se independiza políticamente, construye su partido revolucionario, recupera todos los sindicatos y centrales sindicales, y pelea por su propio poder acaudillando a la mayoría oprimida en un frente único antiimperialista. Ninguna otra clase social puede tomar su lugar. 

(Nota de Masas n°499)