Se profundiza la adaptación del FIT-U a la democracia burguesa

La incomprensión de la izquierda centrista sobre el parlamentarismo socialista es total. Desconociendo los principios básicos que deben regir esa actividad, se ven envueltos en un sinfín de situaciones en las que terminan por revelar, mal que les pese, su política socialdemócrata, de adaptación al régimen capitalista de explotación y sus instituciones.

Hemos machacado una y otra vez durante la campaña electoral cuál sería el hilo conductor de esa actividad legislativa. Por un lado, teníamos la certeza de la nula autocrítica sobre su desenvolvimiento parlamentario, encontrábamos en cambio una suerte de reivindicación; por el otro, pudimos ver el esfuerzo sobrehumano realizado en las últimas elecciones para mostrarse lo más domesticado posible. Eso nos llevaba a una conclusión: continuarán sosteniendo una política reformista en el Congreso.

Caracterizamos ante la mirada confusa de no pocos militantes y activistas, que no había diferencias programáticas entre cada una de las organizaciones de izquierda electoral que se presentaron con candidatos. Más bien el proceso era el contrario, buscar asemejarse lo más posible a la política lavada del FIT-U para granjearse la simpatía del “electorado”. El NuevoMAS y Política Obrera, intentando aparecer como furiosamente críticos del cretinismo parlamentario del FIT-U, fueron aún más a fondo en su deriva democratizante, como oportunamente señalamos (y se ha visto rápidamente confirmado).

A continuación un somero repaso de tan solo algunos días de actividad legislativa en la Argentina.

 

Salta, la descomposición del centrismo

Lo ocurrido en Orán ha obligado a Claudio del Plá, histórico dirigente salteño del Partido Obrero, a proclamar una caracterización revolucionaria sin precedentes en sus 20 años de parlamentarismo reformista: sostuvo que el Parlamento es una “cueva de bandidos”, en alusión al dicho de Lenin. Y solo unos días después escribió que la bancada socialista “debe ser utilizada para la agitación socialista contra los parlamentos”. Esto ya de por sí constituye un hecho trascendental… Del Plá ha tenido que citar a Lenin para diferenciarse de “Política Obrera”. ¿Qué sucedió para que Claudio tenga semejante “exabrupto”?

Samuel Huerga, electo concejal por el Departamento de Orán en la Provincia de Salta, es militante de la Tendencia del Partido Obrero, ahora autotitulado “Política Obrera”. Habiendo sido uno de los dos únicos candidatos que logró acceder a una Legislatura por este Partido (el otro fue Omar Ramírez por Colonia Santa Rosa-Salta) la responsabilidad por su accionar político no es patrimonio exclusivo de un militante aislado, ni de una Regional, sino de la organización en su totalidad. Política Obrera no puede desentenderse del curso de acción posterior a la elección. Y así lo expresa el propio Samuel aduciendo que todo lo realizado por él fue discutido no solo en Oran, sino con el Comité Provincial de Salta que -sin objeciones- había adoptado colectivamente este curso de acción.

Resumidamente el concejal de Política Obrera propuso y fue elegido candidato a presidir el Concejo Deliberante del Departamento de Oran y que la banca fuese rotativa para todas las fuerzas que lograron ser elegidas. Simultáneamente votaron por unanimidad dos vicepresidentes de partidos patronales. No hace falta mencionar que es un compromiso inadmisible para un revolucionario. Significa una integración al propio régimen que lo ata de pies y manos. Es decir, esto es justamente lo que busca una institución de otra clase para legitimarse.

El FIT-U olió sangre y saltó sobre la presa malherida de Política Obrera. No iban a dejar pasar la oportunidad de golpear a los que tanto habían criticado su propio curso democratizante. El prematuro traspié de Política Obrera, a pocas semanas de asumir su banca, terminó por complacer a gran parte de la militancia del FIT-U. Vemos en estos días cómo se lanzan dardos envenenados de acusaciones cruzadas (con muy bajo contenido político) sobre el “quórum en Chaco”, las leyes sionistas en CABA (ver Masas 374), o la Ley de Emergencia Alimentaria (Ver Masas 359). Sin embargo, los revolucionarios adoptamos otra actitud ante lo sucedido, explicando las causas materiales intervinientes, para terminar de clarificar el carácter de clase de estos partidos.

No es un secreto que esta “cueva de bandidos” busca cooptar a los elementos ingresados en su seno, limarle sus contornos y adaptarlo a una convivencia pacífica. Las presiones ejercidas por una institución de la clase dominante son enormes y es un riesgo evidente que no hay forma de evitar. La respuesta de una organización revolucionaria siempre debe ser la de educar desde el Parlamento, no solo a las masas en la desconfianza en esta institución, sino a los propios militantes que allí intervienen.

Tampoco es un hecho sin precedentes en la historia, y sería erróneo negar la posibilidad a priori que esto suceda nuevamente, incluso en un Partido Revolucionario. El libro recientemente publicado por el POR señala que estas defecciones le sucedieron incluso al Partido de Lenin en las Dumas zaristas de Rusia (“Los revolucionarios en los parlamentos burgueses”). En el FIT el hecho tiene antecedentes no muy lejanos, por ejemplo en la propia Salta con Arturo Borelli, o en Mendoza con Rubén Tomasetti que llegó hasta votar el presupuesto provincial del 2016.

La ausencia de política revolucionaria, tanto en el FIT-U como en Política Obrera, lleva a que estas organizaciones no puedan sacar las conclusiones necesarias de lo acontecido. La autoridad que el Partido Obrero Revolucionario ha conquistado en base a sus pronósticos respecto al FIT y a su comprensión de la cuestión electoral, lo habilita a desentrañar las fuerzas intervinientes en estos aparentes “deslices”. Procesos que no hacen más que revelar la descomposición total del centrismo oportunista, y la imposibilidad de levantar una estrategia política revolucionaria a la crisis política en curso.

La presión del nacionalismo burgués sobre la izquierda da sus frutos

El pasado 21 de diciembre la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de modificación del Impuesto sobre Bienes Personales, que fue girado a la Cámara de Senadores para su sanción definitiva. El mismo estipula que el Impuesto será pagado por aquellos patrimonios de más de 6 millones de pesos (actualmente era de 2 millones el mínimo), y aquellos con única vivienda valuada en más de 30 millones de pesos (hasta ahora tributaban desde los 18 millones de pesos). Significa que alrededor de 450 mil contribuyentes ya no serían alcanzados por el Impuesto a los Bienes Personales.

Dicho proyecto había sido impulsado en plena campaña electoral por un Senador oficialista y votado por unanimidad, por lo que necesitaba el voto en Diputados para ser promulgado. Sin embargo, esta actualización generaba una merma en los ingresos por lo que el oficialismo se detuvo a mitad de camino. Fue la propia oposición patronal la que impulsó que se votara insistentemente. La política del FMI le exigía al Frente de Todos que esa reducción de los ingresos provenientes del cobro de impuesto, sea recompensada de alguna forma, logrando cierto equilibrio en sus cuentas.

Así fue que el aumento de las alícuotas (porcentaje que deben pagar) a los patrimonios más altos compensaría ese desequilibrio inicial. Ya habíamos expuesto (Ver Masas 373) que un aumento impositivo a las grandes fortunas no entra en contradicción con el régimen capitalista de explotación, sino que tiende a galvanizarlo. Fue el propio Mauricio Macri quien había acordado con el FMI este mayor pago sobre los patrimonios más altos en 2018. Los intentos de superar las crisis económicas o los períodos de pandemia (por caso) sin tocar la gran propiedad privada capitalista resultan a todas luces infructuosos para ofrecer una salida, y tienden por el contrario a oscurecer la respuesta revolucionaria, generando la ilusión que con algunos pesos más proveniente de los grandes capitalistas las cuestiones esenciales pueden resolverse. Las crisis capitalistas no se resuelven por una fórmula de equilibrio fiscal, como pretende la izquierda democratizante.

Página12 saludó orgullosamente a sus nuevos colaboradores: “fue clave el apoyo de la izquierda”, “gracias al acompañamiento” del FIT se había votado el proyecto fondomonetarista. El Partido Obrero sostiene que “de haber perdido la votación hubiésemos votado el de la oposición”, con el argumento que sería “un principio inviolable” en la defensa de los intereses de la clase obrera. Está sosteniendo, con una fraseología llena de volteretas, que el PRO había presentado un proyecto en defensa de los intereses de la clase obrera, el cual hubiesen votado. No puede haber mayor desconcierto.

Pitrola lleva consigo una tremenda confusión de ideas que traslada a su militancia. Quiere dar a entender que el Parlamento puede defender los intereses de la clase obrera (incluso el macrismo puede hacerlo, según él), con algunos proyectos de ley. Revela, trágicamente, que se han empantanado en el estéril juego legislativo. De ahí viene su espíritu socialdemócrata, de buscar como sea ganar mayor cantidad de diputados, presentar mayor cantidad de proyectos y mostrarse como un gran legislador propositivo.

Pitrola no hace más que expresar abiertamente los condicionamientos que recibe de las instituciones burguesas, es la encarnación del temor de la pequeña burguesía al señalamiento público. Están sometidos a la presión de los partidos patronales, perciben los prejuicios y se adaptan a ellos a fin de no verse recriminados por actuar de forma revolucionaria. Amoldan su accionar al juicio de lo más atrasado de la conciencia de los oprimidos.

No muy lejos están los Del Caño, Myriam Bregman y Alejandro Vilca que expresan que votaron “por el dictamen de mayoría (oficialismo) porque de lo contrario hubiera significado avalar una baja de impuestos para los que tienen bienes en el exterior”. Pero es el propio Pistonesi, dirigente del PTS, en una nota suplementaria el que sentencia que en “última instancia toda recaudación que hace el Estado está puesta al servicio del pago de una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta y a subsidiar a distintos grupos capitalistas”. Entonces con su voto afirmativo, en su propia lógica de razonamiento, avalan una política fondomonetarista y pro-capitalista.

Lenin, contrariamente a los planteos del centrismo democratizante, había planteado con meridiana claridad que “no existe garantía alguna de que con nuestro apoyo ayudéis a llevar a la práctica ‘un mal menor’. En cambio, apoyando un ‘mal menor’, votándolo, vosotros indudablemente cargáis sobre vuestros hombros, sobre el partido proletario, una parte de la responsabilidad por el ambiguo reformismo burgués, por la farsa mejor dicho -vosotros lo habéis calificado de farsa- de la labor legislativa de la Duma”, y continúa afirmando que en ese Parlamento se debe “exaltar al primero plano, no el apoyo (prácticamente inútil, ideológicamente nocivo) a las reformas, sino el esclarecimiento de la conciencia revolucionaria de esos partidarios, el fortalecimiento de su organización y voluntad revolucionarias y, con ayuda del proletariado, lo lograréis” (“¿Cómo no se deben escribir resoluciones?” Lenin). Nada han aprendido del gran revolucionario al que ocultan y deforman deliberadamente.

Surge entonces la pregunta ¿para qué ingresamos en el Parlamento los revolucionarios? Para atacarlo, para desenmascararlo, para mostrar a los oprimidos que no hay ninguna posibilidad de mejora bajo el capitalismo y sus instituciones. Entramos a los Parlamentos sabiendo que allí se cocinan las derrotas de la clase obrera, que allí no se discute nada, no se conquista nada. Que únicamente con la acción directa de masas, con la organización, con la unidad en la lucha podremos imponer todas y cada una de nuestras reivindicaciones.

No entramos para realizar ninguna labor legislativa positiva, no aspiramos que se aprueben nuestros proyectos, no buscamos la solidaridad de los partidos patronales, no conciliamos con nuestros enemigos de clase, no cedemos ante las presiones de los verdugos de las masas. La actividad revolucionaria en el Parlamento se encuentra en las antípodas de la acción legislativa de los representantes burgueses. Esto es limitadamente lo que hace un revolucionario dentro del Parlamento burgués. El FIT-U hace exactamente lo contrario, revelando su contenido y práctica reformista. El POR ha confirmado sus rigurosos y solitarios pronósticos sobre el curso del FIT-U.

 

(nota de MASAS nº408)

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