Las masas se levantan en Haití contra el aumento del coste de la vida y la nueva amenaza de intervención imperialista

Pasaron meses de protestas en Haití, contra el aumento del coste de la vida y el hambre. El 14 de septiembre, el presidente de facto Ariel Henry, que llegó al poder por designación del imperialismo tras el asesinato del ex presidente Jovenel Moïse, anunció la suspensión de los subsidios a los conbustibles, lo que desencadenó una ola de protestas, así como saqueos de comercios e instalaciones de ayuda humanitaria, como la del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la ciudad de Gonaives. El grupo «G-9 y Familia», una alianza de bandas urbanas, dirigida por Jimmy Cherizier («Barbacoa»), ocupó y paralizó inmediatamente la terminal de exportación de petróleo de Varreux, contra la suspensión de las subvenciones.

El cierre de la terminal, en un contexto de guerra en Ucrania y de escasez de combustible, sumado a la ola de revuelta popular, fue el detonante para que el dictador Ariel Henry, en connivencia con el imperialismo, pidiera a la ONU una intervención militar extranjera, para retomar el control del país y contener el brote de cólera, agravado por las condiciones de miseria. En respuesta, las masas volvieron a salir a la calle, rechazando la amenaza de intervención extranjera, y exigiendo la salida del presidente y nuevas elecciones. Todavía están frescas en la memoria de los haitianos las consecuencias de la última intervención extranjera de la ONU, la llamada «Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití» (MINUSTAH), que perpetuó una situación de miseria, hambre y propagación de enfermedades, además de los casos de violencia y abusos sexuales, cometidos por las tropas invasoras contra el pueblo haitiano.

En las protestas se pueden ver manifestantes pintados con los colores de la bandera rusa o sosteniendo banderas rusas. Es la ilusión de que apoyándose en Rusia y China los oprimidos de Haití podrán resistir la opresión imperialista de Estados Unidos y Europa. Uno de los manifestantes declaró: «No necesitamos a Canadá, Francia y Estados Unidos. Sólo necesitamos que China y Rusia nos ayuden a explotar nuestras riquezas; los demás ya nos han robado, no han hecho nada por nosotros». Allí se expresa el odio al imperialismo, que se desarrolla en el seno de los pobres, miserables y hambrientos, y al mismo tiempo la ausencia de un partido revolucionario. Haití ha soportado históricamente el peso insoportable de la opresión nacional. Las constantes revueltas contra los gobiernos serviles y la intervención del imperialismo dirigido por Estados Unidos dan la dimensión dramática de la necesidad de una revolución social, que constituya un gobierno obrero y campesino e imponga la independencia nacional.

El 21 de octubre, en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en la que se trató la situación de Haití, se aprobó por unanimidad, incluyendo los votos a favor de Rusia y China, imponer sanciones al dirigente Jimmy Cherizier («Barbacoa»), por el cierre de la terminal petrolera, como «respuesta inicial» para responder a la petición de intervención extranjera del dictador Ariel Henry. Como puede verse, a pesar de la guerra en Ucrania, provocada por Estados Unidos y sus aliados, los representantes chinos y rusos no rechazaron la medida intervencionista del imperialismo.

Las protestas masivas y radicalizadas en Haití expresan la tendencia a la lucha de las masas en respuesta al empeoramiento de sus condiciones de vida ante el agravamiento de la crisis capitalista. La lucha por resolver sus problemas inmediatos ha llevado a las masas a chocar directamente con el Estado burgués y la opresión imperialista. Hay que subrayar que el problema fundamental radica en la ausencia de una dirección revolucionaria que pueda canalizar la lucha por las reivindicaciones inmediatas hacia la estrategia de la revolución proletaria. Esto ha llevado a las masas a soluciones ilusorias, como nuevas elecciones y ayuda extranjera de Rusia y China.

Sólo la alianza obrera y campesina, es decir, la unidad de la clase obrera y de los demás oprimidos, a través de un único frente antiimperialista, podrá combatir la amenaza de intervención y expulsar al imperialismo del país. Corresponde a los luchadores de la primera línea de la clase obrera y de los pobres de la ciudad y del campo tomar en sus manos la construcción del partido obrero revolucionario.

Esta colocada una campaña internacionalista en defensa de la nación oprimida. Es esencial construir la unidad y la solidaridad mundial de la clase obrera, contra la amenaza de intervención militar en Haití y en defensa de la autodeterminación de las naciones oprimidas.

¡Abajo el intervencionismo imperialista en Haití! ¡Construir la solidaridad internacional de la clase obrera en defensa de la autodeterminación de las naciones oprimidas!

(POR Brasil Masas nº676)

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