La prolongada guerra en Ucrania, la devastación de la Franja de Gaza, la intervención en Venezuela, la ofensiva contra Irán y los ataques al Líbano ponen de manifiesto la magnitud de la crisis mundial del capitalismo
La clase obrera, los demás trabajadores y los pueblos oprimidos se enfrentan a guerras de dominación
Emerge la necesidad histórica de superar la crisis de dirección
(POR Brasil – Editorial Massas n°762)
Persiste el estancamiento de la guerra en Ucrania, sin que se vislumbre un acuerdo para ponerle fin. El fracaso del intento de Trump de imponer un alto el fuego se debe, en gran medida, a la resistencia de la Unión Europea e Inglaterra. El gobierno y la oligarquía ucranianos no podrían sostener la guerra por más tiempo si no fuera por la divergencia entre los intereses imperialistas de Estados Unidos y los de los Estados europeos en torno a las condiciones de un acuerdo que presumiblemente implicaría un reparto del país.
El acuerdo de paz de los cementerios de Trump impuesto a la Franja de Gaza no ha sido respetado por el Estado de Israel. La explicación radica en que la oligarquía burguesa israelí aboga por la anexión territorial. Una vez establecido el vínculo entre la devastación y la ocupación de la Franja de Gaza y la ofensiva contra Hezbolá en el Líbano, Estados Unidos e Israel han ampliado la guerra a Irán.
Estados Unidos decidió también promover una guerra en América Latina, rodeando, invadiendo y secuestrando al presidente de Venezuela. El continente latinoamericano no se ha visto sacudido únicamente porque el Estado venezolano y su gobierno se han mostrado incapaces de ofrecer resistencia militar alguna. En consecuencia, la orientación militarista del imperialismo estadounidense ha aterrorizado a la burguesía y a los gobernantes latinoamericanos. Trump viene imponiendo, paso a paso, su objetivo de cortar los vínculos económicos y políticos de América Latina con China.
La guerra de Rusia con Ucrania se volvió inevitable en el momento en que el Gobierno y la oligarquía ucranianos estaban a punto de someter al país a la Unión Europea y a Estados Unidos. Este paso habría ampliado enormemente el cerco militar de la OTAN a Rusia. La reconstitución del poderío de la burguesía imperialista europea —impulsada por las contrarrevoluciones restauracionistas en Europa del Este y la incorporación de las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico — fortaleció los cimientos de la OTAN y permitió a la Unión Europea ganar terreno en las disputas territoriales que se abrieron con el proceso de restauración capitalista y la liquidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, el proceso de declive económico de Europa y las dificultades de Estados Unidos para mantener la hegemonía conquistada tras la Segunda Guerra Mundial se encuentran en la base de las guerras de dominación.
Es vital para los intereses de los monopolios industriales y del capital financiero hacerse con el control de regiones en las que aún se conservan abundantes recursos naturales, como es el caso de Eurasia, Oriente Medio, América Latina y África. La cuestión ucraniana surge de esta disputa por las fuentes de materias primas. Lo mismo se observa en los casos de Venezuela e Irán.
El ascenso de China como potencia económica, que al inicio de su proceso de restauración capitalista se presentó como un respiro ante la asfixia de Estados Unidos y Europa, acabó por situarla en el centro de la crisis mundial del capitalismo. He aquí por qué la escalada bélica en Asia Oriental no puede desvincularse del rearme europeo.
Con su gigantesca capacidad industrial, China compite con las demás potencias económicas por las fuentes de materias primas. La guerra comercial desatada en los primeros días del gobierno de Trump tiene como objetivo central combatir el avance mundial de China. Estados Unidos se encuentra en plena trayectoria de colisión con la expansión económica de la potencia asiática.
No hay forma de que Rusia pueda desvincularse de este enfrentamiento. La guerra en Ucrania y la amplia alianza imperialista que se formó al principio obligaron a Rusia y a China a mantenerse en el mismo bando de resistencia estratégica frente a la ofensiva mundial de Estados Unidos.
Los cambios de orientación de Trump respecto a Ucrania tenían y tienen como objetivo socavar las buenas relaciones entre el Estado ruso y el Estado chino. Sin embargo, no pudieron prosperar ante los desacuerdos de la Unión Europea. Desde el intervencionismo en la Franja de Gaza, Estados Unidos e Israel han ampliado el conflicto con la guerra contra Irán, agravando la crisis mundial.
Al afectar al comercio del petróleo, el gas y otros derivados, la acción del imperialismo afectó de inmediato, sobre todo, a Europa, que ya sufría las consecuencias de la guerra en Ucrania. Si esta situación se prolonga, China podría verse igualmente o más castigada. La decisión de Trump de suspender temporalmente las sanciones contra Rusia en lo que respecta al petróleo fue un síntoma de los peligros que acarreaban el bloqueo del estrecho de Ormuz y las acciones de Irán contra los países del Golfo Pérsico que mantenían y mantienen connivencia con Estados Unidos e Israel.
El imperialismo estadounidense se ha instalado en Venezuela y ha pasado a controlar abiertamente lo que queda del gobierno de Nicolás Maduro. Ha podido estrechar el cerco a Cuba, alinear a la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos y concentrar las presiones sobre Brasil, que es una potencia en recursos naturales.
Paso a paso, Trump aviva las tensiones entre Brasil y China. Derrocó al gobierno nacionalista de Venezuela para controlar el petróleo y las vastas riquezas naturales. En realidad, no solo Venezuela y Brasil se enfrentan a tal ofensiva, sino también el resto de países de América Latina. La esperanza de que la aprobación del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea contrarreste el peso de Estados Unidos y reduzca la dependencia de China, todo indica que será en vano.
Prevalecen la guerra comercial y las tendencias belicistas. El camino hacia acuerdos pacíficos se presenta extremadamente estrecho. Así lo acaba de poner de manifiesto la «IV Reunión de Alto Nivel del Foro Democracia Siempre», celebrada en España, que se mostró impotente ante las calamidades provocadas por las intervenciones y las guerras. Apenas habían concluido Lula y su séquito de ministros su peregrinación por Europa, cuando 27 Estados miembros de la Unión Europea se reunieron en Chipre para regocijarse por la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, ya que el nuevo Gobierno desbloqueó el préstamo de 90 000 millones de euros a Zelenski. Las autoridades europeas y ucranianas elaboraron un «Plan de Acción UE-Ucrania», que establece una «Cooperación en Materia de Minerales Críticos». Se planteó la posibilidad de la futura incorporación de Ucrania a la Unión Europea, lo que supondría una contribución al plan «Una Europa, un mercado». También se debatió cómo Europa alcanzará una capacidad militar propia, en caso de que Estados Unidos abandone la OTAN. Esta reunión fue una señal de la prolongación de la guerra, que ha entrado en su quinto año.
Estos acontecimientos, factores y consecuencias catastróficas ponen de manifiesto las tendencias más profundas de desintegración del capitalismo mundial y de intensificación de la barbarie social.
La resistencia de las masas es el camino para combatir la sociedad capitalista y su máxima expresión, que es la dominación imperialista. Existe una multiplicidad de manifestaciones que reflejan la condena de los explotados y los pueblos oprimidos a las guerras de dominación. Sin duda, su capacidad aún está por debajo de la magnitud de los brutales acontecimientos. Lo fundamental, sin embargo, se manifiesta en el descontento de la clase obrera y del resto de los trabajadores, que están siendo sacrificados por el desempleo, la pobreza y la miseria. La clase obrera mundial tendrá que reaccionar con unidad y mayor fuerza ante las guerras de dominación.
La vanguardia con conciencia de clase no solo comprende la gravedad de la situación, sino que trabaja en el seno de los explotados, respondiendo a cada ataque de la burguesía y avanzando en la tarea de superar la crisis de dirección. Cuenta con la amplia experiencia de la lucha de clases contra el imperialismo y las guerras de dominación. Posee los fundamentos del programa de la revolución social. En este momento, es urgente plasmar las consignas de defensa incondicional de las naciones oprimidas mediante la organización del frente único antiimperialista.
Lo que implica la lucha por el fin de la guerra en Ucrania, que establezca la unidad de la clase obrera ucraniana y rusa, que derrote la ofensiva de la OTAN contra Rusia, que conduzca a la verdadera autodeterminación del pueblo ucraniano y que exprese una paz sin anexiones conquistada mediante la lucha de clases. Lo que implica la lucha por el fin inmediato de la ocupación de la Franja de Gaza, de los ataques contra el Líbano y de la guerra contra Irán. Lo que implica la lucha por la expulsión de Estados Unidos de Venezuela y por la liberación del presidente Nicolás Maduro. Lo que implica unir a nivel local, regional y mundial a la clase obrera y al resto de los trabajadores contra las guerras de dominación, respondiendo con guerras de liberación, bajo el programa de la revolución social.
(POR Brasil – Editorial Massas n°762)
