Bolivia: ¿Qué significó la movilización de los 52 días de bloqueo de caminos?
El gran perdedor es el gobierno totalmente repudiado por la población. La lucha se detuvo por el cansancio de los bloqueadores, antes que por el Estado de Excepción dictado por el gobierno.
Las masas no salieron derrotadas de este conflicto, sus banderas siguen intactas y flameando. Para los sublevados solamente se trata de un cuarto intermedio anunciando su retorno a los caminos y a las calles en una próxima oportunidad que piensan será la definitiva para derrotar al gobierno de Rodrigo Paz. No hubo una derrota física que hubiera significado una masacre descomunal, tampoco una derrota política lo que implicaría el abandono de su posición y propósito de derrotar la política vendepatria, entreguista y hambreadora del gobierno.
El problema nacional de sometimiento por más de 500 años a las naciones originarias ocupó el centro en la disputa del conflicto. Se trató de una rebelión indígena aymara, la más importante en décadas, que no planteó reivindicaciones económicas concretas de sector, sino que buscó, en sus palabras, su autodeterminación como nación aymara principalmente. La terca lucha tuvo como raíz la situación de pobreza en las áreas rurales no resueltas en 40 años de neoliberalismo y masismo proburgués agravada por el último incremento del precio de los carburantes. Como también por sentirse traicionados por el candidato al que las zonas rurales y periurbanas le dieron su voto por considerarlo el “mal menor” para evitar que el K’ara Tuto Quiroga sea presidente, y no le perdonan que ahora gobierne para los ricos en contra de los pobres como denunciaron.
La contradicción fundamental en este conflicto se expresó a través del enfrentamiento entre la nación opresora con un gobierno representante de los empresarios y del imperialismo norteamericano, y la nación oprimida decididos a derrotar al presidente. Y no así entre el gobierno y los “conspiradores narcoterroristas” como nos han querido hacer tragar el cuento. El gobierno promovió la figura de Evo Morales para atribuirle ser el causante del estallido social. Este impostor está muerto políticamente ante los ojos de las grandes mayorías, es un zombi insepulto que se cuelga de cada conflicto social que aparece para seguir con sus pretensiones presidencialistas. Su arrastre se ve limitado a sectores como el Chapare
y algunos sectores del altiplano del occidente.
La limitación del movimiento estuvo en que campesinos indígenas que dirigieron la larga lucha, no pudieron ofrecer una perspectiva a las masas sublevadas más que la sucesión constitucional o una nueva elección presidencial, lo que no convenció a los pobres de las ciudades que buscaban principalmente la solución a la crisis económica.
Los campesinos no comprenden que es necesario acabar con la gran propiedad privada capitalista y su Estado burgués para materializar la autodeterminación de las naciones originarias. Las consignas estratégicas de “Revolución social para expulsar a toda la clase dominante del poder y no solamente a Rodrigo Paz”, “Hacia un Gobierno Obrero Campesino”, “Asamblea Popular como en 1971”, lanzadas por el Partido Obrero Revolucionario desde el cabildo cobista del primero de mayo, pero que no fueron tomadas como suyas por los movilizados del campo ni de las ciudades.
Argollo cabeza de la burocracia sindical a la cabeza de la COB, enfangado en su posición política democratizante burguesa y respetuosa de la gran propiedad privada que detenta la clase dominante y las transnacionales, no planteó una respuesta revolucionaria a la crisis económica y una perspectiva de poder para sustituir a la incapaz burguesía nativa blancoide. El proletariado, fundamentalmente minero, no puede recuperar hasta la fecha, su identidad política y reencontrarse con sus tesis revolucionarias de Pulacayo de 1946 y de la COB del congreso de 1970. Crisis ideológica que se arrastra desde el golpe de Estado de 1971 y profundizada por 20 años de estatización de los sindicatos por los impostores falsos socialista del MAS.
También los campesinos comprobaron que solos no pueden hacer una revolución, necesitan de los explotados de las ciudades, mineros, fabriles y demás clases medias oprimidas, también quedó claro que sin la participación de las masas campesinas originarias no se puede pensar en una victoria sobre la clase opresora. Los intentos por materializar la Alianza Obrero Campesina en esta lucha se proyectarán en el futuro como así también la necesidad de estructurar el Frente Revolucionario Antiimperialista que dirija políticamente el proceso revolucionario que madura.
(POR Bolivia – Masas No. 2888)
