De qué hablamos cuando decimos que fracasó el Gobierno
En estos días se difunden innumerables comentarios sobre el fracaso del programa económico de Milei basados en los informes oficiales sobre la marcha de la economía que son categóricos.
Es una confirmación de lo sostuvimos desde antes que asumiera el Gobierno: con ese Programa del FMI y las grandes corporaciones la situación de la mayoría solo podía empeorar en todos los terrenos. Ni siquiera podría resolver los objetivos centrales que se planteaba: ajustar la economía para a) fortalecer las reservas del Banco Central y juntar los fondos para poder hacer frente a una deuda externa que aparecía impagable; b) “ordenar” la macroeconomía para crear un mejor “clima de negocios”, bajando la inflación, logrando superávits que permitieran eliminar la emisión monetaria y un excedente para comprar dólares para pagar la deuda; c) en esas condiciones crecería la inversión.
Entre los objetivos iniciales estaba la reforma impositiva para bajar los impuestos a los más ricos y a las empresas; reforma laboral para terminar con los derechos de los trabajadores formales precarizándolos; reforma sindical para terminar con la representación de los trabajadores o debilitarla en extremo e ilegalizar las medidas de lucha; reforma previsional para reducir las prestaciones y los beneficiarios ya que es el destino más importante de los “gastos” del presupuesto; achicar la cantidad de trabajadores del Estado; privatizar las empresas del Estado más rentables; eliminar todas las regulaciones y controles por parte del Estado dejando plena libertad a los capitalistas para hacer lo que quieran; liberalización de las tarifas de servicios; apertura total de las importaciones; eliminar la obra pública; etc. En estos puntos se concentra el programa del gran capital y del imperialismo repetido por décadas.
La inflación no baja. El mes pasado el Gobierno festejaba como un triunfo que la inflación mayorista de julio había bajado a 0,8%, en agosto prácticamente se triplicó. La inflación minorista oficial, trucha, fue de 1,7% muy lejos de lo prometido. La inflación 2026 presupuestada era de 10,1%, se estima que será el triple: 29%. En el presupuesto 2027 proyectan 18% anual. El índice debía cambiarse en enero 2026, no se hizo para no reflejar el impacto actual de las tarifas en el índice. La inflación promedio anual entre los años 2003 y 2019 (Kirchner/Macri) fue del 24%, en base al “IPC Congreso”. Ni el retroceso salarial, ni el ancla del dólar barato, ni la apertura indiscriminada de las importaciones con dólar subsidiado, ni las estrictas medidas monetaristas han logrado bajar la inflación.
La deuda estatal sigue creciendo. El Gobierno necesita 25.000 millones de dólares para pagar los vencimientos previos a las elecciones 2027. El “riesgo país”, que calcula el capital financiero, no baja por la incertidumbre si podrá conseguir los fondos. Apura las privatizaciones para recaudar más dólares.
Las reservas netas del Banco Central no llegan a 7.000 millones de dólares.
El superávit fiscal es un engaño. No contabiliza los intereses de los bonos que se devengan cada mes y se acumula a la deuda total. Los egresos del Estado han caído 32% en términos reales en 3 años, esto indica el ajuste extraordinario. Al mismo tiempo se han reducido los ingresos presupuestarios por fuertes reducciones impositivas a los más ricos. La caída de la recaudación lo obligó a nuevos ajustes en 2026. Como los números “no cierran” volverá a ajustar.
Fuerte caída de las Inversiones. La inversión cayó un 11,6% en comparación con 2025. Y cayó 14% respecto 2023. Van 5 trimestres seguidos de caída. El nivel actual de inversión es similar al de la pandemia. Pese a todas las facilidades para invertir, Argentina ocupa el último lugar entre las principales economías de Latinoamérica en inversión extranjera directa.
El uso de la capacidad instalada en las industrias es del 58,2%. En plena pandemia era 64,1%. En julio 2023 65%.
El consumo sigue cayendo. La recaudación por IVA cayó 4,9% anual, sumando diez meses consecutivos de contracción. El producto bruto interno fue negativo en el segundo trimestre del año. Si el tercer trimestre mantiene la tendencia, la economía técnicamente habrá entrado en recesión. El crecimiento de minería, hidrocarburos y agro hasta ahora compensaban el retroceso del resto de los rubros. La proyección para 2026 bajó de 5% a 3% y la estimación del relevamiento que hace el Banco Central la ubica en 2%.
La fuerte caída del consumo popular rompe la cadena de pagos de cadenas de supermercados conocidos que deben refinanciar deudas con bancos y proveedores y hasta proponerles devolver mercadería.
El endeudamiento de las familias sigue siendo elevado como la tasa de morosidad, especialmente en las Fintech y entidades no bancarias, que supera el 31%. En el sistema bancario también es record con 15,8%. Este indicador marca un límite muy concreto a la capacidad de endeudamiento para reactivar el consumo popular.
También crece el endeudamiento empresarial con 57.000 empresas en mora, elevando el riesgo financiero. La deuda de 22.000 empresas sería irrecuperable según informaba el Banco Central.
Las tasas de interés son usurarias para las familias que deben refinanciar el pago de la tarjeta de crédito o por préstamos personales para cubrir la caída real de sus ingresos. La financiación en cuotas del sistema más conocido sigue mostrando tasas de más del 400% anual por dos cuotas. Las pequeñas empresas tampoco pueden tomar deuda con las tasas que pretenden cobrar y las formas de pago con cheques a fecha también se está quebrando.
Crece la economía informal alentada por la crisis y por la política deliberada del Gobierno de eliminar todo tipo de controles y regulaciones, de penalidades a los que operan fuera de la legalidad. Afecta la recaudación de impuestos y la formalización de los puestos de trabajo en relación de dependencia, desfinanciando obras sociales y sistema jubilatorio. 45% de los trabajadores se encuentran en la informalidad.
Estos son algunos indicadores a los que también presta especial atención la burguesía para invertir o retirarse del mercado. Agregamos la pobreza creciente que afecta al 90% de la población que percibe menos de lo que cuesta la canasta familiar, la creciente precarización laboral, la desocupación de cientos de miles de trabajadores, el cierre de empresas, la falta de presupuestos para discapacidad, para educación, salud, ciencia y tecnología, etc. El poder adquisitivo está destrozado con salarios y jubilaciones que alcanzan a cubrir cada vez menos de lo que cuesta la canasta familiar.
El plan ha fracasado en resolver los principales problemas que se planteó resolver y ha creado otros que tampoco puede resolver. Pero ha logrado conquistas muy valiosas para las grandes corporaciones: se ha producido una transferencia fenomenal de ingresos de la mayoría hacia un pequeño número de empresas y hacia el pago de la deuda externa fraudulenta, han bajado los impuestos y eliminado regulaciones y controles que la burguesía reclamaba por décadas, lo mismo con la quita de derechos a los trabajadores, etc. En ese sentido ha ido más lejos que la dictadura, Menem y Macri en la aplicación del programa antinacional del capital financiero. La lucha de clases dirá si pueden sostener esas conquistas.
La burguesía en el poder hunde al país. Ha intentado con gobiernos civiles y militares, con formas democratizantes y dictatoriales, con peronistas y antiperonistas, liberales, neoliberales, conservadores, desarrollistas, neokeynesianos, proteccionistas… Todos han demostrado su incapacidad para romper los bloqueos y desarrollar las fuerzas productivas porque todos defienden la gran propiedad privada de los medios de producción, todos se someten a los dictámenes del capital financiero internacional.
(Nota de MASAS N°510)
