No sólo los Milei, los Menem y Adorni, es el FMI y las grandes corporaciones nacionales y extranjeras que ordenan su política
El régimen político de dictadura civil está totalmente descompuesto y es irrecuperable
La pudrición de la politiquería corre paralela a la incapacidad de la burguesía para resolver la crisis económica que hunde al país y a los trabajadores
En el último mes vemos cómo se desmorona el Gobierno defendiendo a su Jefe de Gabinete Adorni, los medios de comunicación que sostienen a Milei empiezan a tomar distancia ante el escándalo bochornoso del adalid de la moral y la lucha contra la casta y la corrupción, que aparece comprando propiedades y refaccionándolas, comprando autos y pagando costosos viajes al exterior, por varios cientos de miles de dólares en estos dos años, sin contar con los fondos para hacerlo.
Además, días atrás Carlos Frugoni renunció como Secretario de Coordinación de Infraestructura, por omitir declarar siete propiedades en Miami y dos sociedades comerciales ante la Oficina Anticorrupción. Se investigan gastos personales de lujo con tarjetas de crédito de empresas estatales como Nucleoeléctrica. Otro escándalo fueron los créditos millonarios del Banco Nación a tasas de interés subsidiadas, a numerosos funcionarios. Por ejemplo Carolina Olivera, de la Unidad de Gestión Técnico Operativa del PAMI, quien obtuvo un préstamo por más de 500 millones de pesos y hoy tiene una deuda con el banco estatal superior a 565 millones de pesos. Y también los contratos por consultoría o publicidad que realizan las empresas del Estado o entes oficiales para desviar dineros públicos… Sólo nos referimos a las denuncias de los últimos meses. Todo repitiendo el discurso de “no hay plata” ni para lo más esencial y dramático que demanda la población.
Milei personalmente encabeza la defensa de Adorni e impone a todos sus ministros y los funcionarios más importantes que públicamente lo defiendan. ¿De dónde vienen los fondos? Unos indican que una parte puede ser sobresueldos que cobran los funcionarios de fondos reservados de la SIDE, lo que sería un delito. Otros afirman que son las coimas por las compras de medicamentos con sobreprecios, otro delito. O de haber participado en la criptoestafa Libra. O por los servicios por las leyes y decretos a medida de determinados grupos empresarios, ya sabemos cómo se “elaboran” y cómo se aprueban las leyes. O por transmitir al Presidente o algunos ministros, determinadas propuestas empresarias. O los aportes voluntarios de empresarios a la “causa”. O por todo eso junto. La defensa colectiva de Adorni se explica porque todos conocen y comparten la operatoria criminal.
Operan tan burdamente porque saben que el poder, el verdadero poder, los sostiene y creen que les garantiza impunidad. ¿Quién los va a investigar? Si el Congreso es cómplice de sus políticas y se ha mostrado incapaz de siquiera poner algún límite al Gobierno. ¡Cuántas denuncias de chantajes, coimas y favores para conseguir sus leyes! El Congreso es funcional al régimen de la dictadura del capital, haciendo como que se oponen, que se delibera, pero validando las principales líneas antinacionales y antiobreras. No olvidamos los narcodiputados que lograron encabezar listas de candidatos. Si la Justicia garantiza la impunidad de los principales crímenes. Sólo cuando el barco se empieza a hundir le sueltan la mano, como está empezando a suceder.
La corrupción es parte indivisible de todos los gobiernos capitalistas. En la época de la decadencia del capitalismo ningún negocio importante se resuelve por medio de la competencia y la transparencia. El secretismo y las influencias (lobby) son una práctica común.
En un cuadro de catástrofe social como el que se vive esta corrupción tiene otra dimensión, porque choca con la crueldad de negar medicamentos para los jubilados, para los enfermos de cáncer, negar una y otra vez los subsidios para los discapacitados, negar los presupuestos necesarios para salud, educación, ciencia, obras públicas, reducir los salarios de los empleados públicos y la mayoría de los trabajadores. Claro que la corrupción es un problema secundario comparado con los desastres que está provocando el Gobierno, y ciertamente desvía la atención, pero es necesario dar respuesta porque hace semanas que ocupa los medios.
Toda la politiquería burguesa es un asco inmundo. Ningún sector está dispuesto a terminar con la corrupción y el saqueo, aunque en sus discursos se llenen la boca con denuncias. Ninguno se atreve a enfrentar al FMI, a las grandes corporaciones y a defender el interés de la mayoría. Todos ellos están al servicio de esa minoría que detenta el poder, algunos a sueldo de esos intereses, otros por convicción.
La fuerte caída en la popularidad del Gobierno se acentuó con los casos de corrupción, pero la tendencia creciente al rechazo empezó antes, con la reforma laboral, con la inflación imparable, con el desastre en el transporte, las privatizaciones, los cierres de empresas y los ataques que mencionamos. Se traduce en respuesta popular en las calles a las que la burocracia de la CGT y CTAs dan la espalda. El Gobierno apela a la represión, a la censura, a las agresiones contra quienes levantan la voz para denunciar la crisis.
Las grandes corporaciones discuten cómo reemplazar a Milei para asegurar que sus conquistas perduren, quieren evitar que caiga como producto de un estallido social y dudan que pueda sobrevivir hasta las elecciones del año próximo. Los principales diarios financieros del mundo destacan la crisis política y económica.
Para terminar con la corrupción y el saqueo debemos terminar con el capitalismo. Una nueva clase social, la clase obrera, que nunca ha detentado el poder, debe tomar las riendas del país apoyada en la mayoría oprimida. Imponiendo verdaderos tribunales populares donde juzguemos y castiguemos los crímenes contra el pueblo y recuperemos todo lo que han saqueado. Un gobierno que se apoye en las asambleas populares donde debatamos las principales medidas y su ejecución, donde podamos destituir a los funcionarios que no sirven, que no están a la altura del mandato de sus bases. Para poder desarrollar esta política necesitamos fortalecer al partido revolucionario que encarna esta política. El capitalismo no se puede reformar, nos hunde en la pobreza, la desocupación, la precarización, la corrupción y las guerras.
(Nota de MASAS n°502)
