Balance de la lucha de los trabajadores de RA (1era Parte)

El contraste entre los bajos salarios y las crecientes ganancias de la empresa

La base fue el descontento con el salario. La creciente inflación y los miserables acuerdos paritarios de los últimos años firmados por la dirección de los sindicatos del sector han dado como resultado una pérdida del poder adquisitivo. Los salarios del sector han sido históricamente bajos por el peso del trabajo no registrado, ya en marzo 2016 el básico de un oficial era un tercio de la canasta familiar. En marzo 2021 este mismo salario pasó a representar un cuarto del costo de la canasta familiar. Peor aún, antes del último acuerdo salarial el básico de un oficial de costura estaba entre 32 y 35 mil  pesos; por debajo del mínimo fijado por el gobierno. Solamente con los bonos dependientes de la producción y el presentismo se podía alcanzar a los 60-70 mil pesos. Entre los trabajadores hizo carne la denuncia de las paritarias miserables y que la dirección del sindicato negociaba con las patronales a espaldas de los trabajadores.

La mayor pérdida de poder adquisitivo corresponde al periodo 2016-2020, sin embargo, en ese periodo no hubo grandes luchas por el salario dado que predominaba el miedo al despido. Muchas empresas cerraron, entre ellas Sport Tech y Tessicot. Las luchas de aquel entonces fueron en defensa de los puestos de trabajo y la producción textil pasó a estar concentrada en menos empresas.

Según lo detallado en las encuestas a empresas realizadas por la fundación ProTejer el 2020 estuvo marcado por una caída del desempeño de las empresas textiles principalmente por la caída del consumo interno. En su mayoría anticiparon inversiones para el año siguiente. El 2021 hubo una inversión de más de 200 millones de dólares en el sector textil, 27% de las empresas entrevistadas pudo exportar durante dicho año y 8 de cada 10 empresas afirman haber incrementado sus ventas.

En general, en las distintas empresas, el incremento en las ventas y producción se vio reflejado en una intensificación del trabajo (más aprietes y topes inalcanzables), la exigencia de horas extras y la contratación de personal nuevo. Para los trabajadores resultó evidente que las empresas están cada vez mejor y que a ellos no les llega nada.

RA fue de las empresas beneficiadas en el proceso de concentración. La empresa está ganando sumas millonarias y resulta claro para muchos trabajadores que tiene espalda para un aumento por encima del convenio. Trabajan para las principales marcas deportivas y hacen casi toda la producción en determinadas prendas, como son las camisetas de fútbol.  Luego del cierre de la empresa Tessicot en 2016 no hay otra fábrica que tenga ese nivel de producción. Estas condiciones han puesto en evidencia la magnitud de la explotación de los trabajadores. Ha sido un gran logro cuando los compañeros señalan cuántas camisetas hacen, a cuánto se vende cada prenda y cuánto reciben ellos. Exponiendo así la apropiación de la plusvalía por la patronal.

Todo el proceso descrito ha marcado la evolución de la consciencia de los trabajadores. Antes del 2016, el enfrentamiento era principalmente contra la burocracia sindical. La patronal lograba hacer que la burocracia aparezca como la única responsable de los malos salarios por los acuerdos firmados. Entre el 2016 y el 2020 la bronca estaba concentrada contra el gobierno y la empresa aparecía como “víctima” del gobierno pro-imperialista de Macri. Durante el inicio de la pandemia, la bronca comenzó a acumularse ya que fueron convocados a trabajar bajo el rótulo de esenciales desde un primer momento. El evidente crecimiento de la empresa durante el 2021 y la profundización de los aprietes profundizaron la bronca que estalló en un paro de una hora y un pedido inmediato de recomposición salarial a la empresa.

 

(nota de MASAS nº414)

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