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Milei cipayo está transformando al país en una colonia del capital financiero

El proyecto de Ley de Extranjerización de la Tierra es un nuevo atentado a la soberanía, pretende eliminar los límites a la compra de tierras rurales para extranjeros que actualmente es el 15% del territorio. Los capitales extranjeros ya poseen alrededor del 5% (13 millones de hectáreas, en algunos departamentos la extranjerización ya supera el 40 % o el 50 %). Podrán comprar todo el territorio que quieran, comprar en áreas de frontera y tierras que concentren reservas estratégicas.

El Gobierno también busca modificar el régimen de expropiaciones al restringir el concepto de “utilidad pública” y elevar las indemnizaciones para dificultar que futuros gobiernos recuperen activos estratégicos. Para dar así la máxima “seguridad jurídica” a la voracidad capitalista.

La iniciativa, además, habilita los desalojos exprés, permitiendo que un juez ordene la restitución inmediata de un inmueble sin esperar una sentencia definitiva.

Y modifica la Ley de Manejo del Fuego desmantelando las protecciones sobre los bosques nativos y las tierras arrasadas por el fuego. Una protección de las tierras de aquellos bosques incendiados a propósito para impedir que se realice algún tipo de explotación sobre esas tierras, impidiendo la especulación inmobiliaria.

El Gobierno dice que defiende el derecho de propiedad sin aclarar que defiende la propiedad de los intereses extranjeros, saqueadores, no la propiedad de la Nación. El gobierno colonial renuncia abiertamente a defender nuestros intereses.

¡No queremos ser una colonia! La tierra en manos de los terratenientes ha sido el vehículo de la dominación extranjera, por eso las grandes extensiones de tierra productiva tienen que ser estatizadas, y la renta agraria, que financió tantas dictaduras y genocidas, estar puesta al servicio del desarrollo de la industria.

Que el gobierno tenga que retroceder en sus intenciones es producto de la voluntad de lucha de las masas; que a pesar de que la burocracia sindical no convoquen a un paro igual se movilizan. Hay que imponerle a las centrales sindicales y sindicatos un plan de lucha que defienda los derechos de los trabajadores, los recursos naturales y la soberanía nacional.

Defender la soberanía poniendo en pie el frente único antiimperialista bajo la dirección de la clase obrera

La cuestión de las Islas Malvinas refleja la política pro-imperialista del gobierno. Acompañando la prohibición de levantar el reclamo en el mundial; respondiendo tarde ante el buque de guerra británico que ingresó al Mar Argentino; no haciendo nada frente al multimillonario proyecto petrolero “cuenca León Marino” entregado a  la empresa israelí Navitas Petroleum y a la británica Rockhopper Exploration. 

A su vez recibe sumisamente a la jefa del FMI y la hace encabezar la reunión de Gabinete. Vienen a acordar con el gobierno nacional y los gobiernos provinciales como terminan de ejecutar el saqueo del país; cómo siguen ajustando.

Por otro lado el Gobierno acelera y consolida la apertura importadora. Elimina la protección de la industria local dejando de penalizar la competencia desleal externa destruyendo la industria nacional.  No solo no hay mejora en la economía, será mucho peor. Según el Observatorio de Pymes “la industria dejará medio millón de trabajadores sin empleo y cerrará hasta 40.000 empresas en 2026.”

Las direcciones sindicales están paralizadas frente a la ausencia de oposición burguesa. Su política conciliadora es un fracaso total para los trabajadores. La respuesta necesaria es hoy, derrotar la dictadura civil de Milei es hoy. Debemos detener el curso destructivo de este régimen. Estamos viviendo una catástrofe social insoportable.

La clase obrera debe formular su propio programa que vincule la lucha inmediata por salarios y jubilación, contra toda forma de precarización, contra el cierre de las empresas, por los presupuestos para salud y educación, para obra pública, romper con el FMI y su programa, desconocer toda la deuda externa y la deuda interna parasitaria, etc.

Tenemos que levantar la estrategia de la revolución social, sólo por esta vía la clase obrera y las masas oprimidas, la gran mayoría, pueden tomar el poder y ordenar todos los recursos de la economía, planificándola para resolver todos los problemas, sólo por esta vía las masas conquistarán por primera vez la democracia.