Extraordinaria derrota electoral de Trump y los multimillonarios que apoyaron sus candidatos
Declaración del CERCI – Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IV Internacional
Es la derrota electoral de Trump que hizo suya la campaña, nacionalizándola. Fue un voto masivo de castigo contra su Gobierno. Contra la prepotencia fascista contra los inmigrantes y su ICE, contra la carestía de la vida, contra las guerras, cuestionando la relación de su gobierno con Israel. Contra los superricos que pusieron cientos de millones de dólares en la campaña electoral. Contra sus formas dictatoriales, su guerra de aranceles, sus amenazas permanentes, sus discursos diarios contradictorios.
Fue una derrota del Partido Republicano en las elecciones de medio término, perdió el control de la Cámara de Representantes y del Senado, perdió en sus bastiones Texas, Iowa y Kansas donde hacia casi 100 años que no ganaban los demócratas. Que le ganaron 4 gobernaciones: Georgia, Iowa, Ohio y Texas. Y le ganaron candidatos a senadores en 7 estados donde los republicanos defendían sus bancas.
Los demócratas ganaron por amplia mayoría el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Ganaron en las poblaciones urbanas y entre los graduados con título universitario. Los demócratas ganaron por gran mayoría entre los más jóvenes (3 de cada 4). También entre las mujeres, la población hispana y de color. Los republicanos perdieron entre todos los grupos de votantes, excepto entre los hombres blancos (aunque también retrocedió en esa franja). La cantidad de votantes fue elevada 46,1% comparada con los niveles de hace más de 55 años, (la excepción fue 2018, la más alta de la historia, con 50,1% de participación), para elecciones de medio término.
Más que una victoria Demócrata es una importante derrota del Gobierno. Se combinaron varios factores en el hartazgo de la población. Recordamos que Trump había desconocido el triunfo de Biden en 2020 y orientó la toma del Capitolio, un hecho sin precedentes en la historia de EEUU, marcando el comienzo del fin de las formas democráticas de dominación en el país que pretendía erigirse como templo de la democracia y el republicanismo. Están presentes los escándalos como el caso Epstein que lo involucra, los negocios de su familia en Oriente Medio, tratando de apropiarse del territorio palestino, y también de la costa de Albania con el proyecto turístico vinculado a Jared Kushner e Ivanka Trump, entre otros.
La mayoría de la población no tiene una mejora en sus condiciones de vida y de trabajo, por el contrario, es golpeada por la inflación, por el precio de los combustibles, por la subida de las tasas de interés, por los aranceles sobre importaciones, porque la economía no sale de su estancamiento. Y también rechaza las formas fascistas de dominación, los ataques indiscriminados a países que son socios. El Gobierno en manos de un puñado de empresarios multimillonarios, cada vez más ricos, a los que les reducen los impuestos.
El voto fue la forma elegida por decenas de millones para castigar al Gobierno. Contra el que se manifestó varias veces en estos dos años ganando las calles de todas las ciudades por millones. Haciéndole frente en varios Estados a la política represiva del ICE.
El mensaje del voto es ¡Basta de Trump y sus políticas!
Pero el Partido Demócrata no está a la altura de dar respuesta a los reclamos de la sociedad. Es el partido que encarnó la guerra comercial potenciada previamente por Trump. Bajo su Gobierno se inició la guerra en Ucrania contra Rusia. Es un firme defensor del régimen sionista y su genocidio contra el pueblo palestino y sus políticas anexionistas en Oriente Medio. Es también un partido dominado por las élites de multimillonarios. Pero en estas elecciones también se verificó una crítica hacia esos sectores que controlan el Partido y que ha dado lugar a que surjan candidatos en sus filas más críticos, que hasta se denominan socialistas o socialdemócratas, lo que refleja también su crisis.
No hay que guardar la más mínima ilusión en los demócratas que han sido el canal utilizado para repudiar a Trump y todo lo que representa. Para voltear a Trump y la política de la clase que representa no sirven los “impeachments” (juicio político) o trabas del Congreso. Sólo pueden ser derrotados por el levantamiento popular.
La tarea más importante es trabajar en construir una organización revolucionaria que luche por derribar al régimen imperialista en descomposición, para poder terminar con las guerras que azotan el mundo desde su origen. Para terminar con los superricos y la extraordinaria concentración de riqueza, para que los bancos y los fondos financieros sean expropiados, para estatizar los principales medios de producción y organizar la economía sobre otras bases, al servicio de la mayoría trabajadora. El capitalismo en decadencia ya no puede ser reformado. No alcanza con cobrarles más impuestos a los ricos, ellos son un peligro para la humanidad. Se debe socializar su riqueza. La clase obrera se debe independizar políticamente y tomar esta tarea política en sus manos, recuperando para sí todas las organizaciones sindicales. No es con el voto, no es en el Congreso que se podrá rectificar la tendencia a la barbarie que encarna la burguesía imperialista norteamericana.
Las grandes luchas que se extienden por Europa desde hace semanas, la resistencia del pueblo iraní, los huties, el pueblo palestino, buscan también una dirección revolucionaria que las guíe hacia la victoria. La ultraderecha que parecía invencible y con paso firme, encuentra resistencia contra las guerras y el militarismo, contra los ajustes de los presupuestos de salud, educación y previsión social en beneficio de los bancos. Y también sufre derrotas electorales en Brasil, Israel, Serbia, etc. pese a su manejo de los medios de comunicación, sus campañas multimillonarias. El desgaste político de la derecha tiene como causa última la agudización de la crisis estructural del capitalismo, del choque violento entre las fuerzas productivas con las fronteras nacionales, hecho que condiciona las posibilidades del reformismo del partido Demócrata, del PT en Brasil, etc.
En América Latina genera una fuerte simpatía la derrota electoral del Gobierno que mató a decenas en el Caribe y hundió sus embarcaciones, que secuestró al presidente Maduro y su esposa en un operativo terrorista, que ocupó el Canal de Panamá, que pretende adueñarse de todos los recursos, que apoya abiertamente a los candidatos ultraderechistas por todos los medios; que amenaza militarmente, que utiliza la excusa del narcoterrorismo para meterse en los países violando su soberanía y que aparece como el matón gendarme del mundo. Pero debemos alertar que no hay nada que esperar de los demócratas y un futuro gobierno de ellos, son parte íntima del sistema que oprime el Continente.
No hay camino intermedio. Se debe resolver la crisis de dirección poniendo en pié partidos revolucionarios en cada país y la Internacional con la estrategia de la revolución y dictadura del proletariado. Ese es el trabajo que hacemos desde el CERCI.
4 de noviembre de 2026
