La política de un frente amplio antimileista es una trampa, como lo fue el “antimacrismo” o antes el antimenemismo

El periodista Eduardo Aliverti en su programa de radio ha formulado esta alternativa política. Una maniobra conocida de querer juntar a todos contra el más peor, sin cuestionar el régimen político, sin cuestionar la dirección política que debiera tener ese frente, sin un programa.

Aliverti, impresionado por “la monumental manifestación del domingo pasado -al igual que las del 24 de enero y 8 de marzo-” afirma que “semejantes multitudes están huérfanas de conducción política. Y que el panorama, en ese sentido, parece desolador porque ni siquiera asoman alternativas”.

Le reclama a la dirigencia “opositora” que dé “muestras de grandeza”. Porque “surgen gestos” que generan “expectativas módicas”.

“… lo urgente es frenar de alguna manera a esta monstruosidad que gobierna. Eso requiere de una amplitud enorme”.

Para Aliverti se debe promover una unidad sin principios, sin programa, sin tener en cuenta la historia de los participantes, porque la única política que hay que aplicar es el “posibilismo”. Esto es lo que explica en el siguiente párrafo. “Pero si vamos a insistir con los exámenes de virginidad, a los que son tan afectos los guapos con mentalidad de secta y los militantes del teclado, se continuará dando vueltas alrededor del mismo sitio. Todos felices con su volumen denunciador. Todos acusando al “posibilismo”. Y todos impotentes.

Su idea es que hay que aprender de la derecha: “Si algo enseña la derecha es que, en su visión estratégica, tiene aptitud y actitud extraordinarias para achicar sus disidencias y agrandar sus acuerdos. El “campo popular… opera exactamente al revés. O así procede gran parte de la dirigencia que dice representarlo”.

¿Cuáles son los gestos a que se refería? Ante “la marcha del domingo pasado, hubo referentes otrora impensados que quisieron estar. Radicales de la franja de Martín Lousteau y gente de la Coalición Cívica, no importa…. Hasta Horacio Rodríguez Larreta posteó que tenía 30 mil razones para adherir. Son un síntoma político, por fuera o a pesar de antecedentes y apreciaciones individuales”.

“¿Qué se hace, desde ese consabidocampo popular’? ¿Rechazar sin más ni más toda coalición justo ahora, cuando lo que está llevándose puesto al país es la ultraderecha gobernante?” Aquí vemos más claro hasta donde llega la amplitud que reclama.

Para más claridad veamos la preocupación de Aliverti: “Supongamos que Milei implota… ¿Con qué fuerza se canalizaría esa implosión? ¿Con cuáles efectividades conducentes? ¿Qué habría? ¿Un consejo de soviets surgido de asambleísmo popular? ¿O debería haber… un consenso antibrutal… con algo de patriotismo básico, de ‘frente de salvación’ o como quiera rotulárselo?”.

Aquí aparece su clásico macartismo contra cualquier formulación estratégica que pueda ser independiente de la burguesía para convocar a ese frente o coalición para salvarnos de la bestia de ultraderecha, como única alternativa posible. 

Se lamenta de que “el peronismo, entendido en lo global y como expresión mayoritaria de la oposición, está acéfalo por completo y sumergido en un debate ya promovido… Axel Kicillof emerge, por ahora y exclusivamente, como la figura capaz de proyectarse a mediano plazo… Y sin liderazgo es improbable hallar condiciones de alternativa alguna”.

Insiste con su frente muy amplio: “a poco de hurgar, salta el denominador (casi) común de ampliar todo lo que se pueda y deba”. Y reivindica a Cristina Kirchner y su documento: “pongámonos de acuerdo, incluyendo a quienes están afuera del peronismo, en unas líneas de desarrollo y ejecución elementales”. Y vuelve a insistir “no hay dudas de que la aceptación generalizada y expresada es el concepto de ampliar”.

Su preocupación es encontrar una salida capitalista a una crisis capitalista extrema como la que estamos viviendo. Estas coaliciones amplias para enfrentar a los más derechistas, son a su vez cada vez más derechistas, adoptando buena parte del programa de la ultraderecha.

La clase obrera plantea una estrategia contraria. Una alianza de los oprimidos dirigida por la clase obrera para tomar el poder, para transformar la sociedad, para terminar con la barbarie capitalista en todas sus formas, un frente único antiimperialista, organizado desde las fábricas, los barrios, todos los lugares de trabajo y estudio.

(Nota de MASAS n°456)

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