La 81° Asamblea General de la ONU es un reflejo del fin del orden mundial que conocimos.
EEUU quiere reafirmar su poder imperial por todos los medios
Trump en nombre del país anfitrión de la Asamblea, y líder de una superpotencia mundial, utilizó la tribuna para presentarse como un país más fuerte que nunca, con logros extraordinarios, y el ejército más poderoso, mezclando exageraciones y mentiras con nuevas y reiteradas amenazas. “Hemos invertido más dinero en el ejército en los últimos 12 meses que nunca antes, y esta vez va a ser 1,5 billones de dólares”.
“Los cobardes y los traidores quieren decir que Estados Unidos no tiene municiones, pero eso no es verdad. Tenemos más municiones de las que podríamos jamás utilizar y las estamos acumulando a niveles jamás vistos. Estamos incrementando nuestros arsenales más rápido que nunca. Arsenales muy avanzados. Además, tenemos planes. Vamos a abrir plantas de municiones. Estamos construyendo 18 plantas con las mejores compañías de todo el mundo. Algunas de ellas terminarán de construirse muy rápidamente. Y esa construcción llevará a un despliegue muy rápido de misiles y municiones de todo tipo. Y vamos a poder dárselos a nuestros aliados mucho más rápido que antes”. Extraordinaria apología bélica en el mayor foro de la diplomacia mundial que utópicamente debía impedir las guerras.
Reiteró su disposición a utilizar todo su poderío militar y económico para lograr restablecer su papel hegemónico en el mundo, en un momento en que EEUU está más aislado que nunca de sus aliados y socios tradicionales, cuando la mayoría de su país desaprueba su política exterior. Trump anteriormente ya había desestimado el derecho internacional como una limitación a sus acciones. El único límite a su poder, dijo, era “mi propia moral, mi propia mente; es lo único que puede detenerme”.
Su discurso en la inauguración fue contra toda noción de “Naciones Unidas”, rechazando la existencia de la ONU, a la que calificó como obsoleta e incapaz. Ya se retiró de 66 organismos internacionales que ya no favorecían sus intereses.
Amenazó explícitamente, otra vez, con “aniquilar a la república islámica” de Irán, y hacerlo “rápidamente”; afirmó que en Venezuela “al vencedor le pertenecen los despojos” sumando los 65.000 millones de barriles de petróleo a sus propias reservas, diciendo que así tenían el 60% del petróleo del mundo (en realidad el 22%), ese era el verdadero objetivo del secuestro del Presidente Maduro; también prometió que el gobierno cubano caería, “de una forma u otra”, “el régimen comunista está bajo enorme presión, la mayor presión que jamás han sufrido”, un “estado absolutamente fallido que caerá”, “no permitiremos que un refugio para adversarios extranjeros amenace a EEUU en nuestra propia frontera”.
Su discurso solo obtuvo aplausos de los más serviles. Los representantes de Irán y Cuba se retiraron ante sus amenazas.
Amenazó con usar la fuerza militar en América Latina si EEUU ve peligrar sus intereses. “Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvar los intereses nacionales vitales de EEUU”. En ese sentido prepara las excusas para intervenir desde el Escudo de las Américas definiendo numerosos grupos narco como fuerzas “terroristas” extranjeras. Dice que está tomando medidas “contra los carteles mexicanos que siembran el terror contra los estadounidenses”. “México es el epicentro de la violencia de los carteles. Desafortunadamente, esto es inaceptable. Que Estados Unidos comparta una frontera de 2.000 millas con un territorio controlado por los carteles de drogas. México debe volver a controlar su territorio”. “La libertad vendrá a Cuba y la seguridad vendrá a México”.
“Desde que asumí mi cargo, yo designé a los carteles de drogas como organizaciones terroristas. Y el ejército de Estados Unidos recibió la orden de eliminarlos. Los carteles de drogas son el ejército islámico del hemisferio occidental”.
Trump celebró el acuerdo con Groenlandia para establecer dos bases militares, “otorga a EE.UU. el control permanente sobre la seguridad y todas las necesidades de ese territorio”. Hace pocos meses amenazó con tomar su control total generando una gran crisis con las potencias europeas. Se cree que posee grandes reservas subterráneas de minerales de tierras raras y una ubicación estratégica para el tránsito marítimo.
Trump se atribuyó el mérito de haber “puesto fin” a la guerra en Gaza, un genocidio que no cesa, al que EEUU contribuyó financiera y militarmente. Atacó a la Corte Penal Internacional, que emitió orden de arresto contra Netanyahu por el genocidio en Gaza, calificándola de “institución deshonesta”. “Pido a todos los países que son miembros de la CPI que renuncien de esta institución fracasada”.
La fundación de la ONU en 1945 planteaba “salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. La carta fundacional de este organismo, redactada en gran parte por EEUU, prohibía expresamente a sus miembros amenazar o usar la fuerza contra la integridad territorial de un país, a menos que actuaran en legítima defensa o con la autorización de la ONU.
EEUU es la mayor expresión de la decadencia y descomposición imparable que exacerba la guerra comercial y las tendencias bélicas que nos colocan a un paso de una 3ra Guerra Mundial. Es urgente poner en pie una dirección revolucionaria que enfrente esa tendencia a la destrucción y la barbarie. Necesariamente deberá ser la clase obrera, que no tiene ataduras con este régimen de explotación, quien encabece la lucha antiimperialista, lo que coloca como tarea de la hora la reconstrucción del centro internacional, la IV Internacional.
(Nota de MASAS n°510)
