CERCI

¡En defensa de la Revolución Cubana! Romper el bloqueo de Estados Unidos contra la economía y el pueblo cubanos

Organicemos un movimiento de frente único antiimperialista en América Latina

¡Que las centrales, los sindicatos y los movimientos organicen comités de movilización antiimperialista!

Las manifestaciones celebradas en México y en Estados Unidos el 26 de julio, bajo las consignas «¡No a la guerra contra Cuba!» y «¡Abajo el bloqueo a Cuba!», fueron una buena señal de resistencia. Evidentemente, no cabía esperar que la prensa burguesa se hiciera eco de ello. Aunque fueron pequeñas, sobre todo las de Estados Unidos, lo fundamental es que expresaron la necesidad de luchar contra el asfixiamiento económico de Cuba y la ofensiva del imperialismo estadounidense para derrocar a su gobierno y su régimen.

La tardanza en reaccionar ante el objetivo contrarrevolucionario de Estados Unidos y ante el proceso de restauración capitalista que se está acelerando pone de manifiesto la profunda crisis de dirección revolucionaria. Es sintomático que las múltiples corrientes de izquierda, que conforman el espectro del estalinismo y el campo de los revisionistas del trotskismo, no hayan sido capaces de poner en marcha la constitución del frente único antiimperialista. La inercia ante la invasión militar y el secuestro del presidente de Venezuela por parte de Estados Unidos ha puesto de manifiesto la bancarrota de las izquierdas que se reivindican del socialismo y de los más variados tipos de nacional-reformismo.

Este fenómeno se explica, en gran medida, por la adaptación de las izquierdas a la democracia burguesa y a la gobernabilidad del nacional-reformismo, que fueron perdiendo gran parte de su influencia política con la caída del chavismo, el evismo, el peronismo e incluso el petismo. La desintegración de las izquierdas centristas se debe al abandono y al alejamiento del programa de la revolución social. De tal forma que se han vuelto incapaces de reaccionar ante los retrocesos nacionales y mundiales dictados por las victorias del imperialismo contra los logros de las revoluciones proletarias, entre las que se incluyen las de Cuba, de extrema importancia para América Latina.

Los cambios en la situación mundial desde la constitución del Estado obrero en Cuba —cuya Revolución de 1959 permitió la expropiación de los terratenientes, la nacionalización de la industria y los bancos y el establecimiento de la centralización estatal, así como la imposición de la soberanía nacional frente al imperialismo— son amplios y profundos, en el sentido de la descomposición del capitalismo. La caída de la Unión Soviética en diciembre de 1991 favoreció la estrategia estadounidense de aislar a Cuba y debilitarla económicamente hasta el punto de imponer a su gobierno el camino de la restauración capitalista.

También hay que tener en cuenta los efectos regresivos del proceso de restauración en China. El auge de la economía china, que ha entrado en conflicto con la hegemonía estadounidense, se refleja en el ámbito de la guerra comercial y en la escalada bélica impulsada por las potencias imperialistas. Los países con economías atrasadas (semicoloniales) no pueden aprovechar las ventajas que ofrece China sin verse arrastrados a la disputa mundial entre los monopolios, que se manifiesta en forma de guerra comercial y de fomento bélico. Este conflicto se ha manifestado a través de la orientación radical del Gobierno republicano de Trump de someter a cualquier precio a los países latinoamericanos. Lo que ha supuesto acabar con el nacionalismo chavista e impulsar el proceso restauracionista en Cuba.

Estos primeros pasos dan concreción al documento «Estrategia de Seguridad Nacional orientada a América Latina» y a la retomada de la ideología imperialista encarnada históricamente en la Doctrina Monroe. Una de las condiciones para que Estados Unidos se imponga frente a China es ejercer el control total de las fuentes de materias primas de América Latina y mantener la subordinación de sus economías.

En un vídeo publicado por el Departamento de Estado el 11 de agosto, la Administración Trump amenaza a los países latinoamericanos afirmando que «el dominio de Estados Unidos en toda América nunca más será cuestionado». En marzo de 2026, la Casa Blanca reunió a 12 países serviles de América Latina para poner en marcha el denominado «Escudo de las Américas». Ha logrado influir en las elecciones e imponer gobiernos francamente antinacionales y antipopulares. Lo que quedaba del nacional-reformismo se encuentra en ruinas en México y Brasil. La más reciente victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella en Colombia ha desequilibrado definitivamente la balanza política a favor del «Escudo de las Américas». Trump ya contaba con las importantes victorias en Argentina y Chile.

Es en este contexto donde se sitúa la defensa de Cuba. El tiempo corre a favor de la contrarrevolución. El derrumbe de la última trinchera de apoyo económico a la isla, mantenida por el Gobierno chavista de Venezuela, ha abierto por completo el camino para que los Estados Unidos asfixien la economía cubana, impidiendo la importación de petróleo e imponiendo nuevas sanciones. El Gobierno de Trump simplemente rompió el acuerdo dictado por el Gobierno de Barack Obama, alcanzado entre 2014 y 2015, que flexibilizaba las relaciones diplomáticas y comerciales con el Gobierno de Raúl Castro. Su sucesor, Miguel Díaz-Canel, ha dado pasos hacia las privatizaciones.

Bajo una tremenda presión externa del imperialismo estadounidense y una presión interna provocada por la crisis energética (apagones y colapso de los servicios sociales), Díaz-Canel llevó a la Asamblea Nacional de Poder Popular (ANPP) a aprobar un plan restauracionista que, de ponerse en práctica, acabará de una vez con los logros de la Revolución de 1959. Los comentaristas de la prensa burguesa se refieren a las reformas como propias del «socialismo de mercado adoptado por China y Vietnam». En resumen, «entre las reformas destacan la transformación de las empresas estatales en sociedades mercantiles por acciones o de participación, la autorización para empresas privadas con más de 100 empleados, la participación de capital extranjero en el sector privado y la apertura de cuentas en moneda extranjera para personas física ; la agricultura, el turismo, el sector bancario y el mercado de divisas se abrirán a la inversión privada, tanto nacional como extranjera; los cubanos podrán tener más de una empresa privada y participar en otras sociedades; se permitirá la negociación salarial en las empresas». En esencia, «entre los puntos centrales se encuentran la autorización para que las empresas privadas contraten a más de 100 empleados, el fin de la restricción de un único negocio por empresario, la apertura a los bancos privados y la posibilidad de vender propiedades estatales».

A pesar de que el plan es tan claramente restauracionista, orientado a constituir una nueva burguesía cubana, Trump lo consideró insuficiente. Exige un cambio de régimen político, con el fin de desmantelar lo que queda del legado de la Revolución Cubana. Estados Unidos se inclina por llevar a cabo la misma operación que se realizó en Venezuela.

Corresponde a las centrales sindicales, los sindicatos y los movimientos reconocer la importancia de las manifestaciones en México y en Estados Unidos, ampliarlas y fortalecerlas como trincheras de lucha contra el imperialismo, en defensa de Cuba, por la expulsión de Estados Unidos de Venezuela y contra la guerra comercial, bajo la bandera de la autodeterminación y la soberanía nacional. Formar urgentemente comités de frente único antiimperialista.

Es en este terreno donde la vanguardia con conciencia de clase debe esforzarse al máximo para constituir el frente único antiimperialista, bajo la estrategia de la revolución social. En Cuba se plantea la tarea de organizar un partido obrero revolucionario, de carácter leninista, que se guíe por el Programa de Transición de la IV Internacional. Este objetivo va en la dirección de superar la crisis mundial de dirección.

(POR Brasil – Massas n°770)