Tercera formación sobre la Revolución China
A principios de febrero se realizó la tercera formación sobre la Revolución China y su historia. En esta ocasión, analizamos tres etapas y acontecimiento muy difundidos y propagandizados, pero casi nunca bien comprendidos, permaneciendo ocultas las fuerzas vivas que impulsaron los mismos. Hablamos del período “Que florezcan cien flores, que compitan 100 escuelas” junto al “Gran Salto Adelante”; la “Revolución Cultural”; y la ruptura de las relaciones entre la Unión Soviética y la República Popular China. Discutimos 3 cuestiones claves para comprender la historia moderna de China.
La victoria de la Revolución China en 1949 confirmó la justeza de las críticas que realizó Trotsky en su momento al VI Congreso de la Internacional Comunista sobre la subordinación del Partido Comunista Chino (PCCh) al Kuomintang (KMT) dictadas por el estalinismo, sobre el desarrollo de la dictadura fascista del KMT en China, y sobre la necesidad de que el PCCh rompiese con la subordinación y estableciese la estrategia del Frente Único Anti-imperialista.
En 1945 Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética se repartirían el mundo y sus zonas de influencia. El triunfo de la Revolución China en 1949 constituyó la primera gran ruptura de aquél reparto del mundo.
El proceso revolucionario abierto por la Revolución Rusa, y potenciado más tarde por la Revolución China se expandió a escala mundial: durante 1946 fue la Primera Guerra de Vietnam, que resultó en la derrota de los franceses en 1954; en 1950-1953 se desarrolló la Guerra de Corea; desde 1950 a 1970 se desarrollaron las guerras de liberación por todo el continente africano; en 1959 triunfó la Revolución Cubana; entre 1964 y 1975 Estados Unidos invadió Vietnam y fue derrotado, triunfando la Revolución Vietnamita; entre otros sucesos importantes.
Los primeros planes quinquenales: el comienzo de la construcción socialista en la atrasada China
China partía de una base económica mucho más atrasada de lo que lo hizo la URSS. El problema de industrializar el país y superar el atraso en el campo será fundamental a lo largo de las próximas décadas, junto a la necesidad de romper el cerco que el imperialismo montaba en torno a la Revolución China con Japón, Taiwán, Corea del Sur y el Sudeste Asiático. No olvidemos que China participó de la Guerra de Corea apenas unos meses después del triunfo de la Revolución y que EEUU amenazará sistemáticamente con arrojar bombas nucleares sobre la China Comunista.
El PCCh planteará que “la línea generaly la tarea general del Partido para el período de transición consisten en cumplir en lo fundamental la industrialización del país y las transformaciones socialistas de la agricultura, de la artesanía y de la industria y comercio capitalistas en un lapso de diez a quince años o algo más” (tres planes quinquenales).
Los Estados Obreros pagaron muy caro su atraso y la derrota de la Revolución en los países desarrollados, con muertes por hambrunas que se contaron por decenas de millones. Guillermo Lora sostuvo que cuestión estará también en la base de la ruptura de las relaciones entre China y la URSS: “No hay que olvidar que una de las contradicciones de mayor significación entre la URSS y sus satélites radica en el choque de los objetivos de una economía (la rusa) absorbente y fundamentalmente orientada a fines guerreros y los intereses inmediatos de los países que buscan industrializarse y salir de su postración y atraso. Tenemos el ejemplo de China que viene haciendo esfuerzos desesperados para colectivizar sus campos y para industrializarse mediante el empleo de técnicas primitivas. Tal es el fundamento económico de las divergencias ideológicas que sacuden al bloque soviético.
Detrás de la palabrería insulsa alrededor de la ‘coexistencia pacífica’ está la certidumbre moscovita de que el tiempo -cuanto más prolongado mejor- puede permitir a Rusia alcanzar y superar la producción del bloque imperialista. La China desea que otros países, especialmente los mayormente desarrollados, vayan en su ayuda y les cooperen a encontrar el camino de la industrialización. Para Pekín la coexistencia pacífica es una traición a los pueblos revolucionarios, y sabe -y hasta lo desea- que el choque armado con el imperialismo es inevitable”. (Masas n°171, La Paz, 6 de diciembre de 1961, Obras Completas Tomo XII)
La ruptura con la burguesía nacional, la superación de la “Nueva Democracia” y la lucha dentro del PCCh
A mediados de 1952 Mao planteará que “una vez derribadas la clase terrateniente y la burguesía burocrática, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional pasó a ser la contradicción principal de orden interno en China”. Al igual que en la Revolución Rusa, la burguesía y los campesinos ricos no fueron expropiados desde el día 1, si no que vieron sus derechos políticos y económicos severamente restringidos. “Sometida a la restricción, la burguesía todavía disfruta de algo de estas libertades, pero en un alcance muy reducido. Tenemos que preparar las condiciones para privarla también de esas pequeñas libertades”.
En Mayo del ’53 se expresará un choque con el ala de Lui Shao-chi y Deng Xiao-ping, que alcanzará su máximo en la Revolución Cultural una década más tarde. Hasta qué punto se debe permitir o terminar con las formas de propiedad privada que existen en el campo y la ciudad luego de la Revolución será el punto principal en torno al que se ordenará la lucha interna del Partido, como ocurrió entre Lenin y Bujarín en torno a la NEP.
En Junio del ‘53 Mao criticará tanto a los que buscan saltar al comunismo de un día para otro como aquellos que “siguen parados en el mismo sitio después de alcanzado el triunfo de la revolución democrática, sin comprender que ha cambiado el carácter de la revolución, continúan trabajando por su ‘nueva democracia’ y no por las transformaciones socialistas”.
1956: Informe secreto, Polonia, Hungría, las 100 Flores
Jruschov logra hacerse del control del Partido Comunista de la URSS (PCUS) en el XX Congreso, tras la muerte de Stalin en 1953. Allí presentará el conocido “Informe secreto sobre los crímenes de Stalin” que dará comienzo a un proceso de “desestalinización” al que Mao se opondrá considerando que el “rechazo al culto a la personalidad de Stalin” escondía una política restauracionista y contraria a la revolución mundial: “A mi juicio, existen dos ‘espadas’: Una es Lenin y la otra, Stalin. Ahora, una de esas espadas, Stalin, ha sido abandonada por los rusos. En cuanto a la otra espada, Lenin, ¿no habrá sido abandonada en cierta medida por algunos dirigentes soviéticos? En su informe ante el XX Congreso del PCUS, Jruschov afirmó que era posible conquistar el Poder por la vía parlamentaria, lo que quiere decir que para los demás países ya no es necesario aprender de la Revolución de Octubre. Abierta esta compuerta, el leninismo ha sido prácticamente abandonado”.
En 1956 ocurrieron también los levantamientos en Polonia y Hungría contra la burocracia soviética, confirmando las tesis de Trotsky sobre la necesidad de la Revolución Política para terminar con la burocracia en los Estados Obreros y establecer la democracia proletaria. En China, la burocracia del PCCh toma nota del malestar en las masas y lanza la campaña de que “florezcan cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento”, en un intento de ofrecer algún tipo de democracia que, sin embargo, dura apenas unas semanas y es reprimido.
El Gran Salto Adelante y su fracaso
Hacia fines de los 50’ el PCCh establece la política de marchar a toda velocidad hacia la industrialización y cooperativización del campo. Se lanzaron las “Comunas Populares”, presentadas como una forma de “transición al comunismo”. Se trataba de vastas unidades (que agrupaban un promedio de 5.000 hogares) que integraban la agricultura, la industria, la educación y la administración. En el campo, el objetivo era erradicar los últimos vestigios de la propiedad privada y lograr cosechas récord mediante la iniciativa popular. También en las ciudades se debía acelerar el ritmo de desarrollo y, además, se esperaba que cada comuna rural, en su “tiempo libre”, desarrollara su industria “pesada” local (estableciendo altos hornos artesanales de fundición de acero en cada pueblo, etc.).
Esta política impulsada por Mao Tse-tung fue un verdadero desastre y generó un caos sin precedentes. En todos los niveles, los líderes declararon cifras que no reflejaban la realidad de la producción y éxitos ficticios que auguraban futuros desastres en la economía. Así, durante el verano de 1958, Pekín anunció cosechas fabulosas y éxitos industriales. Luego tuvieron que reconocer que sobreestimaron la realidad en al menos un 30%. El resultado fue una catástrofe: una hambruna en los años siguientes que algunos calculan en más de 50 millones de muertes.
La ausencia de una vanguardia estructurada alrededor de un programa revolucionario privó de la posibilidad de extraer las imprescindibles conclusiones y el curso de acción necesario. Dos alas burocráticas dentro del Partido Comunista Chino se lanzaron a una enconada lucha fraccional que se irá alternando la dirección del Partido hasta 1978. Ninguna de estas dos fracciones -tal y como sucedió en la Unión Soviética- encarnaban la continuidad del marx-leninismo trotskista, por lo que abordaron la resolución de las crisis aparecidas con un método burocrático. Esto tendría conclusiones funestas en la lucha revolucionaria mundial, enarbolando la “coexistencia pacífica”, la cooperación con el imperialismo y abandonando, en los hechos, la lucha por la dictadura del proletariado y la revolución mundial.
La expropiación revolucionaria de la burguesía junto con la planificación de la economía constituyen palancas fundamentales para liberar las fuerzas productivas del chaleco de las relaciones sociales de producción capitalista. Pero no resuelven por sí solas todas las contradicciones del período de transición. Significa esto que la dictadura del proletariado reflejará, a su turno y de forma dialéctica, una serie de luchas gigantescas entre las fuerzas del capitalismo y del socialismo. Capitalismo que se engendra una y otra vez, que aparece como fuerzas vivas con la pequeña propiedad y que no termina de morir; y socialismo que solo puede ser entendido a escala internacional y no como una anormalidad de un país aislado.
Tanto la futura “Gran Revolución Cultural China” como la etapa del “Gran Salto Adelante” solo pueden entenderse enmarcadas dentro de estas contradicciones, reflejando las crisis irresolubles en el Estado Obrero degenerado. La Revolución Cultural, a pesar de todas las tergiversaciones e intentos de elevarla a la categoría de “revolución política”, solo significó un peldaño más dentro del proceso de degeneración del Estado Obrero, resuelto a la manera burocrática, deshaciéndose de una capa burocrática por otra y preparando el terreno para crisis aún más profundas. Importante es remarcar que la dirección revolucionaria no garantiza el éxito de la lucha contra estas contradicciones, sino tan solo la mejor forma de hacerlas conscientes y llevarlas adelante, reconociendo (y reiterando), como sostenía brillantemente Trotsky, que su resolución no se resuelve en los marcos de una economía aislada y atrasada.
Los textos para la formación seleccionados y discutidos constituyen hallazgos prácticamente inéditos para el trotskismo internacional, redactados y elaborados al fragor de las luchas de aquellos años. El primero de Pierre Broué, si bien fue previamente publicado en nuestra revista internacional “América India” de Política Obrera en 1972, fue ocultado sistemáticamente a la militancia trotskista, buscando hacer creer que no existen tradiciones para reivindicar (aun con sus eventuales errores y ambigüedades). El segundo de François Forgue también revela su enorme trascendencia al intentar caracterizar científicamente el contenido de clase del Estado, la naturaleza del PCCh y la propia mecánica de la revolución en curso, características que comparte en menor medida el primero de estos textos. Cabe destacar que tanto Broué como Forgue eran militantes de la OCI francesa, que eran parte de la Internacional junto al POR boliviano en el CORCI hasta la ruptura con Lambert.
La cuestión nuclear
En 1945 EEUU detonó sus bombas nucleares en Japón, con el objetivo de forzar su rendición hacia el imperialismo y no ante la URSS. Confiaban en que detentarían el monopolio de la energía destructiva del átomo por décadas. En 1949 la URSS logró detonar su primera bomba atómica. Le siguieron Inglaterra en 1952 y Francia en 1960.
El 15 de octubre de 1957 se firmó un acuerdo secreto entre Pekín y Moscú, según el cual la URSS se comprometía a suministrar armas nucleares a China. Fue dado de baja por los rusos el 20 de junio de 1959. Es decir, justo cuando se preparaba la reunión de Camp David (que tendría lugar en septiembre) entre Jruschov y Eisenhower, entonces presidente de Estados Unidos. El significado de la operación es claro: como requisito previo para unas negociaciones integrales con el imperialismo estadounidense, se entendía que China se mantendría en una posición de inferioridad militar.
En 1960 comienza la retirada de los técnicos soviéticos de China, en medio de la gran hambruna, abandonando decenas de miles de fábricas y proyectos. El PCCh comprende con claridad que la política de coexistencia pacífica con el imperialismo del PCUS implica traicionar la Revolución China, y mantenerla como un Estado subordinado dentro del reparto del mundo entre la URSS y EEUU.
En 1962 ocurre la Crisis de los misiles de Cuba y en 1963 la URSS, Inglaterra y Estados Unidos firman el primer tratado de prohibición parcial de los ensayos nucleares, buscando establecer un firme monopolio de las armas de destrucción masiva de forma que ningún otro país pueda acceder a ellas, y por tanto, a la soberanía. En 1964 China será el primer país que logra detonar una bomba atómica rompiendo el pacto del imperialismo con la URSS. La seguirán Israel (1967), India (1974), Pakistán (1998) y Corea del Norte (2006).
La ruptura de las relaciones entre la URSS y China
En 1963, ante la inminencia de la firma del tratado entre la URSS y EEUU, comenzaron a publicarse las cartas entre la dirección del PCUS y el PCCh, que anexamos en los materiales de estudio para la formación. La burocracia del Kremlin acusa a los chinos de querer la insurrección “siempre y en todo lugar” oponiéndose a las tesis de transición pacífica al socialismo adoptadas por el XX y XXII Congreso del PCUS. Sostienen además que el llamado a la revolución en los países atrasados y coloniales podría desatar un enfrentamiento nuclear devastador y que la tarea de los comunistas es pelear por la paz, por la coexistencia pacífica entre países con sistema sociales distintos.
Pekín, por su parte, responde que el PCUS y todos sus satélites en el resto del mundo incurren en el cretinismo parlamentario, abandonan la estrategia de la revolución y dictadura proletarias, y rechazan las tesis de la transición pacífica (electoral) al socialismo, y consideran que difundir la ilusión de que el imperialismo puede desarmarse por voluntad propia constituye un engaño y una traición a los pueblos oprimidos del planeta. También critica las modificaciones programáticas del XXII Congreso del PCUS que sustituyeron el Estado de la dictadura del proletariado por el Estado “de todo el pueblo”.
Ambos coinciden en que sus críticas le están dando la razón a los trotskistas. Mientras tanto el imperialismo se refriega las manos, le ha caído un regalo del cielo. La ruptura entre la URSS y China, entre los dos Estados Obreros más importantes, constituye una tragedia para los oprimidos del planeta, solo equiparable con la disolución de la URSS. En menos de una década Estados Unidos logrará aprovechar esta disputa para acercarse a China y tras el viaje secreto de Kissinger y Nixon, reestablecerá las relaciones diplomáticas en 1972. La burocracia de Pekín abandonará la potente fraseología revolucionaria con la que criticó apenas unos años atrás al Moscú y seguirá su mismo camino abogando por la coexistencia pacífica y traicionando la revolución mundial.
Construir la IV Internacional
Trotsky estaba convencido de que el triunfo de una nueva revolución proletaria debilitaría a la burocracia soviética y establecería el curso para la Revolución Política en el Estado Obrero degenerado. La Revolución China es la revolución que el estalinismo no pudo derrotar, logró abrirse camino a pesar de todas las traiciones de Stalin y Bujarín y de todos los asesores de la III Internacional como Roy o Borodin. Incluso en 1948, meses antes del triunfo de la Revolución, Stalin recomendó mantener las guerrillas en el campo y no aventurarse a tomar el poder en las ciudades. En el reparto del mundo realizado en 1945 China debía quedar dividida entre EEUU y la URSS, bajo la dirección del Kuomintang con apoyo del Partido Comunista.
A diferencia de los PCs del resto del mundo, el PCCh no obtenía su fuerza de la subordinación a Moscú, si no de su vínculo con las masas. El triunfo de la Revolución China puso sobre la mesa la necesidad de la Internacional en una nueva dimensión, que no existía hasta entonces: además de organizar la lucha de la clase obrera y de los trabajadores del planeta por la revolución proletaria, debía ayudar a establecer los lazos de cooperación e intercambio entre los Estados Obreros. Se reveló con toda su magnitud la traición que significó la disolución de la III Internacional por parte de Stalin en 1943, una concesión hecha al “imperialismo democrático” en pos de la coexistencia pacífica.
El maoísmo, que tenía la fuerza y la autoridad para criticar a la burocracia soviética, no pudo convertirse en la dirección de la Revolución Política en los Estados Obreros degenerados, como parte de la Revolución Socialista mundial. El maoísmo, que tuvo que romper con el estalinismo para dirigir la revolución, reveló su propio carácter burocrático y contrarrevolucionario como una variante china del estalinismo. Alentó la revolución mundial mientras coincidió con sus propias necesidades nacionales, y la abandonó por las mismas razones. Una vez que alcanzó el poderío nuclear abrazó las tesis estalinistas del “socialismo en un solo país” y reestableció los lazos con Estados Unidos, hasta la víspera caracterizado como el mayor peligro para la humanidad, que venía a ocupar el lugar dejado por el nazismo alemán. Caracterizó, erróneamente y de forma superficial de acuerdo a sus intereses diplomáticos, que en la URSS ya se había restaurado el capitalismo, como en el pasado lo había hecho respecto a Yugoslavia, dando lugar a un “socialimperialismo”.
Los trotskistas defendemos incondicionalmente a los Estados Obreros, sin confundir esa defensa con la de la burocracia contrarrevolucionaria. La tarea es poner en pie la IV Internacional que mantenga firme la estrategia de la revolución proletaria mundial, y de la revolución política en los Estados Obreros como parte de esa misma estrategia.
(Nota de Masas n°499)
