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Acuerdo comercial colonial impuesto por EEUU

Argentina y EEUU firmaron el Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproco, junto a otros similares de EEUU con Ecuador, El Salvador, y Guatemala. El acuerdo es el mismo que el impuesto a los demás países.

Se trata de una integración condicionada de Argentina a los intereses de EEUU, no un acuerdo de libre comercio. No es integrada como socio estratégico, sino como proveedor confiable y disciplinado, profundizando el sometimiento, facilitando el saqueo de nuestros recursos.

Zelikovich, una especialista en Relaciones Internacionales enumeró los compromisos de uno y otro país contenidos en el acuerdo: “Obligaciones de Argentina: 113… Obligaciones de EEUU: 10 (8 de esas son mutuas con Argentina… Así que, en realidad, son 2)”. Y sintetizó: es un“Acuerdo de sumisión comercial y económica”. (citada por Curia en Perfil)

Un primer acto soberano de Argentina será desconocer este acuerdo comercial, lo que implica una ruptura con EE.UU.

EEUU interviene directamente en los asuntos del país, en la política, economía, finanzas, diplomacia, defensa, imponiendo sus prioridades, violando nuestro derecho a la autodeterminación. Trump intervino en la campaña electoral para salvar a Milei en las últimas elecciones. El gobierno de Milei hace una renuncia explícita a la soberanía nacional. EEUU actúa según sus propios intereses.

El Estado argentino conserva formalmente su bandera, su himno, su escudo, elige sus presidentes y legisladores pero en los hechos delega las decisiones estratégicas fundamentales en un poder externo. Está colonizado por EEUU.

La Cancillería es una extensión del capital financiero. Es centralizada por un funcionario del J.P. Morgan, como también el Ministerio de Economía, el Banco Central a través de su Presidente y Vicepresidente y el Secretario de Política Económica y el viceministro de Economía. Ha colonizado sectores estratégicos del Gobierno a la vista de todos.

No tienen vergüenza. Antes se ocultaba o justificaba la dependencia y el sometimiento, hoy se exhibe como virtud, como un acto de realismo. El acuerdo colonial firmado es presentado como “histórico”, “estratégico”, “civilizatorio”.

El “Acuerdo” fue impuesto en secreto con beneficios vagos y obligaciones concretas, que compromete al país hacia el futuro. Es la moneda de cambio por el apoyo electoral y financiero recibido. Busca forzar al país a alejarse de China, suma a la Argentina como aliado en su guerra comercial.

El acuerdo compromete la autonomía económica; la soberanía energética y minera; la capacidad regulatoria del Estado; la posibilidad de un desarrollo industrial.

El texto impone extensos compromisos a la Argentina en relación a la apertura de su mercado a bienes norteamericanos en materia de servicios, propiedad intelectual, economía digital, trabajo, medio ambiente, denominaciones de origen y obligaciones con terceros países (China). Sobresalen los compromisos asumidos por la Argentina con estándares, certificaciones y prácticas estadounidenses en materia de regulación, con la consiguiente pérdida o disminución de autonomía.

Argentina eliminará 221 aranceles a “máquinas, material de transporte, dispositivos médicos y productos químicos”, reducirá al 2% otros 20 productos, “principalmente autopartes”, y “otorgará cuotas para vehículos, carne y otros productos agrícolas”.

El “acuerdo” deja abierta la discusión sobre el acceso del acero y el aluminio argentino a los EEUU, a los que Trump impuso aranceles de 50%. “El Gobierno de los Estados Unidos ratificó su compromiso de revisar oportunamente”. Es una demostración de cómo se impuso rápidamente este “acuerdo” y en beneficio de quién.

En cuanto a inversiones: a través del Banco de Exportación e Importación de los EEUU (EXIM Bank) y la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo, en colaboración con el sector privado, EEUU “considerará apoyar el financiamiento de inversiones en sectores clave de Argentina”, “clave” para su propio interés.

Al mismo tiempo y tras 25 años de negociaciones, la Argentina participa del acuerdo que selló el Mercosur con la Unión Europea que se propone eliminar aranceles para más del 90% de productos y fortalecer el comercio y la inversión. Parece un límite a la ambición de Trump de consolidar América Latina, el Hemisferio Occidental, como su esfera de influencia, límite con el que parecen comprometidas la UE y Brasil, la principal economía de la región. Es un acuerdo que, si se aprueba, afectará más a la industria local que no puede competir con mercancías importadas.

Este acuerdo debe ser desconocido. El Congreso y la Jusiticia no pondrán freno a este acto de coloniaje. La clase obrera debe intervenir, con sus propios métodos de lucha, con sus organizaciones, están en juego los puestos de trabajo, la destrucción de las industrias, un fuerte bloqueo al desarrollo de las fuerzas productivas. Ninguna otra clase puede asumir la defensa de la soberanía nacional pisoteada por la burguesía. Toda la politiquería burguesa se muestra todo lo cobarde e impotente que es.

(Nota de MASAS n°498)