Elecciones en Brasil: Motivos de la victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta
6a Carta del Partido Obrero Revolucionario (POR) a la clase obrera, al resto de los trabajadores y a la juventud oprimida
Lula podría ser derrotado en la segunda vuelta
El regreso del bolsonarismo al poder del Estado agravará aún más la crisis política
Que las centrales sindicales, los sindicatos y los movimientos populares preparen desde ya la resistencia
La vanguardia con conciencia de clase debe trabajar por la independencia de clase del proletariado y de la mayoría oprimida
Se esperaba una segunda vuelta polarizada entre Lula y Flávio Bolsonaro. Las demás candidaturas de los partidos del orden capitalista fracasaron prematuramente. Lo que no se esperaba era que el candidato designado por Bolsonaro desde su arresto domiciliario pudiera ponerse en cabeza en la primera vuelta. La probabilidad de que Lula fuera derrotado en la segunda vuelta, en caso de ganar por un estrecho margen de votos en la primera, no era descabellada. El cálculo de esa posible derrota se basaba en que Flávio podría contar con los votantes de los candidatos de la derecha que se quedaran atrás. Esa probabilidad acechaba al PT y a Lula.
El hecho de que el espectro de la extrema derecha y la derecha se hubiera dividido favorecía la candidatura del PT. Las desavenencias en el seno de la familia Bolsonaro, junto con el evidente descontento de la madrastra Michelle, parecían ser un factor de inestabilidad en la designación del hijastro Flávio. Sectores de la burguesía contrarios al Gobierno de Lula aspiraban a una candidatura de centro-derecha, cuyo mejor representante podría ser el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Bolsonaro mantuvo la designación de su hijo, sabiendo que su condena por el intento de golpe de Estado y su encarcelamiento no habían minado su carisma religioso entre las masas.
Trump aportó una contribución decisiva, al tratar de evitar las sanciones contra el líder de la ultraderecha brasileña. La mejor forma que encontró el imperialismo estadounidense en ese momento fue la aplicación de la Ley Magnitsky contra el ponente del proceso en el Tribunal Supremo Federal (STF), Alexandre de Moraes, y la intensificación de la guerra comercial contra Brasil. La acogida de Eduardo Bolsonaro por parte de la Casa Blanca y la libertad que se le concedió para atacar al Gobierno de Lula pusieron de manifiesto el total desprecio del Gobierno estadounidense por las instituciones del Estado brasileño.
La descarada defensa que hizo Trump del ultraderechista y golpista Jair Bolsonaro, sin duda, dio fuerza a la candidatura de Flávio. Pero el factor primordial y decisivo fue, y sigue siendo, que la condena y el encarcelamiento de Bolsonaro no le han alejado de su enorme influencia política sobre un amplio sector de la población. En este ámbito social, la mayor parte de las iglesias evangélicas actuó con el objetivo de mantener su ascendencia política a través del Partido Liberal (PL). Esta firme disposición coincidió con el ideario reaccionario del agronegocio, en particular. Lula se quejó del enorme apoyo de la burguesía agraria a Flávio, precisamente la más protegida por su Gobierno ante la guerra comercial de Estados Unidos con China, respondiendo sobre todo a los aranceles con subvenciones.
Una enorme capa popular atrapada en el oscurantismo religioso —que abarca una amplia gama de valores arcaicos alimentados por la dominación de clase, subordinada a los aparatos ideológicos profundamente arraigados en las relaciones familiares, que se aprovechan del sufrimiento que causan la pobreza y la miseria de la mayoría oprimida— se vio arrastrada a creer que en la política de la extrema derecha se encuentra un futuro mejor. Por otra parte, quedó patente que hubo un apoyo generalizado del gran capital en torno al bolsonarismo, cuya identidad pasó a caracterizarse por una abierta subordinación al trumpismo.
Lo más probable el 25 de octubre es que Flávio confirme su victoria. Los partidos que presentaron candidatos de derecha se apresuraron a declarar su apoyo al hijo de Bolsonaro. Resulta sintomática la declaración del líder del MDB, Michel Temer, un golpista que se valió de una alianza con el PT en el pasado para, finalmente, conspirar junto a la extrema derecha con el fin de derrocar a Dilma Rousseff mediante un complot institucional. Pero la contienda sigue siendo reñida, ya que la diferencia es de poco más de 2 millones de votos: un 47,03 % y un 45,16 %, respectivamente.
Lo sorprendente del ascenso de Flávio radica en que la tasa de desempleo se sitúa en torno al 5,4 %. Lula reforzó los programas sociales. El reajuste del programa Bolsa-Família, en vísperas de las elecciones, se enmarcó en una estrategia electoral. Respondió al endeudamiento y la morosidad de un gran número de personas endeudadas con los programas «Desenrola» y «Crédito del Trabajador». Se dirigió a la juventud con el programa «Pé de Meia». Y trató de complacer a un sector de asalariados con la exención del impuesto sobre la renta. Millones de personas pobres y en situación de extrema pobreza dependen de los programas sociales para sobrevivir. Los miembros del PT apostaron fuerte por la campaña para «acabar con la escala 6×1», que fue bloqueada por la alianza de la ultraderecha y la derecha en el Congreso Nacional. Ante la guerra comercial de Trump, Lula salió en defensa del capital nacional y se valió de la bandera de la soberanía de Brasil. La reacción contra la aplicación de la Ley Magnitsky y la resistencia a la exigencia de Estados Unidos de considerar el narcotráfico como narcoterrorismo fueron importantes manifestaciones políticas que acorralaron a los bolsonaristas. En ese momento, la candidatura de Lula parecía imbatible.
Los partidarios de Bolsonaro, sin embargo, prepararon el terreno para socavar la ventaja del adversario. Recurrieron a la creación de la CPMI del INSS. El escándalo de corrupción implicaba una posible participación del hijo de Lula. Entonces se desató un enfrentamiento político entre el Gobierno y la oposición. Al final, el informe fue rechazado, lo que favoreció la posición del Gobierno. Pero el daño ya estaba hecho. Se presionó a Lula para que respondiera a la denuncia con promesas de investigación y castigo a los responsables. Surgió un nuevo escándalo, más amplio y contundente: la quiebra del Banco Master y la revelación de las estafas, en las que estaban implicadas altas autoridades del Congreso Nacional, del Poder Judicial, del Banco Central y del mundo empresarial. Las influyentes organizaciones de capitalistas salieron al paso declarando su alineamiento con los partidarios de Bolsonaro del Tribunal Supremo Federal (STF).
El proceso electoral quedaría irremediablemente contaminado. Desde el principio, se reveló que Flávio estaba vinculado al banquero Vorcaro, quien financiaba el vídeo publicitario sobre la vida de Bolsonaro. El Gobierno tampoco saldría indemne: el líder del Gobierno en el Senado, Jaques Wagner, un miembro histórico del PT, también formaba parte de la trama de Vorcaro. Jaques Wagner dimitió de su cargo, pero contó con la protección de Lula y del PT. Esa mancha a los ojos de la población se confundía con la de los partidarios de Bolsonaro. Lula, por lo tanto, tenía que hacer frente no solo a las sospechas sobre su hijo, sino también a la prueba irrefutable de la implicación de su líder en el Gobierno.
La gravedad del caso Master salió a la luz en el seno del Tribunal Supremo Federal (STF). Puso de manifiesto la división política que se estaba perfilando de forma contundente en el proceso electoral, dejando al descubierto las entrañas y poniendo de relieve la descomposición de la democracia oligárquica. Las filtraciones de información de la investigación de la Policía Federal y su uso por parte de los agentes del aparato institucional con el fin de influir electoralmente en la población recayeron con toda su fuerza sobre el Gobierno de Lula. El 15 de septiembre, la sesión del STF, convocada para decidir sobre la apertura de una investigación contra Alexandre de Moraes, desembocó en una crisis política e institucional sin precedentes desde el fin de la dictadura militar. No solo Moraes, sino también los magistrados del STF y del TSE, Dias Toffoli, Luiz Fux y André Mendonça, respectivamente, y Kássio Nunes, se vieron envueltos en la trama de corrupción de Vorcaro.
A los ojos de la clase media, este escándalo pareció más grave que las denuncias que salpicaron a Flávio. Esta clase influye en sectores de la clase obrera y del resto de asalariados empobrecidos. Es como si los delitos de Moraes fueran más graves que los de Mendonça, Fux y Nunes —la tríada que se alió contra la candidatura de Lula—. Gilmar Mendes y Flávio Dino lograron aplazar el proceso contra Moraes y situar políticamente en un contexto más amplio la implicación de altas autoridades con el banquero. Sin embargo, no consiguieron evitar que el bolsonarismo dejara atrás y marginara su propia podredumbre, quedando así con las manos libres para bombardear la candidatura de Lula.
En el contexto de una contienda plagada de mentiras y falsedades por ambas partes, un factor que acabó inclinando la balanza a favor de la mediocridad de la candidatura de Flávio reside en las condiciones de vida de la mayoría oprimida. El asistencialismo nacional-reformista explica los 53.876.617 votos a favor de Lula. Pero el mayor número de votos obtenidos por Flávio refleja la situación contradictoria de un bajo nivel de desempleo y una informalidad extremadamente elevada. Es significativa la proporción de pobres y miserables que se han visto arrastrados a apoyar al candidato bolsonarista. Los aparatos de la ultraderecha, entre ellos las iglesias evangélicas, manejan el oscurantismo apoyándose en las condiciones de privación y de atraso político de los oprimidos.
El largo período de gobierno del PT demostró que el asistencialismo no es más que un parche para las consecuencias de la brutal explotación laboral, los bajos salarios, el desempleo y la economía informal. Los bolsonaristas, cínicamente, se han servido de la cuestión de la delincuencia y la seguridad pública para culpar al gobierno de Lula, como si no se tratara de un fenómeno antiguo y estructural del capitalismo en descomposición.
La política de colaboración de clases de las direcciones sindicales y de los movimientos populares ha acentuado el distanciamiento de una parte importante de los explotados, que no han visto cómo confiar en sus propias organizaciones. En el fondo, el reformismo nacional se ha desmoralizado debido a su incapacidad para responder de forma coherente a la crisis estructural del capitalismo.
Los grandes propietarios y las poderosas organizaciones patronales han movilizado los medios de propaganda para condenar la política económica de Lula, al considerarlo el principal responsable del aumento desmesurado de la deuda pública, de los altos tipos de interés, de la subida de los precios de los productos de primera necesidad y del endeudamiento de una parte importante de los asalariados. El sector de las masas que votó a favor del bolsonarismo no tiene ni la más mínima idea de lo que le espera. El futuro brillante inventado por la candidatura de Flávio oculta los objetivos dictados por el gran capital, por los parásitos de la deuda pública y, en especial, por el imperialismo estadounidense.
Si Lula consigue revertir el rumbo de la derrota, dará continuidad a un Gobierno aún mucho más dependiente del Congreso Nacional, de las Asambleas Estatales y de los gobernadores bolsonaristas o alineados con esa facción de extrema derecha. El PL no solo podrá ocupar de nuevo la presidencia, sino también ejercer una influencia decisiva en el Congreso Nacional. Todo apunta a que se concederá el indulto al expresidente Bolsonaro y se lanzará una ofensiva para someter al Tribunal Supremo Federal. Este camino agravará aún más la crisis de la democracia oligárquica. Ninguna variante de la gobernabilidad burguesa puede apoyarse en las masas para combatir el poder del gran capital y del imperialismo.
El Partido Obrero Revolucionario, en sus Cartas, ha seguido el camino de la lucha por la independencia de clase del proletariado y de la mayoría oprimida frente a todas las formas y manifestaciones de la política burguesa. Se ha guiado por la constatación de que el capitalismo avanza en su descomposición, sin que pueda reformarse. De las condiciones objetivas económicas y sociales surge el programa de la revolución socialista. El problema radica en la crisis de dirección, cuyo alcance es internacional. En la quinta Carta, el POR expuso el programa que deben defender los explotados frente a las falsedades de todas las candidaturas burguesas. Defendió, en contra de la corriente del electoralismo, el voto nulo, no como un fin en sí mismo, sino como una manifestación política en defensa de la independencia y del programa propio de los trabajadores.
Ahora, hace un llamamiento a la clase obrera, al resto de los explotados y a la juventud oprimida para que se preparen para combatir la vuelta al poder del bolsonarismo o la continuidad del gobierno fallido y agotado de Lula. El POR mantiene el voto nulo, convencido de que esa es la expresión política capaz de avanzar en la tarea de emancipación programática de los explotados. La 6.ª Carta refuerza la necesidad de que la vanguardia con conciencia de clase fortalezca al POR como sección del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IV Internacional (CERCI).
(POR Brasil – Massas n°774)
