Perú: Explotados reanudan las manifestaciones contra el golpe

Tras una pausa en las manifestaciones, las organizaciones y movimientos sindicales reanudaron las movilizaciones el 4 de enero, con bloqueos de carreteras contra el golpe de Estado dado por el Congreso al presidente Pedro Castillo. Los manifestantes exigen la dimisión de la actual Presidenta, Dina Boluarte, el cierre del Congreso y el adelanto de las elecciones a 2023.

Dina Boluarte, que fue vicepresidenta de Pedro Castillo, asumió el mandato tras el golpe. De este modo, llegó a ser vista como una traidora por las masas que apoyan a Castillo. Boluarte se convirtió en instrumento del golpe y administradora de la crisis política generada por el proceso de destitución. La represión de las protestas ha dejado ya un balance de 28 muertos y cientos de heridos. El 15 de diciembre se declaró el «Wstado de Emergencia», que otorgaba a la policía el derecho a invadir viviendas, prohibir reuniones y detener a manifestantes, además de permitir la intervención del ejército.

El golpe de Estado es consecuencia de la crisis política, que saltó a un nuevo nivel con la llegada del profesor y sindicalista a la presidencia. Una fracción de la burguesía empezó a conspirar abiertamente contra el presidente, que a su vez hacía concesiones a la oposición burguesa para mantenerse en el poder. El intento de Castillo de combatir el golpe con los mismos métodos burgueses, sin recurrir a la lucha de clases, acabó en un burdo fiasco. Sólo la movilización de las masas podría impedir su destitución y encarcelamiento.

Cuando se anunció la huelga con tiempo indeterminado a partir del 4 de enero, las organizaciones empresariales y las clases medias acomodadas se movilizaron para celebrar la «Marcha por la Paz» el 3 de enero, con manifestaciones en varias ciudades peruanas, pidiendo el fin de las protestas contra Dina Boluarte. El golpe llegó hasta el punto de que oficiales de la propia Policía Nacional de Perú convocaron incluso la marcha. La reaccionaria «Marcha por la Paz» muestra una tendencia a agudizar la lucha de clases en Perú.

Las demandas de renuncia del actual Presidente, la clausura del Congreso golpista y el adelanto de elecciones son demandas democrático-burguesas que reflejan la impotencia de los partidarios pequeñoburgueses de Castillo. Sin embargo, la lucha contra el golpe puede y debe ser apoyada por la clase obrera, con sus propios métodos, como punto de apoyo para la lucha por su estrategia revolucionaria. El punto de partida es armar al movimiento con un programa de reivindicaciones, que incluya la defensa de un salario mínimo vital, empleo y vivienda para todos, la expropiación de los latifundios y la distribución de la tierra a los campesinos, la nacionalización de los bancos y las fábricas, y el control obrero de la producción.

La intervención de la clase obrera, con independencia de clase, es la vía para que el movimiento vaya más allá de las limitadas reivindicaciones democráticas y avance hacia la destrucción del Estado burgués y la constitución de un gobierno obrero y campesino.

(POR Brasil – Masas nº680)

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