Brasil: Son los trabajadores los que pagan

La subida de los precios de la gasolina, el gasóleo y el gas ha desencadenado un conflicto político dentro del Estado, los gobernantes y la burguesía. Bolsonaro acaba de destituir a otro presidente de Petrobras, que apenas había asumido. El mismo hecho ocurrió, poco antes, con el ministro de Minas y Energía, Bento Albuquerque, sustituido por Adolfo Sachsita.

El gobierno y su base de apoyo en el Congreso Nacional venían lamentando los continuos aumentos de los precios de los combustibles, sin poder contradecir la política de Petrobras de seguir las reglas internacionales, dictadas por las petroleras y las potencias, principalmente Estados Unidos. La forma de mostrar alguna actitud ante la población era cambiar de ministro y buscar la forma de subvencionar el combustible.

La guerra en Ucrania ha alterado y perturbado la economía mundial, cuyas consecuencias, entre otras, han sido la subida de los precios de los hidrocarburos y los alimentos. Los que se llevan la peor parte son los trabajadores, que arrastran las desgracias de la pandemia, ahora agravadas por los efectos de las sanciones económicas del imperialismo a Rusia, y el bloqueo militar ruso a las exportaciones ucranianas.

Ningún gobierno burgués tiene la solución para liberar a la clase obrera y a la mayoría oprimida de la descomposición del capitalismo. La propuesta bolsonarista de reducir la incidencia del Impuesto de Circulación de Mercancías (ICMS) pone la responsabilidad sobre los hombros de los estados y municipios. Sabemos que los gobernadores y los alcaldes son derrochadores y utilizan el presupuesto según los intereses de los capitalistas locales. Pero, sin duda, menos recursos, menos gasto en ayudas públicas. El gobierno federal dice que no tiene más espacio presupuestario para subvencionar el coste de la energía.

La subida del precio de la electricidad es tan grave como la de los hidrocarburos. La población de los barrios empobrecidos, de las barriadas y de los conventillos, está sumida en la miseria desde hace mucho tiempo. Apenas pueden permitirse la poca comida que consumen. Subsidiar el petróleo con el ICMS equivale a sostener el parasitismo de los grupos de accionistas más poderosos que, de hecho, controlan Petrobras. Se extraen recursos de los estados y municipios -la mayoría de los cuales están inmersos en el atraso económico y la pobreza- para entregarlos a los financieros nacionales y extranjeros. Esta fue la medida aprobada en la Cámara de Diputados y remitida al Senado.

Los gobernadores y alcaldes se enojaron, pero son incapaces de apoyarse en la población para rechazar este nuevo ataque de Bolsonaro. La oposición, encabezada por el PT, por su parte, no hace más que apoyar el regateo político en el Congreso Nacional, para luego lamentar los resultados.

El día de su toma de posesión, el ministro Sachsita anunció su intención de privatizar Petrobras. Eletrobras ya está en vías de subasta, después de que el Tribunal de Cuentas Federal (TCU) diera su opinión favorable. La economía nacional se debilita y los explotados se ven empujados hacia el precipicio del hambre, en mayor número. Las centrales sindicales, los sindicatos y los movimientos observan impotentes cómo aumenta la barbarie social. Sus direcciones están ampliamente comprometidas con las acciones del gran capital y los ataques de los gobernantes a la existencia de las masas. Las fuerzas políticas de la burguesía y la pequeña burguesía corren detrás de los candidatos y las elecciones presidenciales. Esta contradicción marca la situación política de Brasil.

Empieza a surgir la resistencia de sectores de la administración pública e incluso de la clase obrera, con huelgas y manifestaciones. Es en las tendencias objetivas de las condiciones sociales, en las que debe apoyarse la vanguardia con conciencia de clase, propagando y agitando las reivindicaciones que despiertan a los explotados a la lucha colectiva; organizando los movimientos a través de asambleas y comités de base; planteando la estrategia revolucionaria de gobierno obrero y campesino.

Forma parte de la lucha por los salarios, los puestos de trabajo, los derechos, así como de la lucha contra la privatización y por la reestatización, la campaña por la unificación de la clase obrera mundial por el fin de la guerra en Ucrania.

 

(POR Brasil – Masas nº665)

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