Brasil: El hambre afecta a 6 de cada 10 brasileños

El Programa de Transición permite unir la lucha contra el hambre con la estrategia de la Revolución Proletaria

La reciente encuesta publicada por la “Rede Penssan” muestra que el 58,7% de los brasileños no saben cuál será su próxima comida, lo que llaman «inseguridad alimentaria». Y que 33,1 millones pasan hambre. 14,1 millones más que el año pasado, cuando había 19 millones. Hay que tener en cuenta que entre 2004 y 2013, era el 4,2% de los brasileños los que pasaban hambre (menos de 9 millones, aún así es una cifra enorme). El avance del hambre expresa el aumento de la barbarie capitalista sobre las masas en general. Refleja la elevada subida inflacionaria, que aplasta los salarios. Refleja la precariedad del empleo, que paga miserias a las familias de los asalariados, con o sin trabajo registrado. Refleja el desempleo y los cierres de fábricas, que arrastran a millones de trabajadores a la pérdida de su único medio de supervivencia.

Los capitalistas y la prensa burguesa afirman que es necesario hacer crecer la economía para proporcionar puestos de trabajo. Ocultan el hecho de que la economía está creciendo, mientras que los salarios y los puestos de trabajo están disminuyendo. El capitalismo vive su época histórica de descomposición, sólo reserva para las masas barbarie, miseria, más violencia, hambre, guerras y destrucción física e intelectual. Los gobiernos burgueses, de derecha o de izquierda, garantizan fielmente que el presupuesto público se utilice en beneficio del parasitismo financiero, sosteniendo los intereses y servicios de la deuda pública, subvencionando a las grandes y poderosas empresas y bancos, aunque para ello tengan que recortar la salud, la educación y las jubilaciones, y congelar los sueldos de los trabajadores del estado hasta despedirlos.

El Programa de Transición tiene la respuesta a esta situación: plantea las reivindicaciones generales de las masas, las más sentidas, como el salario y el empleo, y las democráticas, como el derecho universal a la Salud y a la Educación, uniéndolas todas en un sistema de reivindicaciones vinculadas a la defensa de la estrategia de la Revolución Proletaria. Permite librar la lucha por la supervivencia de las masas en dirección a su total emancipación de la explotación y opresión de clase.

Los salarios son aplastados por la inflación. Es un medio para que los capitalistas conserven sus beneficios en tiempos de crisis a costa de aplastar los salarios. El Programa de Transición señala la necesidad de luchar por el pago de un salario mínimo que corresponda a las necesidades reales de supervivencia de una familia obrera. Esto se llama salario mínimo vital. Y que los salarios en general se reajusten según la inflación real, para que no pierdan su poder adquisitivo. Esto se denomina escala móvil de salarios.

El empleo es la única fuente de supervivencia para los explotados. El desempleo sirve para aumentar el beneficio inmediato de los capitalistas, al igual que sirve para aumentar la competencia de los explotados por los puestos de trabajo al disminuir el valor de los salarios. De nuevo beneficiando a los capitalistas. Contra el desempleo, el Programa de Transición levanta las banderas del fin de todos los despidos, la estabilidad laboral para todos y el reparto de todo el trabajo disponible entre todos los que puedan trabajar, sin reducción de salarios, para que nadie se quede sin trabajo. Esto se denomina escala móvil de horas de trabajo.

El gobierno de Bolsonaro ha impulsado su ofensiva contra las empresas estatales, con sus programas de privatización. En su punto de mira están Eletrobras, Correos, Petrobras, etc. Las privatizaciones ponen en manos de los capitalistas empresas que deberían prestar servicios a la población asalariada y estar bajo control nacional. Es el capital financiero internacional el que se apodera de ellos, y comienza a explotarlos para un mayor enriquecimiento, a costa de mayores ataques a las condiciones de vida de las masas. El Programa de Transición defiende la estatización con control obrero, y la ruptura con el imperialismo (capital financiero internacional), el no pago de la deuda pública, como condiciones para la soberanía nacional.

Las direcciones de las organizaciones de masas prometen que la solución a la inflación, los bajos salarios y el desempleo vendrá de la mano de la elección de un nuevo gobierno burgués que sustituya al actual. A pesar de las diferencias entre cada gobierno electo, la esencia es que gobiernan para la clase dominante, no para la mayoría nacional. Las masas sólo pueden confiar en su propia fuerza para arrancar a cualquier gobierno las demandas que plantean y necesitan.

Por lo tanto, es necesario que las organizaciones de masas dejen de lado el discurso electoral, y comiencen a organizar un Día Nacional de Lucha, con paros y bloqueos, con un paso hacia la huelga general. Esta jornada de luchas debe organizarse sobre la base de las reivindicaciones más sentidas por las masas, uniéndolas a las reivindicaciones generales, como señala el Programa de Transición.

Sabemos que la guerra en Ucrania es uno de los elementos que favorecen el aumento de los precios y la devaluación de los salarios. Esta guerra no interesa a los explotados, la clase obrera es internacional y no defiende ninguna guerra de dominación. Por ello, junto a las reivindicaciones de empleo, salarios y vivienda, debemos plantear nuestras exigencias de fin de la guerra: ¡Desmantelamiento de la OTAN! Fin de las bases militares estadounidenses en Europa ¡Revoca las sanciones impuestas por el imperialismo a Rusia! Autodeterminación, integridad territorial y retirada inmediata de las tropas rusas de Ucrania.

Esta plataforma reivindicativa, como señala el Programa de Transición, permite a la mayoría nacional oprimida movilizarse y buscar la solución de sus problemas por sus propias manos, mientras avanza hacia la conquista de su propio poder, en Brasil, un gobierno obrero y campesino, fruto de la revolución proletaria.

(POR Brasil – Masas nº666)

 

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