El ejemplo de Bolivia para el resto de América Latina ¿Cómo hacemos responder de la misma forma en nuestros países?
Las imágenes de la rebelión produjeron enormes muestras de simpatía y solidaridad en el resto de los países de América Latina. Muchos se asombraban por la radicalidad de sus métodos de lucha, por la claridad en sus planteamientos, por su conciencia clase. Y a la vez, también se lamentaban por no tener un movimiento de esas características en sus respectivos países.
Los grandes medios de comunicación venían omitiendo las luchas contra el gobierno de Rodrigo Paz; casi no habían mencionado la lucha contra el Decreto Supremo 5503 que comenzó a fin del año pasado. Sin embargo, las recientes movilizaciones rompieron el cerco mediático haciéndose eco en el resto de los países, incluida la Argentina.
Sucede que en el resto de América Latina se siente de igual forma la política de ajuste llevada adelante por el imperialismo, imponiendo sus programas económicos de miseria, avanzando sobre sus comunidades, entregando los recursos naturales, pisoteando la soberanía.
La pregunta que muchos se hacen es por qué en Bolivia existe un movimiento de estas características y en nuestros países no. La respuesta hay que buscarla en la presencia de clase obrera en la historia de la lucha de clases en el país, y en particular de su sector minero. Esa presencia influyó en el resto de los sectores sociales de Bolivia. La centralización y dirección de la C.O.B. en manos de los mineros moldea las características del resto de las organizaciones sindicales, tanto de obreros, como de campesinos y de clases medias.
A su vez cabe señalar que esa presencia no cayó del cielo o por arte de magia. Fue la intervención de los revolucionarios que transformó a su vanguardia, llegando los obreros a aprobar la Tesis de Pulacayo de 1946, uno de los documentos políticos más famosos del país.
La Tesis de Pulacayo señala: “El proletariado boliviano, por su extrema juventud e incomparable vigor, por haber permanecido casi virgen en el aspecto político, por no tener tradiciones de parlamentarismo y colaboracionismo clasista y, en fin, por actuar en un país en el que la lucha de clases adquiere extrema beligerancia, decimos que por todo esto el proletariado boliviano ha podido convertirse en uno de los más radicales. Respondemos a los reformistas y a los vendidos a la rosca que un proletariado de tal calidad exige reivindicaciones revolucionarias y una temeraria audacia en la lucha”.
La lucha de la clase obrera llegó a su punto culminante en 1971 con la puesta en pie de la Asamblea Popular, órgano soviético que se proyectaba hacia la toma del poder, experiencia cortada por el golpe fascista de Banzer.
Correspondió en gran medida a la corriente trotskista, el POR, la tarea de concientizar a la clase obrera, de ligarla a sus métodos y su programa revolucionario, esto es la tarea de transformar la “clase en sí” en “clase para sí”. Hoy en día el POR de Bolivia batalla duramente para sostener el legado revolucionario, en contra de posiciones reformistas y posmodernistas que buscan destruir esa tradición; queriendo reemplazar a la clase obrera por otros sectores sociales, buscando subordinar la lucha al nacionalismo burgués o bien tratando de sumarse a alguna nueva experiencia electoralista.
Saludamos las muestras de apoyo en todos los países a la lucha de los oprimidos de Bolivia. El POR y el CERCI toman en sus manos la tarea de difundir la experiencia de la lucha de clases en Bolivia y organizar la solidaridad con su pueblo. El camino para enfrentar a las políticas imperialistas tendrá sin dudas sus propias particularidades en cada país. ¡Organicémonos para expulsar al imperialismo de toda América Latina!
(Nota de MASAS n°503)
