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La visita del Papa León XIV

La visita del Papa despierta gran expectativa en buena parte de la población que se reconoce cristiana. Por el gran avance de la pobreza y la indigencia en el país, por la creciente desocupación, despidos, precarización laboral, por el desastre de su economía, esperan su reflexión sobre el momento actual en un clima de agravamiento de las guerras en el mundo.

El anterior Papa Francisco, el argentino Bergoglio, no visitó el país probablemente por las enormes presiones políticas que recibiría desde distintos sectores y evitar la polarización sobre su figura. Milei lo caracterizó como “la presencia del maligno en la tierra”, lo acusó de impulsar el comunismo y de defender la justicia social, la cual consideraba contraria a los mandamientos. Milei es el primer presidente que pretende convertirse al judaísmo y se proclama como el “presidente más sionista del mundo”.  

El Gobierno está preocupado por las críticas que pueda hacer el Papa y su repercusión en la sociedad. La visita al Cottolengo Don Orione es vista como un enfrentamiento ya que se dedica a la atención de discapacitados.

La cúpula de la Iglesia Católica quiere aparecer empática con los más pobres y desprotegidos y ha recuperado la atención de sus fieles. Pero no se puede olvidar su apoyo extraordinario a la última dictadura genocida que también asesinó a sacerdotes comprometidos con las luchas populares y luego hizo todos los esfuerzos por lograr perdones, indultos y amnistías para los genocidas. No hubo arrepentimiento de la Iglesia ni exigencia de que los represores indiquen dónde están los 300 niños apropiados que falta recuperar, ni que hicieron con todos los cuerpos de los militantes asesinados. Tampoco excomulgaron a los sacerdotes que participaron de la represión y las torturas. La Iglesia formó parte del Estado, avaló todos los golpes y todas las represiones, bendijo la usurpación de los territorios a los pueblos originarios, rechazaba que las mujeres tuvieran derechos civiles. Aún hoy a las mujeres no se les permite el acceso a roles de orden sagrado, relegándolas jerárquicamente. No olvidamos, no perdonamos, por su rol histórico.

El límite de su crítica a las políticas del Gobierno es el respeto por el orden capitalista y la gran propiedad a la que considera sacrosanta. Nosotros llamamos a su feligresía a no resignarse, a rebelarse, a subvertir ese orden que nos condena a la barbarie.  

(Nota de Masas n°511)