6ta formación sobre la Revolución China, parte II
En la imprescindible comprensión de la China actual, elaborada a lo largo de 6 artículos previos -desde sus orígenes y fundamentos, pasando por la revolución y la génesis del Estado Obrero, hasta nuestros días- ocupa un lugar destacado el conocer las posiciones de las distintas organizaciones pretendidamente marxistas. La necesaria delimitación respecto a las elaboraciones ajenas fortalece al Partido Revolucionario logrando mayor precisión en sus propios análisis. Por esta razón, aunque se exprese como una polémica contra otros partidos, constituye una búsqueda de ajustar nuestra propia política.
Para llegar a saldar cuentas con las tiendas erróneamente autoproclamadas trotskistas, daremos un primer análisis general a los maoístas argentinos, el Partido Comunista Revolucionario (PCR). La explicación de esta aparentemente arbitraria decisión estriba en la cuestión fundamental que es el PCR quien carga con la responsabilidad del “descubrimiento” de la restauración capitalista en China. El resto de las organizaciones, en menor o mayor medida, tan solo persiguieron las huellas, y a veces muy torpemente, que el PCR estableció.
¿Cómo explicar este fenómeno? Resumidamente y evitando entrar en otro extenso debate sobre la URSS, Mao Tsetung -y con él todo el PCCh- caracterizó tempranamente el surgimiento del “socialimperialismo” soviético desde finales de la década del 50 con la llegada de Jruschev al cargo de Secretario General. El “informe secreto” al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956 dio inicio al “proceso de desestalinización” y la lucha contra “el culto a la personalidad” (de Stalin, no así del culto a la personalidad del propio Jruschev). El Partido Comunista de China trabó un combate contra esta nueva orientación rescatando el papel de Stalin que, en sus palabras, tenía un “70% de aciertos y 30% de errores”. Denunció el supuesto “golpe de Estado” de Jruschev y la consecuente restauración capitalista en la URSS. El conflicto sino-soviético alcanzó sus puntos más dramáticos en 1960 con la salida de los técnicos y proyectos soviéticos en China y con la posterior ruptura total de relaciones entre Estados y Partidos en 1964.
El PCR había comenzado en la Argentina como un desprendimiento del Partido Comunista a partir de 1962 que terminó fisonomizándose en 1968 con una importante intervención en la lucha de clases de nuestro país desde entonces. Su completa adhesión al PCCh le valió algunos beneficios que permitieron empaparse de primera mano, con un acercamiento extenso y profundo sobre la realidad china y frecuentes viajes al país asiático.
Los “maoístas” en los años álgidos
Una breve cronología de aquellos años nos muestra que 1976 fue un año fundamental en la historia china. Chou Enlai fallecería en enero, Chu De (el famoso general del Ejército Popular de Liberación chino) en junio y, finalmente, Mao Tsetung fallecería en septiembre. En el medio, en junio, Hua Guofeng sería nombrado como sucesor de Mao, y Deng Xiaoping sería separado de todos sus cargos directivos al ser vinculado con el “revisionismo” restauracionista de Liu Shaoqi y de las movilizaciones en la Plaza Tiananmen.
El PCR no logró orientarse por sus propios medios, lo que fue reemplazado con un seguimiento ciego y obsecuente a la línea del PCCh sin percibir ningún cambio sustancial en el fragor de los acontecimientos. En su periódico “Nueva Hora” puede verse la celebración por esta separación de Deng Xiaoping, a pesar de que tan solo dos años después la delegación argentina no notaba nada extraño que sea electo Vicepresidente en el XI Congreso o se termine aprobando su línea política en diciembre del 78. Tampoco percibió la paulatina desaparición de las críticas a Liu Shaoqi; o el ensañamiento contra “La Banda de los cuatro” (la línea dura de los maoístas) como una “camarilla antipartido”, y su derrota como “un inmenso triunfo revolucionario”; o ni siquiera la negación del aspecto progresivo de la “Revolución Cultural”, a la que con tanto énfasis habían reivindicado en este periódico durante tantos años. El PCR contando con información de primera mano y presencia física en el lugar no atinó a extraer ninguna de las conclusiones que, ex post facto, consideraron como fácilmente visibles.
No resulta sorprendente una circunstancia de esta naturaleza. Un mayor acercamiento solo puede traducirse en una mejor comprensión cuando existe un método capaz de rastrear las bases materiales de los fenómenos superficiales que expresa la realidad. Huérfanos del método materialista dialéctico los observadores “de primera mano” terminaron reproduciendo las posiciones de las camarillas gobernantes, tributarios de cada una de las maniobras de las direcciones burocráticas chinas.
Los documentos actuales de los maoístas, en un vulgar intento por modificar la historia, práctica tan común al aparato stalinista, expresan que “en China, a partir del Tercer Pleno del CC de diciembre de 1978, se ha operado un retroceso cualitativo. Tras una compleja, violenta e inmensa lucha, se han apoderado del poder los seguidores del camino capitalista. La burguesía se ha hecho dueña de la producción y ha logrado afianzarse en la dirección de las palancas claves del Partido, del Ejército y del Estado; derrocando, reprimiendo y desplazando a los cuadros maoístas”. Para ellos en 1982, “las dos últimas delegaciones que visitaron China, comprendieron la magnitud de los hechos”. Incluso en otro texto Otto Vargas señala que “cuando volvimos a visitar China, en abril de 1979, el proceso de restauración capitalista era evidente, se había liquidado la dictadura del proletariado… se había restaurado el capitalismo”.
Sin embargo, no puede encontrarse ninguna caracterización de este estilo en sus materiales. La III sesión plenaria del XI Comité Central de diciembre de 1978 fue descripta en su periódico como “en China avanza la revolución bajo la dictadura del proletariado”. Más lejos aún, en China se habría consolidado, en sus propias palabras, “una dirección capaz de responder positivamente a los grandes interrogantes abiertos con la muerte del gran líder y maestro”. Los dirigentes del PCR continuaron visitando y reivindicando China hasta varios años después de la supuesta restauración capitalista. En octubre de 1982 reivindicaron el XII Congreso del PCCh con una delegación allí presente.
Se materializa el cambio
No sería sino hasta 1993 cuando formalmente el PCR diría en su VII Congreso que la derrota de la Revolución Cultural “cerró una etapa en el desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado mundial”. En consonancia con todos los que vendrían después, no pudieron explicar el cómo.
Curiosamente, el Partido Comunista Revolucionario gustaba citar una famosa frase de Mao en la que sostenía que “si la derecha lleva a cabo un golpe de Estado anticomunista en China, estoy seguro de que no conocerá tampoco la paz, y muy probablemente su dominación será de corta vida, ya que esto no será tolerado por ninguno de los revolucionarios que representan los intereses del pueblo, constituido por más del 90% de la población”.
Este pronóstico no mereció ningún tipo de balance en sus escritos posteriores. La contrarrevolución, el golpe de Estado, pasó no solo sin resistencia, sino sin que se haya percatado el “90% de la población” y, con ellos, el PCR en su totalidad con los dirigentes yendo a rendir pleitesía al país. A grandes rasgos, la población apoyó la orientación tomada en 1978. Está claro que, o Mao equivocó en sus pronósticos o el PCR equivocó en sus caracterizaciones. La incrédula conclusión para los maoístas argentinos fue que todos acertaron. Difícilmente este método pudiese llevar a buen puerto a alguien.
El PCR seguía la línea a la que había dado nacimiento el PCCh, una idea tan difundida en el revisionismo actual. Así, una clase puede crearse de la noche a la mañana, una revolución puede ser derrotada por la contrarrevolución sin violencia, el capitalismo puede ser restaurado como un simple cambio de manos. Esas ideas, las ideas del revisionismo, fueron una creación del Partido Comunista Chino, especialmente de Mao Tsetung, replicada por el PCR y magnificada por todos los revisionistas en el trotskismo, como veremos en notas subsiguientes.
China hoy
Ese cambio de caracterización sobre lo acontecido en 1978 muestra su continuidad con las caracterizaciones actuales. Para el PCR, la burguesía china hubo de esperar dos décadas para comenzar su ofensiva mundial, alcanzando “todos los rasgos del imperialismo analizados por Lenin”. Todos los prejuicios y propaganda imperialista son toscamente reproducidos en sus materiales. Ni la pobreza ha disminuido, ni el desempleo ha bajado, ni las tasas de crecimiento revelan la realidad. Persistentemente desde principios de este siglo sostienen el inminente colapso de la “economía capitalista” china.
Pretender dar a entender que es la “superexplotación” la razón fundamental para el extraordinario crecimiento del país asiático con su esquema generalizado del “9 9 6” (“12 horas de trabajo diarias, 6 días a la semana” tomado también por otros revisionistas): de esta manera la cuestión de la industrialización, el desarrollo capitalista y la transformación de una semicolonia en un país imperialista reposaría sobre la explotación obrera. Un reduccionismo no solo infantil sino profundamente antimarxista.
China se ha convertido, según estos autores, en “uno de los imperialismos que más agresivamente buscan su expansión mundial”. Con todo, el PCR reproduce los lineamientos fundamentales sobre la URSS en la década del 70 y 80 colocándola como la potencia imperialista más peligrosa para los pueblos del mundo y desarrollando toda una política consecuente con esta línea pro-imperialista.
Para finalizar, debe señalarse que los lineamientos elaborados por el PCR tienen el “mérito” de lo novedoso. Su concepción de la restauración capitalista tanto en Rusia como en China tienen una lógica y coherencia interna, por más tremendamente equivocada que estén. Los centristas de toda laya replicarán -con mucho menos talento y desprovistos de esa coherencia argumentativa- los mismos disparates. Nuestros próximos artículos indagarán sobre los mismos.
(Nota de Masas n°508)
