6ta formación sobre la Revolución China, parte I
La vasta y ardua tarea de profundizar la comprensión de China -su historia, su desarrollo, su actualidad y sus perspectivas- sumó un nuevo capítulo en la formación del Partido Obrero Revolucionario realizada en julio. China constituye, a todas luces, un fenómeno trascendental que es preciso analizar científicamente y así lograr ubicarse correctamente en la situación política internacional en la etapa actual.
Para recapitular y sintetizar lo hasta aquí alcanzado señalamos que los cinco encuentros previos tuvieron como premisa fundamental el alcanzar un entendimiento sobre el desarrollo de la revolución china, desde sus propios orígenes y tragedias (como el periodo de 1925-1927) hasta su triunfo en 1949 y su posterior evolución. Fue necesario para ello desempolvar escritos históricos de Trotsky y otros inéditos como el libro de Harold Isaacs; también estudiar en profundidad las concepciones de Mao Tsetung desprendiéndolas del halo místico con el que adeptos y opositores las habían rodeado.
A partir de allí continuamos avanzando. Seguidamente fue el turno de abordar la etapa más incomprendida de la revolución china, aquellos 20 años que van de 1956 a 1976, no solo internamente sino también internacionalmente. Los debates y el conflicto sino-soviético que marcarán a fuego las características del Estado Obrero chino, la campaña de las “100 flores y 100 escuelas de pensamiento”, el Gran Salto Adelante, el Movimiento de Educación Socialista con sus campañas de rectificación, hasta llegar a la Revolución Cultural China.
No resulta en vano destacar que cada etapa se define en conjunto y solo en interrelación con su predecesora y sucesora. Tal es así, que son frecuentemente groseros los errores a los que arriban los que intentan estudiar aislada y autónomamente cada uno de estos eslabones de la revolución china, dando lugar a interpretaciones forzadas o reproduciendo -consciente o inconscientemente- postulados revisionistas.
Solo a partir de la asimilación de ese período, en el que se incluyó material filmográfico también inédito en estas latitudes (“Rompiendo con las viejas ideas” un clásico de la propaganda maoísta), nos armamos programáticamente para continuar avanzando sobre pilares firmes. El período inaugurado por la reincorporación de Deng Xiaoping al Comité Central del PCCh y la victoria de su línea política exigía el mayor de los recaudos. Sucede que ese momento bisagra ha sido las más de las veces cuanto menos deformado.
No reiteraremos aquí lo que ha quedado reseñado en los artículos previos. Simplemente interesa remarcar el método que ha hecho carne en los poristas al momento de delimitarse políticamente. Expresión de esto es la seriedad con la que se han estudiado los escritos ya referidos de Trotsky, Isaacs y Mao; los de Deng y los de Jiang Zemin; los análisis de los economistas burgueses, entre muchos otros; e incorporando también materiales más actuales de las principales figuras del PCCh (Hu Jintao, Xi Jinping).
Una vez armados de estos elementos fuimos al encuentro de las concepciones de otros partidos. Una delimitación respecto a las diferentes organizaciones centristas de Argentina solo puede realizarse sintéticamente y será abordado en un conjunto de artículos venideros. En lo que es posible avanzar es en el señalamiento de los rasgos generales de las posiciones políticas. No es casualidad que haya sido el PCR argentino quien desde sus orígenes mayor atención le dedicó al asunto, en la búsqueda de justificar su ruptura con el Partido Comunista. Veremos que muchas de las posiciones vertidas desde sus orígenes serán replicadas, aunque con menos coherencia y armonía, por muchos autoproclamados trotskistas.
Como es lógico, Nahuel Moreno imbuido en los debates internacionales de esa época tuvo una temprana intervención en un intercambio de cartas con Livio Maitán y algunos artículos sueltos, que marcarían por décadas la línea oficial del morenismo. También en el periódico Política Obrera puede verse desde sus primeros números un intento por posicionarse, tanto replicando artículos internacionales como elaborando los propios.
Pero es preciso marcar algunas cuestiones que se irán desarrollando en artículos venideros: a pesar de las diferencias circunstanciales o la óptica desde donde se analice la Revolución China y su desarrollo, hay rasgos en común a todas las organizaciones centristas o revisionistas en el trotskismo. Lo primero que es preciso decir, tal y como señalaba nuestro camarada Guillermo Lora, “Moreno y otros supuestos trotskistas se han caracterizado y se caracterizan por aparecer cada 24 hs con diferente camiseta y adoptando posturas siempre nuevas y contrapuestas a las de la víspera. Les asusta su propia historia – la niegan sin ruborizarse porque constituye censura y acusación contra todo lo que hacen el día de hoy. Reniegan de su pasado y se esfuerzan por no ser tradición”. Y es por eso que son incapaces de defender sus escritos y posiciones pasadas; es por eso que aparecen con nuevos materiales en donde pasan por alto lo dicho hasta la víspera; es por eso que su método de construcción naufraga en permanentes contradicciones, rasgo común de las concepciones pequeño-burguesas.
Para la mayoría de ellos la restauración capitalista es un lento proceso de evolución, sin sobresaltos, donde la clase obrera va perdiendo paulatinamente su papel de dirección del Estado Obrero, hasta convertirse, nadie sabe cómo ni cuándo, en un estado burgués, “estado no obrero”, “estado capitalista” o “estado en transición”, entre muchas otras acepciones. Reproducen así, lo que Trotsky denominaba “reformismo a la inversa” en sus polémicas en el seno de la IV internacional. Es decir, la revolución o la contrarrevolución como un proceso sin grandes choques, armónico, paulatino y gradual.
Para justificar tal dislate es preciso avanzar aún más en las revisiones programáticas fundamentales del marxismo. Es así que buscan desesperadamente a su sujeto de la contrarrevolución. Imposibilitados de encontrar una clase capitalista en los términos en los que habla el marxismo se aventuran a crearla con volteretas y contorsiones disparatadas. Los revisionistas encuentran que la burocracia ejerciendo su voluntad, de la noche a la mañana, ha decidido convertirse en burguesía por obra y gracia de sus propios designios. Es preciso entonces romper con la concepción marxista de burocracia como tumor del Estado Obrero, como excrecencia de la sociedad, para convertirla en clase, un aspecto contra el que Trotsky batalló durante largas décadas.
Este conjunto poco coherente de ideas arrancadas de concepciones anti-marxistas pone en jaque, a veces sin saberlo por sus propios instigadores, las tesis de la revolución permanente mismas. Sucintamente, Trotsky precisó en más de una oportunidad que la burguesía en los países capitalistas atrasados era incapaz de cumplir sus tareas históricas y de desarrollar las fuerzas productivas. Que tal desarrollo solo podría lograrse rompiendo con el chaleco de fuerza de las relaciones capitalistas de producción. Evidentemente China en sus últimos 40 años (la China burguesa para los centristas) ha echado por la borda no solo las tesis de la revolución permanente, sino -como vemos- al marxismo mismo.
La sexta formación, entonces, tuvo como punto de partida un panorama general de la China actual, sus debates, sus polémicas, sus enfrentamientos, sus protagonistas y sus relaciones internacionales. Solo a partir de aquí, provistos de los elementos indispensables, era posible abocarse a la tarea de trabar combate con las posiciones de las diferentes organizaciones pretendidamente marxistas.
Ni duda cabe que el POR no ingresó a este estudio, y en consecuencia a este debate, desprovisto de política. El POR porta una tradición que defiende. Pero esta defensa solo puede ser efectiva poniéndola a prueba, balanceándola y posibilitando los ajustes y críticas que sea preciso realizar, incluso si esto implica una revisión completa de la misma, desentrañando y exponiendo las causas que llevaron a posiciones parciales, a imprecisiones o a posibles errores. Esta es la forma con la que procedemos los marxistas, la única que se corresponde con el tipo de partido que construimos.
(Nota de Masas n°506)
