El “fenómeno Myriam Bregman”
Las “encuestas de opinión” y de “imagen favorable” en las últimas semanas dejaron obnubilados a no pocos. La repentina aparición de Myriam Bregman -del PTS en el FIT-U- encabezando las mismas por encima de los principales politiqueros de la burguesía ha causado un revuelo de cierta magnitud. Según las mismas el “trotskismo” aparece liderando las simpatías de los sectores opositores y desencantados de este Gobierno.
Un fenómeno de esta magnitud exige un análisis y una respuesta que oriente, que indique la dirección a la que se dirige y qué podemos esperar los revolucionarios del mismo. Es indispensable que intervengamos para clarificar, una vez más, el contenido de clase de lo que aparece superficialmente en la realidad cotidiana.
Primeramente, debemos aclarar que lo que las propias encuestas reflejan es un fenómeno electoral. A partir de allí las distintas organizaciones del centrismo, y los integrantes del FIT-U entre ellas, discuten acerca de las potencialidades para traducir esas simpatías en diversas manifestaciones de organización, más allá de lo electoral.
¿Cambio de época?
El FIT-U hasta el momento no había logrado capitalizar el hartazgo al Gobierno, contrariamente había visto reducir sus números de votantes en las últimas elecciones. Sin embargo, advertimos en más de una oportunidad que no existe una tendencia en crecimiento o en descenso en términos electorales. El FIT-U ha podido arrasar en Salta en 2013 para desplomarse unos años después, o lograr un 25% en Jujuy 2021, para después descender al 7% dos años después (o 9% en 2025), sin que esto refleje ningún cambio cualitativo.
Estas encuestas, sin embargo, inauguraron una etapa de confianza desproporcionada. La exageración con la que se recibieron estos datos dirigió la atención a los integrantes del FIT-U en ver qué posibilidades podían abrirse a partir de aquí. Es decir, un impresionismo dirigido no por una concepción clasista, sino basada en encuestas de opinión de los medios burgueses, lo que entraña sus peligros.
Tempranamente, estos datos “obligaron” al PTS a realizar su acto del 1° de Mayo aislado del resto de los integrantes del FIT-U. Se engañaría el que crea: primero, que los actos de Plaza de Mayo y Ferro exhibieron dos programas en disputa o cualitativamente diferentes; segundo, que un acto unitario del centrismo representa algún tipo de conquista para el movimiento obrero y las masas, que asisten con incredulidad, en algunos casos, y con indiferencia, en la gran mayoría de ellos, a estos actos. No solo ahora, el FIT-U ha convertido estos actos en elucubraciones electorales o mezquinos intentos por ubicarse encima de las otras organizaciones.
El papel del FIT-U
Los integrantes del Frente y con ello no pocas organizaciones adherentes, simpatizantes y un grupo variopinto coinciden en colocar al FIT-U como referencia. El PTS sostiene que es una buena base desde donde expandirse a otro tipo de construcción, que sería el “Partido de la Nueva Clase Trabajadora” (PNCT) como “nuevo movimiento histórico”, que no es otra cosa que el recurrente plato recalentado del morenismo. Otros, como PO e IS, aun manejan enormes expectativas en potenciar al FIT-U expandiéndolo a nuevos límites. Lo que corresponde entonces es señalar el carácter del FIT-U.
El POR caracterizó en los albores del nacimiento del frente (2011), en pleno auge de borrachera oportunista, aisladamente y a contramano del total de las organizaciones curiosamente autoproclamadas marxistas, que el FIT-U estaba condenado a convertirse en un obstáculo para el movimiento obrero, que era preciso no solo no apoyarlo sino dar una sistemática batalla programática. Esto nos valió un enorme y transitorio repudio, campañas de difamación y hasta volantes y afiches apócrifos. Con todo, valiosos militantes, activistas y simpatizantes malgastaron sus energías en un frente condenado desde su propia concepción. El FIT-U no solo fue un frente electoral, sin posibilidad de convertirse en un frente de unidad. Peor aún, conspiró mayoritariamente contra la unidad en la lucha y en los sindicatos.
El POR alcanzaba sus conclusiones políticas no por intrigas como malintencionadamente se ha querido hacer creer. Alcanzó esas conclusiones, por el contrario, valiéndose del análisis científico del programa levantado, de las caracterizaciones de los partidos integrantes y el carácter mismo del Frente. Por caminos errados, golpeándose de frente contra la realidad y por métodos anti-marxistas, muchos de los críticos actuales arribaron (mal y tarde) a similares conclusiones. La ausencia en la elaboración del imprescindible balance que diera cuenta la raíz de sus yerros iniciales echa por la borda cualquier tipo de caracterización actual. El POR puede reivindicar sus pronósticos iniciales viéndolos más que confirmados.
Una confusión premeditada
La enorme embestida contra las conquistas laborales y sociales por parte de la burguesía, utiliza todos los recursos a su alcance, aunque deban saltarse por encima sus propias reglas institucionales, llámese parlamento, constitución, justicia burguesa, etc. Los elevados índices de ausentismo, el voto blanco y nulo, el enorme desinterés por las elecciones reflejan deformadamente esta cuestión. Esa embrionaria pérdida de ilusiones democráticas debe trocarse en política revolucionaria, constituyendo un terreno permeable para los marxistas.
La intervención del FIT-U ha ido a contramano de esta tendencia instintiva. Han insistido en lo progresivo de un bloque parlamentario del FIT-U, han buscado institucionalizar las salidas a la crisis presente (Pitrola del PO recriminaba al PTS no haber apoyado el “juicio político a Milei” desde el Congreso Nacional) y han trabajado conscientemente para confundir a los oprimidos. La dilución del FIT-U en la Comisión Libra integrando un único frente con el peronismo, el apoyo -explícito o implícito- a la candidatura de Massa en el ballotage, el apoyo a todas las experiencias del nacionalismo burgués a lo largo y ancho de Latinoamérica, entre muchas otras, no son rasgos de independencia política, sino exactamente lo contrario: sometimiento y seguidismo al tutelaje burgués. En períodos de crisis, esta política resulta fatal.
Pues bien, frente a este contexto más general, existe una idea que subyace y, por momentos, se expresa con contundencia. ¿Qué herramienta necesitamos? Se quiere dejar instalado que la necesidad actual es de un gran partido de masas (el PNCT) o un FIT-U ampliado o el frente como partido de tendencias. Todos estos caminos ya probaron su inviabilidad histórica, ya fracasaron con anterioridad. Y volverán a hacerlo.
Construir el Partido-Programa
Las encuestadoras más importantes ofrendaron un dato sorprendente al centrismo, que lejos de resolver su crisis, la acentuará, potenciando las mezquindades entre sus partidos integrantes. El impresionismo es una característica fatal del oportunismo que enceguece y desorienta, aumentando las oscilaciones de estos partidos.
Lejos de toda cháchara oportunista, soluciones mágicas o recetas preconcebidas (y largamente fracasadas) la tarea actual consiste en la paciente construcción del Partido-Programa, la vanguardia del proletariado, capaz de darle expresión consciente y politizar el descontento para convertirlo en fuerza material.
Ese “faro electoral” de la figura de Bregman es una expresión deformada de la búsqueda de alternativas frente a este Gobierno. En sus planteos, no obstante, lo que permanece ausente es la necesidad de la revolución, de la dictadura del proletariado, de la expropiación de los grandes medios de producción, la necesidad imperiosa de organismos de doble poder (coordinadoras, asamblea popular, soviets), la cuestión de la gran propiedad privada capitalista y la imposibilidad de resolver estas cuestiones por la vía electoral. Es decir, permanece ausente lo esencial.
La única alternativa consecuente resulta la enarbolada por los marxistas, que es la de un programa que levante la estrategia de la revolución y dictadura proletarias. Ese es el programa del Partido Obrero Revolucionario.
(Nota de MASAS n°503)
