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Brasil: Llamamiento a los sindicatos, movimientos y corrientes políticas que defienden la soberanía nacional

Por la creación de un frente único antiimperialista

Está muy claro que Trump va a apretar aún más el cerco sobre Brasil. Está claro que pretende cambiar el gobierno de Lula por otro gobierno completamente servil. Ataca directamente al poder judicial para defender a Bolsonaro y sus seguidores. Exige que las leyes y normas de Estados Unidos se sobrepongan a las leyes y normas nacionales de Brasil. Quiere colocar al país bajo su política de guerra comercial, su estrategia de escalada bélica y su manejo de las guerras en Ucrania y la Franja de Gaza, así como los enfrentamientos que se desarrollan en Oriente Medio. Es evidente que Estados Unidos se prepara para una guerra contra China, por lo que intenta imponer a Brasil un comportamiento alineado con los intereses generales de la burguesía y del Estado norteamericano. Esta línea se aplica al continente latinoamericano.

Trump prepara una nueva intervención en América Latina, amparándose en la ley imperialista que califica de terrorismo a los movimientos y corrientes de defensa nacional. Enviar buques de guerra al Caribe, apuntando sus cañones hacia Venezuela, no es sólo una muestra de arrogancia hacia América Latina, sino una seria demostración de que está en marcha una operación para atacar a Venezuela, con el objetivo de derrocar al régimen nacionalista de Maduro.

Está muy claro que Trump quiere cambiar las relaciones económicas de Brasil a nivel internacional. Está bombardeando al país con aranceles brutales para que revierta sus lazos económicos y comerciales con China. Un acercamiento a esta potencia económica asiática es considerado una afrenta a Estados Unidos. El presidente republicano ignora por completo que Estados Unidos tiene un superávit comercial con Brasil. Ignora que las multinacionales estadounidenses siempre han gozado de la protección del Estado brasileño y que envían una parte importante de sus beneficios a sus sedes. Esta es una práctica común entre las multinacionales alemanas, francesas, inglesas, japonesas, italianas, etc.

La economía brasileña se formó sometida a los colonizadores e imperialistas. Como cualquier semicolonia, Brasil sufrió el saqueo (y aún lo sufre) y los límites impuestos a sus fuerzas productivas desde el exterior por los monopolios y el capital financiero. La guerra comercial no la desencadena Brasil, cuya participación en la economía mundial no supera el 1%. El desplazamiento pendular del comercio de Brasil con China, en detrimento de Estados Unidos, se debe al crecimiento de la economía china, impulsada por el proceso de restauración capitalista, que tiene precisamente como objetivo los intereses del imperialismo norteamericano y de las demás potencias aliadas.

El problema para Brasil es que asumir las exigencias de Estados Unidos significa destruir las fuerzas productivas nacionales, condicionadas por las fuerzas productivas mundiales. Los aranceles de Trump implican precisamente mutilación y regresión de la economía brasileña. Por eso, el eje del conflicto gira en torno a la guerra comercial emprendida por Estados Unidos bajo el gobierno republicano. La verdadera defensa de la soberanía nacional pasa por combatir y derrotar la ofensiva de Trump y sus aliados.

La burguesía brasileña es incapaz de librar esta batalla. La fracción agroexportadora y del capital financiero está en gran medida ligada al capital estadounidense. El capital financiero brasileño ha formado profundos lazos de dependencia. Desde un punto de vista general, los capitalistas nacionales se han adaptado y subordinado históricamente al imperialismo norteamericano, que ha llegado a comandar América Latina. El nacionalismo burgués y pequeñoburgués chocó con las imposiciones estadounidenses, pero fue incapaz de erigir los pilares de la soberanía nacional. El golpe militar de 1964, alentado y apoyado por Estados Unidos, fue uno de los acontecimientos más significativos que demostraron la fragilidad del nacionalismo encarnado por una fracción de la burguesía nacional.

La soberanía formal apenas oculta las raíces de la ausencia de una verdadera independencia nacional. La reacción del gobierno de Lula, de parte del Congreso Nacional y del Poder Judicial contra el intento de Trump de intervenir a favor del expresidente Bolsonaro y su hueste golpista muestra que existe un límite a la subordinación de Brasil al poder estadounidense. Al mismo tiempo que la ultraderecha se mueve para apoyar y beneficiarse de las acciones del imperialismo, expone la fragilidad de este límite. Pero desde el punto de vista económico, que determina en última instancia el punto de vista político-jurídico, la burguesía nacional se ha mostrado impotente e inclinada a capitular.

La posición negociadora, orientada a ceder en parte a las imposiciones de Trump, sin esbozar ninguna respuesta de defensa nacional, refleja la ausencia de independencia real. Cada uno de los sectores exportadores se centra en sus intereses particulares, en oposición directa a la organización de un movimiento nacional de resistencia y contraataque contra el poder estadounidense.

El Plan Brasil Soberano, concebido por el gobierno Lula y los presidentes del Congreso Nacional, se limita a financiar a los capitalistas que pierden mercados y tienen pérdidas. Los pequeños y medianos exportadores son una pequeña fracción de los montos negociados. No se trata de un plan de defensa nacional, sino de una protección especial para los grandes exportadores afectados por los aranceles. En el fondo, significa aceptar pasivamente el plan imperialista lanzado desde Washington.

Sus críticos, los portavoces del gran capital, intentaron que el Gobierno ignorara la Ley de Reciprocidad y abriera un canal de negociación con Estados Unidos. Esto implicaba e implica ir a Trump con la voluntad de aceptar los términos generales de su plan. Finalmente, el Plan Brasil Soberano expresaba la posición de no oponerse a Estados Unidos ni aceptar su imposición imperial. Esta evasión era una confesión de la impotencia de la burguesía brasileña y de su Estado frente a un dictamen francamente dictatorial. En otras palabras, se dijo al gobierno norteamericano que Brasil soportaría las represalias económicas y comerciales y preservaría la soberanía del Estado. Se han hecho cálculos que demuestran que las consecuencias no serán devastadoras. La intención es dar tiempo al tiempo y ver hasta dónde se puede gestionar el conflicto entre Estados Unidos y Brasil. Se esperan nuevos ataques a raíz de la investigación sobre Brasil del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), que ha enumerado seis puntos en los que se entrelazan comercio, deforestación, terrorismo y corrupción.

Algunas empresas han decidido realizar despidos incluso antes de que el gobierno presente el Plan Brasil Soberano. Taurus ha anunciado que trasladará parte de su producción a Estados Unidos. Vale y JBS utilizan grupos de presión para defender intereses distintos. Estos son los comportamientos antinacionales de los capitalistas. Expresan abiertamente que sólo se centran en sus propios intereses. La presión para que el Tesoro Nacional asuma las consecuencias de los ataques del imperialismo norteamericano y para que el gobierno busque negociaciones, a lo que Trump se ha negado, refleja en gran medida el servilismo histórico de la burguesía brasileña.

Bastó que el ministro Flávio Dino dictaminara que la Ley Magnitsky no se aplica a Brasil, y que por lo tanto anula la legislación brasileña, para que los bancos se apresuraran a cuestionarla, alegando que tienen negocios y que dependen de Estados Unidos. Hubo una reacción de los portavoces del capital financiero, que afirmaron que la decisión del ministro Dino era una maniobra corporativa para proteger al ministro Alexandre Moraes, sancionado por liderar el caso contra Bolsonaro y los bolsonaristas golpistas.

La actitud de los empresarios anunciando la posibilidad de transferir la producción a Estados Unidos, de recurrir al lobby y de los banqueros brasileños mostrándose dispuestos a acatar la ley norteamericana y el ultimátum de Trump muestra hasta qué punto la burguesía nacional está atrincherada en los intereses y dictados del imperialismo. Esta dependencia está en la raíz de la impotencia del gobierno de Lula frente al trato vulgar y arbitrario de Trump a Brasil. En particular, frente a la clara injerencia en la política interna brasileña y sus instituciones.

El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, ha propagandizado que el Plan Brasil Soberano servirá también para mantener el empleo y proteger a los trabajadores. Las direcciones de las principales centrales y la mayoría de los sindicatos han utilizado este fraude para apoyar al gobierno y cobijarse bajo la bandera demagógica de la soberanía nacional. Los capitalistas buscan el apoyo del Estado, sabiendo perfectamente que seguirán teniendo libertad para trasladar fábricas, recortar sectores de producción, recurrir a la imposición de vacaciones colectivas y a la reducción de la jornada laboral con recortes salariales. Los explotadores están protegidos por la contrarreforma laboral y de la seguridad social, así como por la Ley de Tercerización.

Los asalariados pagarán las consecuencias sociales de la guerra comercial de Trump. O la clase obrera y los demás trabajadores reaccionan con su propio programa y métodos de lucha, o el imperialismo terminará imponiendo sus condiciones de dominación sobre Brasil, América Latina y todos los países con economías atrasadas y semicoloniales. Está en juego la lucha unitaria de los explotados contra la ofensiva de los Estados Unidos, contra las fracciones   entreguistas de la burguesía y contra las fuerzas políticas antinacionales. Se trata de construir un movimiento antiimperialista y anticapitalista bajo la dirección del proletariado.

En este terreno, el Partido Obrero Revolucionario (POR) llama a las centrales, sindicatos, movimientos y corrientes políticas que están contra el intervencionismo norteamericano y por la soberanía nacional a organizar el Frente Único Antiimperialista. Deben convocar asambleas y reuniones sindicales y populares para aprobar las banderas fundamentales y constituir los comités del frente único antiimperialista.

Como punto de partida, el POR presenta las siguientes banderas y líneas: 1) rechazo total a las imposiciones norteamericanas; 2) defensa de la soberanía nacional; 3) expropiación, nacionalización y estatización de las multinacionales y del capital financiero; 4) control obrero de la producción; 5) defensa de los empleos, salarios y derechos laborales; 5) estatización de las empresas brasileñas que transfieran su producción o parte de ella a Estados Unidos; 6) expropiación de los capitalistas que apoyan la ofensiva de Trump o sabotean la defensa de la soberanía nacional; 7) creación de un Tribunal Popular para investigar, juzgar y castigar a las fuerzas políticas que sirven al imperialismo, así como determinar y vigilar la defensa de las fuerzas productivas nacionales; 8) defensa incondicional de Venezuela contra los ataques de Estados Unidos.

23 de agosto de 2025

(POR Brasil – 23-08-2025)