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El programa obrero para resolver la cuestión de la vivienda

El capitalismo es incapaz de resolver los grandes problemas de las mayorías, inclusive contando con los medios técnicos y económicos para hacerlo. Por eso es un sistema decadente que debe ser destruido y reemplazado por uno nuevo, basado en la propiedad colectiva de los medios de producción.

En el caso de la vivienda la situación en nuestro país es catastrófica y se agrava año tras año. Para las nuevas generaciones el sueño de la casa propia es sencillamente una utopía y los alquileres cuestan tanto como un salario completo.

De acuerdo a los datos de la Fundación Tejido Urbano hay 230.000 viviendas que incluyen a más de una familia, 372.000 hogares hacinados y 510.000 hogares que no cuentan con condiciones mínimas y no pueden ser reparados. Para resolver este problema urgente es necesario establecer, como mínimo, un Plan Quinquenal que se proponga la construcción de 1 millón de viviendas en 5 años.

Hay por lo menos 1.000.000 de hogares sin piso, agua o baño interno. Estas viviendas pueden ser puestas en condiciones si la población tiene trabajo y acceso a créditos hipotecarios que no excedan el 10% de los ingresos. Se debe multiplicar por 5, como mínimo, la cantidad de planes hipotecarios para resolver esta situación en 5 años, lo que exige la expropiación de todos los bancos privados que no sirven para nada y el establecimiento del monopolio estatal de la banca.

Una de las expresiones más salvajes de la barbarie capitalista es que 25 millones de personas no acceden al menos a uno de los tres servicios básicos (agua, cloaca, gas de red). Es urgente la puesta en pie de un Plan de Obras Públicas para garantizar el acceso a los servicios básicos a toda la población, que aún a un ritmo de 1 millón de viviendas por año, llevaría más de 5 años resolver.

Hay 5.400.000 hogares con peligro de desalojo. Esta situación puede ser resuelta de un plumazo por un gobierno revolucionario que no se detenga frente a la sagrada propiedad privada, expropiando los terrenos y entregando los títulos de propiedad a quienes viven allí.

Por último, hay 3.300.000 hogares que alquilan, con precios que rondan (y muchas veces superan) el millón de pesos. Sin dudas un plan como el que acabamos de describir tiraría abajo el precio de las viviendas al abaratar los costos de producción con un plan sistemático de construcción de cientos de miles de viviendas por año por un lado, y al terminar con la escasez de las mismas. Combinado con la estatización de la banca, es posible entregar créditos hipotecarios que no superen el 20% de los ingresos para garantizar el acceso a la propiedad.

Este plan, perfectamente realizable, choca con los intereses de la clase dominante. Exige la puesta en pie de una planificación económica basada en una empresa estatal de construcción y en planes de obras públicas a gran escala para garantizar los servicios básicos. Requiere la estatización de la banca y la apropiación de toda la renta agraria, minera y petrolera para ponerla al servicio del desarrollo de la industria y de las necesidades de la mayoría. No lo hará un gobierno burgués salido de las urnas, solo la movilización revolucionaria de la clase obrera y del conjunto de los trabajadores oprimidos puede imponerlo.

(Nota de MASAS n°502)