Brasil: Comienza un nuevo año. O los explotados reaccionan, o pagarán aún más cara la descomposición del capitalismo

El año 2021 terminó con un crecimiento de la economía brasileña que apenas compensó la caída de 2020. Las previsiones para el año que comienza son sombrías: puede caer por debajo del 1%. Significa que la tasa de desempleo seguirá siendo elevada, y puede alcanzar tasas tan altas como las del año pasado, el proceso de informalización de las relaciones laborales avanzará, y la inflación reducirá aún más el valor del trabajo. El reajuste del 10,04% del salario mínimo impone mayores dificultades de supervivencia a millones de familias

Ni el antiguo «Bolsa Família» ni el nuevo «Auxílio Brasil» son capaces de proteger a los miserables del hambre. Las contrarreformas laborales y de la seguridad social de Temer y Bolsonaro han levantado poderosos obstáculos al crecimiento económico, que se tambalea desde la crisis de mediados de los años 70 y 80. El retorno de la inflación en condiciones de depresión salarial y altos intereses castiga a la mayoría oprimida y deprime la economía. La reducción del desempleo, que bajó del 14,5% en 2020 al 13% en 2021, no cambió mucho la situación de los trabajadores, ya que gran parte de los nuevos empleos sufrieron y sufren de precariedad e informalidad.

La combinación de la corrosión salarial inflacionaria con el aumento de las relaciones laborales precarias e informales -marcadas por el impulso de la subcontratación- profundiza el abismo existente entre la minoría que posee la mayor parte de la riqueza nacional y la mayoría pobre y miserable. Cabe destacar la liquidación masiva de empleos industriales, compensada en parte por los empleos en el comercio y los servicios, infinitamente más precarios e informales.

Lo que los economistas llaman «infrautilización y desaliento», en realidad, corresponde a la destrucción a gran escala de la mano de obra. En 2020, los desempleados y subempleados constituían el universo de más del 50% de la población activa. La tendencia es que continúe el proceso de reducción de puestos de trabajo en la industria. Según el IBGE, de 2013 a 2019, por lo tanto 6 años, se cerraron 28,6 mil empresas manufactureras y se liquidaron 1,4 millones de empleos. En 2020, la industria tuvo una caída del 3,5%, lo que representó despidos masivos.

Esta situación adversa para el trabajador, que sobrevive vendiendo su mano de obra a los capitalistas, explica el fenómeno bárbaro de 13 millones de jóvenes que no trabajan ni estudian; el aumento de la discriminación del trabajador negro y de la mujer trabajadora.

O los explotados reaccionan, o pagarán aún más cara la descomposición del capitalismo. Esta descomposición se refleja en el cierre de fábricas, la destrucción de puestos de trabajo, el aumento exponencial del desempleo y el subempleo, la reducción del valor medio de la fuerza de trabajo y el avance de la miseria y el hambre.

La decadencia del capitalismo en Brasil -reflejo de la descomposición del capitalismo mundial- ya tiene un largo recorrido, por lo que no comenzó con la Pandemia. Junto con este proceso de degradación económica y social, se produjo una progresiva regresión política y organizativa de la clase obrera. La formación de una burocracia pro-capitalista en los sindicatos, tras el fin de la dictadura militar, es responsable de obstaculizar y romper toda iniciativa de lucha proletaria. La política de colaboración de clases alcanzó su punto más alto en este periodo pandémico.

Las centrales y los sindicatos se negaron a afrontar los cierres de fábricas, como en Ford y en LG. Sirvieron como ayudantes del gobierno, del Congreso Nacional y de los capitalistas, en la aplicación de la MP 936. Anularon las luchas salariales. Y finalmente, desactivaron el movimiento en las calles por el «Fuera Bolsonaro», abrazando su verdadero objetivo, que es involucrarse en la carrera electoral. Las direcciones sindicales y políticas harán todo lo posible para convencer a los explotados de que la única salida a su situación de pobreza y miseria está en las elecciones. Durante toda la pandemia, las puertas de los sindicatos estuvieron cerradas. Recientemente, se han abierto para servir como aparatos de campaña electoral.

La vanguardia con conciencia de clase tiene la ardua tarea de defender el programa y la estrategia del poder de la clase obrera, de mantener la lucha contra las direcciones colaboracionistas y traidoras. Los explotados deben salir en defensa de sus condiciones elementales, empezando por el empleo. Es sobre la base de esta necesidad que la vanguardia trabajará en el camino de la acción directa y la organización independiente de los trabajadores.

 

(POR Brasil – MASSAS nº655)

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